domingo, abril 30, 2006

Bailando ...


Powered by Castpost
Nota: Para ambientar el relato, la idea es leerlo con la música de fondo.


Tres hombres...
Tres mujeres...
Sus nombres no importan.
No eran más que seis almas solitarias en busca de compañía.
Ninguno de los seis había encontrado aún su alma gemela.
A sus treinta y tantos años, ya habían pasado por varias relaciones fallidas.
Conforme pasaban los años, los seis se preguntaban cada vez con más frecuencia si su destino sería envejecer solos.
Los seis eran más o menos bien parecidos, tenían carreras exitosas, buenos trabajos, muchos amigos. Casados y con hijos la mayoría, lo que les impedía cada vez con mayor frecuencia, salir con ellos a divertirse.
Precisamente esa era la razón por la que hoy habían ido solos hasta ese lugar.
- ¡ Hay buen ambiente!- Les habían dicho.
Y como "de pasada", les habían comentado también, que los viernes iban muchos solteros.
Siempre pasaba lo mismo. Sus amigos y familiares parecían estar empeñados en conseguirles pareja, sin importar cuántas veces les dijeran que no había ninguna prisa, que ya llegaría la persona indicada para ellos, su alma gemela.
- ¡ Eso no existe !-, era la respuesta que siempre recibían, - ¡ Ya deja de soñar!-.
Pero ellos seguían soñando...



La música empezó a sonar.
Los tres hombres barrieron el salón con la mirada, buscando alguna mujer que pareciera estar sola, para invitarla a bailar.
Las tres mujeres barrieron el salón con la mirada, buscando algún hombre que pareciera estar buscando a quién invitar a bailar.
De pronto, las miradas de los tres hombres y las tres mujeres se cruzaron.
La de cada uno de ellos con la de cada una de ellas.
Los tres hombres hicieron una seña con la cabeza, como diciendo: ¿ vamos ?.
Las tres mujeres asintieron, también con la cabeza.
Y se dirigieron a la pista.
Tres hombres, tres mujeres, tres parejas.

La personalidad de cada uno de los tres hombres, salió a flote con los primeros compases.
Uno era bastante tímido y retraído. Respetuoso, se decía él.
Otro era bastante extrovertido, confianzudo y medio borrachón. Alegre, se decía él.
El otro era conversador, un poco presumido y lascivo. Galán, se decía él.

La personalidad de cada una de las tres mujeres, salió a flote con los primeros compases.
Una era extrovertida, ardiente y un poco promiscua. Aventada, se decía ella.
Otra era tímida, prejuiciosa y un poco aburrida. Seria, se decía ella.
La otra era apasionada, soñadora y un poco ingenua. Romántica, se decía ella.
Conforme fué avanzando la noche, el futuro de las tres parejas se fué definiendo.
Por cuestiones del destino, el respetuoso hizo pareja con la aventada, el alegre con la seria y el galán con la romántica.
La pista se convirtió en escenario de tres historias diferentes...

El tímido sudaba y sufría al sentir, cómo la aventada repegaba su cuerpo al de él, cada vez con más fuerza y descaro, mientras lo veía directamente a los ojos y se humedecía los labios como invitándolo a besarla.
Pero, ¿ Y si solo era su imaginación?, ¿ Qué tal si intentaba besarla y ella se molestaba y lo aventaba, o peor aún, si lo cacheteaba delante de todos?, no, mejor se esperaría hasta estar completamente seguro de si realmente aquéllo era una insinuación ó solo un tic nervioso que ella tenía ...

La aventada, por su parte, pensaba en qué más hacer para que el respetuoso se animara a hacer algún avance, alguna invitación, o, cuando menos, una insinuación que, por supuesto, ella aceptaría de inmediato, ya que su naturaleza ardiente, se había despertado con el roce continuo de su cuerpo contra el de él. Ya se había cansado de hacer fuerza para repegársele lo más que podía, sin importarle los pisotones que sin querer él le había dado, por lo difícil que era bailar así, tan pegados, ya se había mojado los labios con sensualidad, ya lo había visto a los ojos durante tanto tiempo, que una lagaña que él traía en el ojo izquierdo, ya le parecía familiar.
Entonces se le ocurrió que, tal vez si le soplaba suavemente en el cuello, él ya no podría resistirse más, así que lo hizo, pero, grande fué su sorpresa cuando él, en lugar de avanzar, retrocedió, empujándola ligeramente hacia atrás, mientras alejaba su cabeza de la de ella, ¿ tendré mal aliento?, se preguntó...


El alegre traía a la seria, dando vueltas por toda la pista, ya haciéndola girar como perinola, ya apretándola con fuerza tal que casi le sacaba el aire de los pulmones,sacando a relucir sus mejores pasos de baile, que en lugar de causar admiración, causaban risa, ya que, a causa de los tragos que se había metido entre pecho y espalda, se tambaleaba de tal forma que casi perdía el equilibrio, con el consiguiente peligro de arrastrar con él en su caída, a la seria, que sólo atinaba a tratar de seguirle el paso, sintiendo que todas las miradas estaban fijas en ellos...

La seria, por su parte, sentía que se moría de la verguenza, pero no se animaba a irse a sentar y dejarlo bailando solo, - me vería más ridícula -, pensaba. - Ojalá se canse pronto y quiera descansar, así, en un descuido me le pierdo y me voy a mi casa. No sé en qué estaba pensando cuando se me ocurrió venir a éste tugurio yo sola, ahorita estaría tranquilamente en mi cama, viendo la televisión y acariciando a Fifí (su gato ), pero no, tenía que hacerle caso a mi prima, total, ahora a ver cómo le hago para zafarme de éste apestoso imbécil - ...



El galán se sentía más y más galán conforme seguía bailando con la romántica. Ella parecía realmente interesada en él, escuchaba embelesada cuanta tontería le decía, incluso sonreía y entornaba los ojitos cuando él le cantaba al oído algún fragmento de la canción que estaban bailando, aunque cantara con la gracia y entonación de un ratón atrapado en una ratonera. Además, no parecía molestarle cuando, "accidentalmente ", la mano con que la tomaba de la cintura, resbalaba hacia abajo, posándose donde la espalda pierde su nombre, simplemente la dejaba ahí unos segundos y después ella misma se la volvía a acomodar en la cintura, al tiempo que le guiñaba un ojo. - ¡ Qué bárbaro, la traigo muerta !- pensaba- , ¡ soy todo un Don Juan !...

La romántica, por su parte, se sentía la protagonista de un cuento de hadas; el galán, el baile, su vestido nuevo, sus zapatos nuevos también, todo le parecía perfecto. Ni siquiera el calor,el humo de cigarro, los aventones que de vez en vez recibían,ni el dolor de un callo que tenía en el dedo gordo del pié derecho, podían arruinarle el momento aquél, en que parecía que bailaba entre nubes, abrazada a su príncipe azul, un poco chaparro, manilargo y sin los ojos azules que ella hubiera deseado que tuviera, pero bueno, nada en la vida era perfecto. Le subió la mano al galán una vez más y suspiró, pensando en la cara que pondrían sus amigas cuando les contara que por fin el amor había tocado a su puerta...

El baile terminó en punto de las cuatro de la mañana...

El tímido seguía sentado en su mesa esperando a la aventada desde hacía ya hora y media, cuando le dijo, - no me tardo, voy al baño - ...

La aventada se había cansado de intentar hacerle entender al tímido que estaba interesada en él y hacía casi una hora que se había ido, con un aventado como ella, que en dos minutos la convenció de pasar la noche con él en su departamento ...

El alegre no supo ni en qué momento se quedó solo, solamente recordaba haberle dicho a la seria que iba a la barra por un par de tragos y cuando volvió, la mesa estaba vacía, así que se sentó a tomar solo, mientras se preguntaba qué era lo que había hecho mal, para que la seria se fuera así, sin despedirse ... - ¡ Bah !- , dijo para sí mismo, - Seguramente es otra de esas amargadas que me ha tocado conocer últimamente - . Se consoló tomándose otra copa y pidió otra más para llevar ...

La seria aprovechó cuando el alegre fué por los tragos, para salir de ahí casi corriendo en busca de un taxi que la llevara a la tranquilidad de su casa, donde no la esperaba nadie más que Fifí, su gata. - Bueno, peor sería estar completamente sola -, pensó, mientras se acordaba de la verguenza tan grande que acababa de pasar. Jamás volvería a ese lugar, no fuera a ser que alguien la reconociera como la pareja del borracho payaso aquél. Se estremeció solo de imaginarlo...

El galán y la romántica salieron del salón, tomados de la mano, mirándose a los ojos, sonriendo y sintiéndose afortunados de haberse conocido, de haberse encontrado, de haber coincidido en ese espacio lleno de ilusiones, calor, decepciones, humo, pasión, sudor y luces de neón...

Así, juntos, se fueron caminando calle abajo, mientras la luna en cuarto creciente, se ruborizaba al ser testigo de los besos y caricias que anunciaban el preámbulo de una noche de pasión entre un hombre y una mujer, que se enamoraron bailando...







jueves, abril 20, 2006

La Búsqueda...


Powered by Castpost


Hace calor...
Mucho calor...
No sé dónde estoy...
No conozco éste lugar...
El paisaje es extraño...
Árido, desolado, hostil...

De pronto siento su presencia...
No la veo, pero sé que está aquí, en alguna parte...
Debo buscarla, debo hacerlo...
¿ Por qué habrá venido a éste extraño lugar?...
¿ Por qué he venido yo?...
¿ Para qué?...
¡ Ah sí !, ¡ He venido a buscarla !...
Una vez más...

Me siento muy cansado...
Ya la he buscado por tanto tiempo...
Quisiera descansar un poco...
Pero no, no puedo, no debo...
No podré descansar hasta encontrarla...
Ya ni siquiera recuerdo desde hace cuánto la busco...
Ya hace bastante tiempo...
Demasiado, diría yo...
Pero debo seguir buscando...

Empiezo a caminar por la orilla de un arroyo que lleva agua caliente, muy caliente...
El vapor que emana me golpea en el rostro...
El calor es intenso...
No puedo caminar bien...
No hay camino, ni una senda, ni un rastro, nada...
Solo rocas...
Rocas y cactus...
Y arbustos, y hierbas, pero todo está seco, muy seco...
Creo que el agua caliente no les sirve a las plantas...
No hay un solo árbol a la sombra del cual guarecerse...
Estoy sediento...
Sediento y cansado...
Pero debo seguir buscando...

Sigo caminando...
A lo lejos veo un pequeño lago...
Sí, es un lago...
Pero...
El agua...
Es obscura, rojiza, extraña...
Todo aquí es extraño...
Muy extraño...
No sé si es de día ó de noche...
Parece ser de día, pero...
Veo la luna...
Sí, es la luna la que se refleja en el lago extraño...
La luna misma es extraña también...
Ya no sé qué pensar...
Ya no puedo pensar...
No debo pensar, debo buscar...
Debo seguir buscando...
Debo encontrarla...
Tengo que encontrarla...
El vacío que dejó en mi alma es enorme...
Y duele...
Duele mucho...
Ya no quiero que duela...
Es un dolor sofocante, duro, frío...
Hace tanto que lo tengo que casi me he acostumbrado a él...
Tengo que sentarme un momento...
Allá, sobre aquél árbol caído...
Ojalá no hiciera tanto calor...

Sentado aquí vuelvo a sentir su presencia...
Me llama...
Me está llamando...
Quiere que vaya con ella...
Quiere que estemos juntos otra vez...
Como antes...
Como siempre...
Busca el camino, me parece escucharla decir...
El camino...
Debo hallar el camino...
Pero, ¿Cúal camino, si aquí no hay nada más que cactus, rocas, hierbas y arbustos secos?...
Debo seguir buscando...
Debo seguir buscando...

De pronto lo veo...
¡ El camino !, ¡ Por fin encontré el camino !...
Debe ser ese, es el único que se ve por aquí...
Llego hasta él y la vuelvo a sentir... Casi la escucho decir : ¡ Es por ahí !, ¡ Ese es el camino!...
¿ A dónde conducirá ?...
Eso no importa, siempre y cuando ella esté al final...
Y estará...
Lo presiento...
¡ Sí !, ¡ Ahí estaré !, casi la escucho decir...
Eso es suficiente para empezar a caminar por él...
Sigue haciendo calor, mucho calor...
Sigo teniendo sed...
Sigo sintiéndome muy cansado...
¡ Debes seguir !, ¡ Debes seguir !, casi la escucho decir...
¡ Camina hacia la luz !, ¡ Hacia la luz !, ¡ Ahí estaré esperando !, casi la escucho decir...
Hacia la luz voy...
Hacia allá voy...
Por fin podré descansar...
Mi búsqueda ha terminado...
Voy hacia la luz...
A cada paso que doy siento su presencia con más intensidad...
Ya casi puedo ver el final del camino...
¡ Sigue, sigue ! , ¡ Ya casi llegas !, ¡ Camina hacia la luz !, casi la escucho decir...
La luz está cada vez más cerca...
Ya casi llego...
Ya casi...
Unos pasos más y ya...
Yaaa...

De pronto, el suelo se hunde bajo mis pies...
Siento que voy cayendo...
La obscuridad lo envuelve todo...
Ese color extraño se ha ido...
Ella se ha ido...
Siento un fuerte golpe en la frente...
He chocado contra algo duro...
Y frío...
Levanto un poco la cabeza y la sacudo con fuerza...
Aprieto los ojos...
Poco a poco los voy abriendo...
¿ Dónde estaré ahora?...
Lo que veo me parece familiar...
Eso de allá arriba es una cama, mi cama...
Arriba y a la derecha está mi buró...
Y sobre él un reloj despertador, un vaso con agua y una lámpara...
¡ Una lámpara !, ¡ La Luz !, ¡ Esa era la luz !...

Las lágrimas inundan mis ojos...
¡ Estaba tan cerca ! ...
¡ Tan cerca de volver a estar con ella !...
¡ Tan cerca de terminar la búsqueda !...


Ya llegará el día en que volvamos a estar juntos...
Ten paciencia, sigue buscándome dentro de tu carazón, casi la escucho decir...






domingo, abril 09, 2006

Naufragio...

¿ Y Juanito, dónde está ?
- Nadie contestó -
¡ Juanitoooo !
¡ Juaaaann !
¿ Nadie vió para dónde se fué Juanito?
- Unos cuantos negaron con la cabeza- .
El resto de la gente continuó rezando el Santo Rosario...
El velorio de Ezequiel había empezado hacía ya cuatro horas, a las dos y treinta de la tarde, más o menos, que fué cuando por fin lograron encontrar su cuerpo.
La noche anterior, alrededor de las diez, dejó la casa de su compadre Julián, donde habían estado bebiendo desde el mediodía. Empezaron con cerveza, pero después de un rato, Ezequiel sacó una botella de tequila que traía en el morral. Pa'l desempance, dijo, mientras servía una buena cantidad en dos vasos que Julían había traído de la cocina, con una velocidad inusual en él, sobre todo cuando se trataba de trabajar.
¡ Salú compadre ! , ¡ Hasta verle el fondo ! - dijo Ezequiel -
¡ Salú ! , ¡ Y vieja el que haga gestos ! - contestó Julián -
- ¡ Clinck ! -, sonaron los vasos al chocarlos para rematar el brindis mientras los dos reían de la ocurrencia de Julián.
Las bromas, la plática y los brindis siguieron toda la tarde. Se terminó la botella y mandaron a Luli y a Techi, las hijas de Julián, a comprar otra, a la tienda de doña Lola, la del barrio de abajo.
Cuando también esa quedó vacía, Julián recordó que Josefa, su mujer, tenía un frasco con alcohol que usaba para curar los raspones y cortadas que los niños se hacían de cuando en cuando.
Aquí tá éste menjurje compadre, vamos dándole también, al cabo que veneno que no mata, engorda, ¿ qué no ?.
Dirá bien compadre, - contestó Ezequiel - , los hombres tomamos lo que sea, nomás que apendeje.
¡ Ja, ja, ja, ja, ! - Rieron los dos - .
Así pasaron las horas.
A las nueve de la noche, Josefa les llevó unos tacos de arroz y de frijoles refritos, junto con una salsa, - con harto chile, pá que se les baje la borrachera, pensó - y cuatro pescaditos dorados, pescados ese mismo día en la laguna, a la orilla de la cual vivían.
Órale compadre, dos pa' cada uno - dijo Julián - .
- Pero Ezequiel hizo a un lado el plato que Julián le acercó - No, compadre, gracias , como que ya me enfadé de comer pescado, además, estoy bien enchilado, creo que mi comadre estaba enojada cuando hizo la salsa, ¡ ay hijo e' su ! . Mejor digamos salú a ver si se me quita.
¡ Salú ! - contestó Julián mientras con la manga de la camisa se limpiaba la nariz, que no paraba de escurrirle - .
Bueno compadre, creo que ya me voy - dijo Ezequiel - orita que ví los pescados me acordé que mi vieja me dijo que le encargaron veinte pa' mañana temprano y no he sacado ni uno, así que orita voy a agarrar la lancha y en un ratito los saco, pa' no quedar mal , si no , ya no nos vuelven a encargar y pos, ya vé que deso vivemos.
¡ Pero cómo se va a meter a remar orita compadre, es peligroso, además, anda todo mareado ! - dijo Josefa -
No comadre, peligroso es que llegue yo a la casa sin los mentados pescados, capaz que su comadre me medio mata - dijo Ezequiel con una sonrisa -, al cabo que pronto los saco, no más son veinte.
¡ A ver viejo, acompaña al compadre ! , ¡ Ándale, párate ! , pá que no se vaya solo.
No comadre, en serio, gracias pero yo puedo solo. No compadre, no se levante, o bueno, mejor sí, pero pá que ya se vaya a dormir, ai nos veremos mañana.
Y mientras se despedía de sus compadres, Ezequiel se encaminó hacia la orilla de la laguna, por donde tenía amarrada a " Selene ", su lancha.
El nombre lo había escuchado ahí mismo, en la laguna, cuando un visitante había llamado así a su hermosa acompañante y como la mujer le había gustado, le puso su nombre a su lancha para así acordarse de ella cada vez que saliera a pescar.
Precisamente en ella estaba pensando mientras se preparaba para entrar a la obscura laguna y así siguió mientras se dirigía hacia una zona donde sabía que abundaban los peces.
Estaba muy adentro, pero ahí tenía más posibilidades de encontrar suficientes animales para poder regresar pronto.
Por fin llegó al lugar que buscaba. Empezó a desenrrollar su tarraya, se la acomodó semi-extendida sobre el brazo derecho, tomó impulso y la lanzó con fuerza.
¡ Plash ! ...
El ruido del agua al ser golpeada, fué bastante más fuerte del que haría una simple tarraya.
Al lanzarla, Ezequiel, bastante mareado por la cantidad de alcohol que había tomado, perdió el equilibrio y cayó junto con ella al agua.
Después de eso, todo quedó en silencio, la superficie del agua volvió a parecer un espejo, no soplaba ni siquiera una leve brisa, nada , todo estaba en calma.
Mientras tanto, el cuerpo de Ezequiel se hundía poco a poco. No hizo el menor esfuerzo por salir.
En cuanto cayó al agua notó que sus pies se habían enredado en la tarraya impidiéndole moverlos.
Se ahogó casi instantáneamente...
Al día siguiente, otros pescadores encontraron a " Selene " a la deriva , sin rastro alguno de Ezequiel.
Empezaron la búsqueda del cuerpo y los preparativos del velorio.
Todos los vecinos llegaron a darle el pésame a Cuca, su mujer, que no paraba de llorar, trataban de consolarla, de calmarla, de hacer que se tomara un té de tila para los nervios.
Pero nadie se había acordado de Juanito; Juanelo, como lo llamaba su padre. Ese padre que ya no estaría más con él, que ya no podría cumplir su promesa de enseñarle a pescar cuando cumpliera ocho años, el próximo mes.
Las lágrimas corrían por sus mejillas incontrolablemente y le daba coraje, él no quería llorar, ahora era el hombre de la casa, ahora sería él el que iría a pescar, ya le pediría a alguien que le enseñara; tal vez a Julián, su padrino.
De pronto, un pensamiento cruzó por su mente, causando que se le helara la sangre.
¿ Y si él también se caía al agua y se ahogaba ? , ¿ Quién iba a cuidar de su mamá y Andrea, su hermanita de dos años ?
Estuvo un buen rato pensando en ello, hasta que tuvo una gran idea.
Fué hasta donde su padre amarraba a " Selene ". Ahí estaba. Los que la encontraron la habían dejado en su lugar de siempre. La estuvo mirando por largo rato, recordando cuando su padre se alejaba en ella mientras le decía adiós con una mano, para luego mostrarle las dos, con ocho de sus dedos extendidos para que él supiera que no se había olvidado de su promesa.
Las lágrimas regresaron. Juanito las dejó correr, al cabo ya sabía lo que debía hacer...

¡ Juanitooooo ! , ¿ Dónde estará ese pobrecito niño ?.
¡ Doña Lupe ! , ¡ Doña Lupe ! , ¿ Busca usted a su nieto ? . - Le preguntó una muchacha que iba a las tortillas -
¡ Sí mija, sí ! , ¿ Tú sabes dónde está? .
¡Lo acabo de ver allá en la orilla, onde está la lancha de Don Ezequiel !, que en Paz descanse.
¡ Gracias mija, muchas gracias ! .
Doña Lupe, madre de Cuca, la mamá de Juanito, apuró el paso lo más que sus sesenta y cinco años le permitían. Quería llegar cuanto antes a donde le habían dicho que estaba su nieto. Temía que el niño, en medio de su dolor, hiciera una locura.
¡ Ni lo mande Dios !, pensó en voz alta al tiempo que se estremecía, al imaginarse a su nieto haciendo lo que ella estaba temiendo.
Por fin lo vió. Juanito estaba sentado sobre una piedra, en la orilla, a un lado de la lancha, completamente a salvo.
¡ Gracias a Dios ! , dijo mientras se persinaba y se acercaba hasta él , ya más tranquila.
En cuanto el niño la vió, se arrojó en sus brazos bañado en llanto.
¡ Abuelita, abuelita , mi papá se murió !, le decía entre sollozos mientras se apretaba contra ella buscando consuelo.
Así es la vida, mijito, así es la vida,- le decía ella mientras le acariciaba la cabeza y hacía un gran esfuerzo para no llorar - tu papá se nos fué al cielo y no podemos hacer nada más que pedirle a Dios que lo lleve con él para que desde allá te cuide a tí, a tu hermanita y a tu mamá.
Pero tú debes ser fuerte. Ahora eres el hombrecito de la casa, dentro de poco ya podrás ir a pescar para ayudar a tu mami.
¡ No abuelita, no ! - casi gritó el niño - , ¡ yo no voy a pescar !, ¡no quiero dejar solas a mi mamá y a la nena, si yo también me ahogo ! , ¡ por eso le hice muchos agujeros a la lancha, para que se hunda y no vuelva a llevar a nadie a la laguna para que se caiga y se ahogue como mi papá !.
Al escuchar aquello, doña Lupe ya no pudo aguantar más las lágrimas, abrazó con más fuerza a su nieto y sin decir nada, se quedó viendo junto con él, como la lancha se ladeaba y empezaba a hundirse, poco a poco, hasta tocar el fondo...
De algún modo se las arreglarían...





lunes, abril 03, 2006

Hoy encendí una vela...

Hoy encendí una vela...

Para pensar en tí...

Como tantas otras veces,estoy aquí sentado en la obscuridad,mirando fijamente el resplandor de la flama,que parece danzar al ritmo de mis recuerdos,moviéndose de un lado a otro,como si quisiera desprenderse del pabilo donde se encuentra prisionera,para seguir con su ardiente baile por toda la habitación,motivada por tener un espectador tan atento.Aunque en realidad,estoy viendo sin ver,estoy tratando de encontrar allí,dentro de la llama,algún vestigio de tu mirada,aquella mirada en la que tantas veces me ví reflejado...
El olor a parafina derretida y rosas de ésta vela aromática, intensifica mis recuerdos.
Era el tipo de vela que siempre encendías cuando estábamos juntos.
Una, si solamente íbamos a conversar un rato o a ver alguna película en la televisión, mientras comíamos pasitas con chocolate...
Dos, si cenábamos o tomábamos café; con leche y miel el tuyo, negro y casi sin azúcar el mío...
Tres, si la necesidad de estar juntos iba más allá de las fronteras de la ropa y nuestras almas y cuerpos se entrelazaban transmitiéndose todo el amor que sentíamos el uno por la otra...

De pronto, una vela no fué suficiente,así que encendí una más...
El recuerdo de tu risa llegó claramente, como si la acabara de escuchar, como si estuviéramos sentados a la mesa redonda de la cocina, cubierta con el mantel blanco bordado, cenando pollo a las brasas y ensalada de berros y nueces, con el ramo de rosas que te traje y que pusiste en un florero, en un extremo de la mesa, junto con las dos velas, iluminando y perfumando la noche, nuestra noche, como te gustaba decir.
Esa noche te veías especialmente bella, usabas el vestido rojo que sabías me gustaba verte lucir, el del escote amplio y los tirantes angostos, que dejaban ver tus hombros suaves y redondos, y parte de tu espalda, usualmente cubierta por tu pelo largo y rizado, que ese día llevabas recogido en un chongo, detenido, no sé cómo, por un par de palitos al estilo japonés.
Después de cenar, tomamos unos tres tequilas mientras recordábamos momentos de nuestra aún breve,historia juntos.
Me pediste que te cantara una canción, aquella que no sabía y me aprendí cuando supe que te gustaba, así que saqué mi guitarra, la afiné y empecé a cantarla mirándote a los ojos, mientras me sonreías y me escuchabas con total atención.
Al terminar esa, empecé otra que había preparado especialmente para la ocasión; estaba sonando el último acorde cuando te soltaste el pelo, me miraste con los ojos húmedos y brillantes y, sin decir nada, encendiste una tercera vela...

También yo encendí otra vela...
Quería hacer más vívido el torrente de recuerdos que inundaban mi memoria con tal intensidad que las manos me temblaban incontrolablemente.
Quería estar otra vez contigo...
Quería sentirte otra vez en mis brazos, tener mi cara enterrada en tu pelo, aspirar tu aroma, acariciar tu piel, besar tus ojos, recostarte en mi pecho...

Una lágrima, luego otra, varias más, el dolor surge desde lo más profundo.
Ya no puedo seguir recordando...
Apago una vela.
Con los recuerdos de las dos velas sí puedo.
Desde que ella no está repito el mismo ritual cada cierto tiempo.
Nunca he podido completar los recuerdos de la tercera vela.
Quizá algún día pueda.
Ya veremos...








lunes, marzo 27, 2006

Y en Primavera, Flores...


Desde hace algunos días es Primavera...
Una de las características de ésta estación, es la abundancia de flores, que suele venir acompañada de una gran cantidad de mariposas, avispas, abejas y muchos insectos más, lo mismo que de varias especies de aves.
Todos ellos en diferentes formas, tamaños y colores, que los convierten en el motivo perfecto para tomar la cámara y registrar su breve paso por la vida, en una fotografía.
Por ahora, solamente puse fotos de flores.
Próximamente: Insectos, aves y alguna que otra imagen de nuestra especie.
Así que...
Adelante, pasen y vean...
Aquí estamos...









Por cierto, los comentarios son Bienvenidos...

martes, marzo 21, 2006

Aquí Estamos (Todavía) ...

Hace tiempo que no pasaba por aquí...
Tardé mucho en decidir si cancelaba el blog ó si seguía con él, aunque nadie lo visitara.
Con el paso de los días la balanza se inclinaba cada vez más hacia la cancelación, hasta el día de hoy, en que el calendario me recordó que era un año más viejo y comprobé que es cierto lo que dicen, uno se vuelve más sabio con los años, así que , esta sabiduría recién acrecentada, me ayudó a comprender que no estoy concursando por el puesto del blog más visitado, ni por el más comentado, ni por el más leído, ni por el de mejor contenido, simplemente estoy tratando de compartir alguna imagen, tal vez un texto, pero sobre todo mi sentir y mi pensar, la forma en que percibo la vida, el mundo, lo que me rodea y lo que me voy encontrando en el camino ( caray, qué profundo estuvo eso ), pero principalmente estoy tratando de divertirme y de disfrutar haciendo algo que me gusta, así que, decidí continuar con el espacio éste, sin preocuparme porque el contador de visitas no aumenta y los comentarios tampoco, concentrándome en preparar material para próximas publicaciones, para que, si algún visitante llegara a aparecer, y, además, llegara a regresar, encuentre algo nuevo que le guste, le disguste, lo conmueva ó lo divierta, para que decida emplear un poquito de su tiempo para dejar un comentario al respecto.
Así que, aquí iniciamos la segunda etapa del viaje por la web, con nuevos bríos, algunas ideas, muchas inquietudes y menos tensiones, que ojalá se combinen adecuadamente para lograr mejorar el contenido de Fotos y Letras, el blog.
Que así sea...



domingo, febrero 19, 2006

La Muerte Blanca 2a. parte. ( 1a. parte, post anterior)...

Se llamaba Vajpayee Atal Bihari, empezó a decir...
Era el mejor cazador de la aldea, el más valiente, el más fuerte, el más solitario, el único que se atrevía a entrar a la selva de noche...
Todos lo escuchaban con atención y en silencio, el único sonido que acompañaba a su voz ronca y cansada era el crepitar de la hoguera, que Prasad avivaba de cuando en cuando, para evitar que se apagara.
El mejor cazador, sí, pero también el más callado de todos los humanos que he conocido, al grado de que había quien pensaba que era mudo, pero no, sí hablaba, pero solamente cuando era absolutamente necesario, él prefería sumergirse en sus propios pensamientos. ¿En qué pensaba?, solamente él lo sabía, pero me atrevo a decir que seguramente en la selva, donde pasaba la mayor parte del tiempo, casi siempre cazando, aunque algunas veces solamente caminaba y caminaba como si quisiera aprenderse de memoria la ubicación de cada árbol, cada roca, cada vuelta del arroyo, tal vez hasta de cada hoja...
Fué en una de esas caminatas, una tarde especialmente calurosa y sofocante en que se dirigía a la aldea, siguiendo el curso del arroyo
para tardar más en llegar, cuando lo vió por primera vez...
- ¿ Qué vió ?, ¿ Qué vió ? , lo interrumpió Jumna, el nieto mayor de Prasad, quien le dió un coscorrón para que se callara, al tiempo que le hacía una seña a Narayanan para que continuara con su relato.
Era hermoso, dijo, tomó un trago largo de licor de palma, se limpió la boca con el dorso de la mano izquierda, eructó sonoramente y continuó; hermoso a pesar de estar tan flaco, sucio y maltrecho como si acabara de ser arrastrado entre la maleza, incluso se le veía un poco de sangre seca en el costado derecho, además, gemía suavemente al caminar, como si cada paso le causara dolor.
- Sí, sí, pero ¿ Qué era?, preguntó Jumna una vez más, agachándose para esquivar la mano de su abuelo que iba directo a su oreja.
Era un cachorro de tigre, dijo por fin Narayanan, pero no un cachorro cualquiera, no, éste era blanco en donde debería ser anaranjado, con rayas negras como todos, pero blanco como la luna llena de la cabeza a la cola.
- ¡ Ahhhh!-
Exclamaron todos al unísono.
Pero lo más raro de todo era que sus ojos eran blancos también...
- ¡ Ohhhhhh !-
Dijeron más sorprendidos aún.
- ¿ Y qué hizo Vajpayee ? - , preguntó Nehru, otro nieto de Prasad.
- Pues lo mató. ¿ Verdad que sí, Narayanan?- , contestó rápidamente Jumna, viendo a su hermano menor como si fuera el ser más tonto del universo por haber hecho semejante pregunta.
Esa fué su primera intención,continuó Narayanan, así que tomó su arco, le puso una flecha, lo tensó, apuntó y, cuando estaba a punto de tirarle, pensó que tal vez la madre andaba cerca, así que bajó el arco, rápidamente cambió la flecha que tenía y le puso una envenenada de las que usaba para los animales grandes o muy rápidos, tensó el arco mientras se colocaba de espaldas a un árbol grueso para protegerse un poco y esperó a que la tigresa apareciera. Mientras tanto, el cachorro lo seguía mirando con aquellos ojos claros, penetrantes, fríos, totalmente inmóvil.
Inmóvil también se había quedado la jungla, todo estaba en silencio, parecía como si el tiempo se hubiese detenido para observar lo que en esos momentos sucedía entre hombre y bestia, enemigos ancestrales, esperando por un desenlace que al parecer, favorecía de momento al hombre, por lo pequeño de su adversario...
Pasó bastante tiempo, los brazos de Vajpayee le dolían de tanto tensar el arco y lo tuvo que aflojar, pero inmediatamente lo soltó y echó mano de su faca, una espada pequeña de hoja curva, angosta en la base pero más ancha hacia la punta, muy práctica para desollar a sus presas, pero tal vez inútil para luchar contra un animal tan grande y fiero como una tigresa con crías, sin embargo, era lo único que podía sostener mientras sus brazos descansaban.
Esperó bañado en sudor, esperó y esperó y al único tigre que veía seguía siendo el esquelético cachorro aquel que nunca lo perdió de vista mientras cambiaba de arma, las cuatro veces que lo hizo, siempre estuvo ahí mirándolo sin moverse de la misma posición que tenía cuando se vieron por primera vez.
Después de aguzar el oído una vez más, para tratar de descubrir algún ruido diferente al barullo habitual de la selva, que se había reiniciado hacía un buen rato, Vajpayee decidió que era tiempo de moverse, así que recogió el trozo de carne de jabalí que llevaba y que casi había olvidado por la tensión del momento que acababa de pasar, volvió a tensar el arco y empezó a caminar despacio hacia atrás, sin perder de vista al pequeño animal, pero volteando hacia todos lados tratando de distinguir entre la espesura alguna mancha blanca o naranja ( no sabía qué color buscar ), que delatara la presencia de la madre, sin embargo, caminó un largo trecho y no escuchó ni pudo ver nada fuera de lo normal, así que se relajó un poco, aspiró una gran bocanada de aire y se dispuso a continuar su camino de regreso a la aldea, mientras la noche empezaba a desplazar poco a poco a la claridad del día...
- ¿ Entonces no lo mató ?- , interrumpió Jumna una vez más volteando a ver a su abuelo quien en vez de reprenderlo preguntó : - ¿ Ahí termina la historia ?- , y varios de los presentes tenían en sus rostros una expresión que parecía decir : yo también quiero saber.
No y no, siguió contando el chamán, después de haber tomado otro trago de ese licor de palma que tanto le gustaba. Lo que pasó después es un poco extraño, a partir de entonces, Vajpayee se topaba con el cachorro frecuentemente, sin importar que fuera a un lugar distinto cada vez, o que entre un lugar y otro hubiera una distancia considerable, o que se internara en la selva en diferente momento del día, el animal parecía seguirlo, poniéndolo en alerta esperando ver a la madre lista para atacar. Pero eso nunca sucedió, siempre veía solamente a Luna, que fué el nombre que le puso al animal, asumiendo que era hembra, ya que no había intentado acercarse lo suficiente para saber con certeza su sexo, además de que solo en contadas ocasiones pudo ver más allá de su cabeza, por lo intrincado de la selva. Lo que sí pudo notar era que Luna se veía cada vez más flaca,quizás porque todavía no podía cazar bien, o porque su color no le ayudaba a pasar desapercibida, el caso es que se estaba quedando en los huesos y pronto moriría de hambre. Pero él no iba a permitirlo, ya se había acostumbrado a su compañía, además no le estorbaba, porque en cuanto venteaba algún animal, se quedaba quieta para no espantarlo y así él podía acercarse hasta verlo y tenerlo a tiro, así que empezó a compartir con ella sus presas, un mono, medio jabalí, un par de aves, incluso algunos peces que sacaba del arroyo cuando no lograba matar algo más sabroso ( el pescado no era muy del agrado del cazador ), pero nunca se acercaron, siempre mantuvieron su distancia. Se acompañaban, sí, pero de lejos.
Así fué pasando el tiempo. Luna crecía cada día más, gracias a la generosidad de Vajpayee, pero también a sus habilidades naturales que se perfeccionaban cada vez que conseguía cazar algún animal por su cuenta.
Un día después de haberse cumplido un año de su primer encuentro, cuando ya su tamaño era el de un tigre adulto, Luna desapareció. Así como había aparecido, de la nada, sin previo aviso, dejó de aparecerse por donde Vajpayee andaba. Eso entristeció y preocupó al cazador, que al pasar varios días sin verla, empezó a temer que le hubiera pasado algo, aunque albergaba la esperanza de que la ausencia se debiera simplemente a que la naturaleza le hubiera indicado a Luna que era tiempo de buscar un macho grande y fuerte para tener sus propios cachorros.
- ¿ Un macho? -
- ¿ Entonces sí era hembra? -
- ¿ Tuvo hijitos? -
Las preguntas eran varias y se hacía tarde, así que Narayanan levantó su brazo derecho para callar a sus curiosos e impacientes oyentes y continuó...
Si, sí era hembra, Vajpayee lo había descubierto unos días antes de que desapareciera, cuando pudo verla con detenimiento por unos momentos mientras se inclinó para beber del arroyo. Precisamente ese fué el día en que me contó de la tigresa blanca que lo había acompañado en sus partidas de caza, y yo, después de escuchar semejante historia, le pedí de todas las formas posibles que me llevara con él, para poder ver con mis propios ojos, aquello que me parecía tan difícil de creer.
No sé si fué porque realmente quería llevarme ó porque mi insistencia se volvió insoportable después de unos días, que me prometió dejarme acompañarlo si volvía a verla, ya que, según me dijo, parecía haberse ido. Por supuesto que no le creí, pensé que, ó no quería que nadie más la viera ó simplemente todo era mentira. Sin embargo,un día, luego de varios meses, cuando ya ni me acordaba de la mentada tigresa blanca, me dijo en cuanto me vió: ! Luna regresó!, ! Luna regresó!, este ya se volvió loco, pensé mientras volteaba a ver el sol de medio día que calentaba con toda su fuerza obligando a todos en la aldea a guarecerse en la frescura de sus chozas. ! Luna regresó!, me volvió a decir, sacudiéndome de los hombros con tal fuerza que sentí que mi cabeza iba a desprenderse en cualquier momento. !Espera!, !Espera!, le dije, toma un poco de agua, cálmate, respira hondo, eso, más hondo, otra vez, no, no, no, toma otro trago de agua; ahora sí, dime, ¿ Quién dices que regresó?
! Luna!, ! La tigresa!, ! La del pelo blanco!, ¿ No te acuerdas que te conté de ella?
!Ahhh!, ! Sí !, ! Ya me acordé !, ¿ La que prometiste llevarme a ver?, le dije.
! Sí ! ! Esa misma !... ¿ Eh ?, ¿ Que yo prometí qué ?, me dijo mientras le cambiaba la expresión de gusto que traía, por otra no tan agradable, aunque de todas formas, después de pensarlo un momento, me dijo: Está bien, mañana vamos a verla. Nos vamos temprano, así que no te desveles.
- ¿ Y la viste ?-
- ¿ Estaba sola ?-
- ¿ Ya tenía hijitos ?-
Si me siguen interrumpiendo nunca voy a terminar de contarles, mejor cállense y traigan un poco más de leña para la fogata, antes de que este airecito la apague, dijo el hechicero, con un dejo de cansancio en la voz.
Nehru trajo un par de leños, atizó la hoguera y se sentó junto a su padre para recargarse en él mientras continuaba escuchando el relato...
Así que al amanecer del día siguiente, emprendimos el viaje caminando hacia donde sale el sol, hasta que llegamos a la orilla del pantano, por el lado donde crece el bambú. Llegué cansado y con mucha hambre, el día estaba terminando y no habíamos comido nada desde que salimos, aunque descansamos unas cuantas veces, solo tomamos agua, para que no nos agarrara la noche en la selva profunda, porque ahí es mayor el peligro de ser atacados por algún animal, así que nos apresuramos para llegar hasta ese claro, donde pensábamos que estaríamos seguros hasta el amanecer, cuando empezáramos a buscar a Luna.
Encendimos una fogata para ahuyentar a los insectos que abundan en todo el pantano, que nos sirvió también para asar una serpiente que Vajpayee acababa de matar y que comimos con verdadero gusto por el hambre que teníamos. Aunque no es algo que me guste mucho, esa noche me supo bastante bien.
Después de comer, mientras nos preparábamos para pasar la noche, yo durmiendo y él vigilando, empe-
zamos a platicar de la razón del viaje: encontrar a la tigresa blanca, así que le pregunté hacia dónde la había visto la vez anterior.
Fué hacia allá -me contestó- , señalando hacia su derecha, por donde está la pequeña ciénaga que rodeamos cuando veníamos.
! Ahh ! . Con razón te noté un poco nervioso cuando pasamos por ahí - le dije-, ¿ Acaso la viste?.
No, no la ví, estaba pensando subirme a ese árbol que está atrás de tí para poder vigilar mejor por si decide acercarse, aprovechando que hay luna llena.
¿ A esa higuera dices?, yo me subo y vigilo un rato, al cabo no tengo mucho sueño - dije - , mientras tú descansas, para que aguantes la vigilia.
Está bien - contestó - , pero solo un rato, tú necesitas descansar más que yo.
Acomodó su manta en el suelo, tomó un sorbo de agua y se tendió cerca del fuego, con su inseparable faca a un lado y el arco con las flechas al otro. Pronto se quedó completamente dormido.
Mientras tanto, desde arriba, yo trataba de ver algo entre la maleza, pero nada, no veía nada, aunque poco a poco la luna iluminaba un poco más conforme iba ascendiendo en el estrellado cielo, por más que forzaba la vista, no conseguía ver nada más que sombras, además, lejos del fuego como estaba, los mosquitos y demás bichos se daban un banquete con mi sangre, sin importar los esfuerzos que hacía por espantarlos.
No supe en qué momento me quedé dormido, lo único que recuerdo es que entre sueños, escuché la voz de Vajpayee diciéndome : ! Despierta !, ! Despierta !, ! Ahí está !.
¿ Ehhh ?, ¿ Quién ?, ¿ Qué ?- decía yo, sin comprender totalmente lo que estaba sucediendo -
! Luna ! , - me volvió a decir, mientras apuntaba hacia atrás de mí, emocionado - ! Mírala !
Cambié de posición para poder voltearme porque la rama en que estaba no me lo permitía, y la ví, sí, sí, claro que la ví. Estaba a unos pocos pasos de nosotros, echada con las patas delanteras completamente estiradas. Se veía imponente, enorme, hermosa, con aquél color blanco que resplandecía intensamente a la luz de la luna cubriéndola totalmente, tal como Vajpayee había dicho.
- ¿ Y qué pasó ?-
- ¿ Los atacó ? -
- ¿ Tenía hijitos ?-
Las preguntas de los niños volvieron a interrumpir a Narayanan, que aprovechó para tomar un trago más de licor remojando su garganta que se había resecado por las emociones y sentimientos que el relato despertaba en él. Hacía bastante tiempo que no se sentía así...
No, no nos atacó, siguió contando, solamente estaba ahí, echada, completamente inmóvil, mirando fijamente a Vajpayee con sus enormes y hermosos ojos blancos; creo que a mí no me había visto, porque no ví que volteara hacia donde yo estaba, trepado en el árbol, sin poder apartar la vista de tan bello animal.
Tampoco Vajpayee podía dejar de mirarla. Se veía nervioso, emocionado, tanto así que sus inseparables armas seguían en el suelo, junto a su manta, no las tenía empuñadas; pero no parecía preocuparle, como si no fuera un enorme tigre con garras del tamaño de su cara, lo que tenía frente a él.
Estaba parado ahí, sonriendo, sin hacer nada más que verla, feliz por estar otra vez cerca de ella, cuando de la nada, un bulto enorme, saltó sobre él derribándolo con tal fuerza, que le sacó todo el aire
de los pulmones, causando que casi perdiera el conocimiento.
- ¿ Lo atacó la tigresa ?-
- ¿ Había otro tigre ? -
- ¿ Era uno de sus hijitos ? -
- ¿ El cazador se murió ? -
En ese momento, casi todos los que escuchaban la historia preguntaron algo, pero el chamán simplemente continuó sin contestar a ninguno, mientras una gruesa lágrima resbalaba de su mejilla izquierda, cayendo al piso de tierra de la choza, donde desapareció casi inmediatamente...
Era un tigre enorme, mucho más grande que la otra, blanco también, fuerte, poderoso, un macho corpulento y feroz que mientras clavaba sus garras en la espalda de Vajpayee, intentaba morderle el cuello con sus afilados colmillos. Después de algunos intentos, logró hacerlo, lo inmovilizó y cuando creí que iba a matarlo, sucedió algo bastante extraño. La tigresa, que hasta ese momento había permanecido inmóvil, se levantó y se acercó, se paró muy cerca de Vajpayee, se le quedó mirando un momento y abrió el hocico mientras se le acercaba más. Yo cerré los ojos. No quería ver cuando lo mataran, pero no escuché nada y volví a abrirlos. No entendí qué pasó, la tigresa ya estaba echada otra vez frente a él, mirándolo fijamente. En eso, se escuchó un fuerte crujido, Vajpayee se sacudió por un momento y dejó de moverse.
El tigre había cerrado sus mandíbulas con toda su fuerza, rompiéndole el cuello.
El cazador más valiente, más fuerte, más solitario de la aldea, había muerto...
----------------------------------------------------------------------------------------------
- De repente, Vajpayee despertó sobresaltado. Al parecer había dormido por mucho tiempo, la luna ya estaba casi a la mitad del firmamento y Narayanan seguía encaramado en el árbol. Iba hacia allá a decirle que se fuera a dormir, cuando en el fondo, en un pequeño claro al pie de unas cañas de bambú, vió una figura conocida.Echada tranquilamente, a unos pocos pasos de donde ellos estaban, Luna, la tigresa blanca, lo veía fijamente. ¡ Qué hermosa se ve!, pensó, la observó unos instantes y se dirigió al árbol donde Narayanan estaba trepado.
Al verlo dormido, le habló hasta despertarlo, para que pudiera ver lo mismo que él veía. Por fin su acompañante se despertó y ambos contemplaron embelesados a tan bello animal, uno , con el gusto de haberla reencontrado, el otro, con el asombro de la primera vez.
Sin embargo, a pesar de la emoción del momento, Vajpayee no pudo dejar de notar algo raro en la actitud de Luna, aunque no podía precisar qué era, porque más que verlo, lo sentía.
Tal vez estará esperando que le dé algo de comer - pensó -, ó quizás cree que voy a salir a cazar y quiere acompañarme. Eso estaría bie... ¡ Oufghh!
En ese preciso momento, el cazador sintió un tremendo golpe en la espalda y casi instantáneamente su cara se impactó con fuerza contra el suelo, quedando semiinconsciente y totalmente desconcertado, tratando con desesperación de llenar sus pulmones de aire, que era lo que su instinto de conservación le ordenaba que hiciera, aunque lo único que iba a conseguir con eso era retardar un poco su muerte.
Después de unos instantes y un par de bocanadas de aire, su mente se despejó un poco y entendió que algo lo había atacado, trató de moverse pero un ramalazo de dolor lo cimbró de pies a cabeza, dolor que era más intenso en la espalda y en la parte de atrás del cuello, donde sentía como cuando recibió una flecha lanzada por un compañero de cacería quien lo confundió con la presa que iban siguiendo, pero multiplicado varias veces. Era un dolor sordo, agudo, penetrante, que casi no le permitía respirar, que aunado al peso que sentía sobre él y a la presión que sentía en el cuello, lo tenían al borde del desmayo.
Haciendo un gran esfuerzo, logró mover la cabeza lo suficiente para ver hacia donde creía que estaba Luna, ya que no recordaba haberla visto moverse cuando sintió el ataque, y efectivamente, no se había movido, continuaba echada mirándolo como si no estuviera pasando nada, fríamente, casi con indiferencia, con apatía, con descaro.
Entonces si no había sido ella, ¿ Quién o qué lo había atacado?.
Como el tigre lo tenía inmovilizado desde atrás, con sus casi 300 kilos apoyados sobre su espalda, no podía voltear para ver a su atacante, sin embargo, de repente,a su cerebro llegó un mensaje aterrador, ¡ Había otro tigre!, seguramente un macho con el que Luna se había juntado para procrear, ¿Sería blanco también?. Justo en ese momento, vió levantarse a la tigresa y dirigirse hacia él lentamente, - ¡ Viene a matarme!, pensó - y se preparó para el final, pero no, no lo mató, simplemente lo contempló por un instante, lo olfateó, le lamió la cara, se alejó un poco y se echó, clavando su mirada en la de él.
Fué entonces, ya de cerca, cuando Vajpayee notó que en realidad esos ojos no eran blancos, sino grises, y mucho más hermosos de lo que parecían de lejos; trató de sonreir, pero no pudo, aunque el dolor se había ido, ya su cuerpo no le respondía, solamente su cerebro continuaba trabajando, así que empezó a recordar la primera vez que vió a Luna, la primera vez que lo siguió, la primera vez que la alimentó, cuando de repente, sintió más presión en el cuello mientras le pareció escuchar un fuerte - ¡ crack ! - y la noche se fué obscureciendo más y más como si no hubiera luna llena y aquellos ojos grises que seguían mirándolo se fueron perdiendo en la obscuridad poco a poco hasta que ya no pudo verlos.
Había muerto...
------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para ese momento, casi todos los que escuchaban el relato, tenían los ojos llenos de lágrimas, unos por imaginar el sufrimiento del cazador y otros por ver el dolor que obviamente sentía Narayanan al contarlo, tal vez por eso nadie preguntó nada ni lo apresuró a seguir cuando se paró para sonarse la nariz y limpiarse los ojos o tal vez pensaron que ese era el final de la historia, pero cuando volvió a sentarse, todos estaban atentos y ávidos de saber en qué terminaría.
Lo que sucedió después fué todavía más horrible - continuó diciendo -, al ver que había muerto, los dos tigres lo empezaron a despedazar; el ruido era espantoso, entre crujido y crujido, se gruñían uno al otro y se lanzaban mordiscos y zarpazos, mientras yo trataba de no moverme y me tapaba la boca con las dos manos lo más fuerte que podía para no gritar.
Estaba seguro que no tardarían en descubrirme, así que hubo un momento en que pensé en dejarme caer del árbol para que todo terminara de una buena vez.
Pero el que descubrió algo fuí yo; de entre la maleza, salieron corriendo y jugueteando, dos tigres igualitos a los que se disputaban los trozos ensangrentados de lo que hasta hace unos momentos había sido un hombre, dos cachorros blancos con rayas negras que habían estado ocultos hasta ahora y que se unieron al banquete que sus padres se daban.
No pude evitar notar lo bonitos que eran, en lo inofensivos que parecían, era difícil imaginar que en poco tiempo se covertirían en perfectos asesinos, en una leyenda más de la selva como lo eran sus padres, tal vez hasta en cazadores de hombres. La sola idea de tener tan cerca de la aldea a cuatro tigres comehombres me hizo estremecer, sobre todo porque en ese momento, ya los cachorros habían probado carne humana y al parecer les había gustado mucho, porque se relamían con avidez la sangre que les escurría de las fauces.
Empezaba a amanecer cuando por fin dejaron de comerse a Vajpayee, de quien solamente quedaban unos pocos restos sanguinolentos, sus sandalias y algunos jirones de su ropa, esparcidos por el pequeño claro donde había pasado todo. De pronto, el tigre se levantó, se estiró, bostezó y empezó a caminar hacia la espesura, perdiéndose de vista rápidamente; la tigresa y los cachorros se pararon también y luego de lamerse entre sí unos momentos, echaron a andar hacia la selva, pero no en la misma dirección del macho, sino hacia el otro lado de la ciénega, hacia el norte.
Algo que se me quedó muy grabado en la memoria, son las manchas de sangre que tenían en la cara, el pecho y las patas delanteras, que al secarse, habían cambiado el pelo blanco que tanto habíamos admirado, por una costra de color rojo oscuro, casi negro, que los hacía verse como las fieras salvajes que eran en realidad. Ojalá Vajpayee nunca hubiera olvidado eso.
Incluso ahora, que ha pasado tanto tiempo, todavía me estremezco al pensar que yo también hubiera muerto despedazado por los tigres si me hubieran descubierto. No puedo imaginar siquiera por qué no me vieron, ni me olfatearon, ni notaron mi presencia, seguramente Vishnú me protegía esa noche.
No sé cuánto tiempo más estuve ahí arriba casi sin moverme, temblando sin control por lo que acababa de ver, muriéndome de sed, pero con muchísimo miedo de bajarme de donde hasta ese momento había sido un lugar seguro, sin embargo, sabía que tenía que irme de ahí antes de que los tigres volvieran, aunque no habían dejado gran cosa del cuerpo de Vajpayee, tal vez decidieran regresar ó tal vez andaban cerca ó tal vez ahora sí me verían y vendrían por mí, así que decidí que ya era tiempo de bajar y de regresarme lo más rápido posible a la aldea.
Traté de controlarme , aspiré profundo y me fuí bajando poco a poco hasta llegar al suelo, cayéndome porque las piernas no podían sostenerme, las sentía débiles y completamente adormecidas.
Con el miedo de saber que ahí abajo era una presa fácil, me froté las piernas para desentumirlas y sacando fuerzas de no sé donde, pude parame y empezar a caminar, así que recogí mis cosas, las sandalias y las armas de Vajpayee y me alejé lo más rápido que pude por donde habíamos llegado; aunque los tigres se habían ido por otro lado, durante todo el trayecto, cualquier ruido me asustaba y me hacía pensar que un tigre andaba cerca y me iba a atacar, por lo que aceleraba el paso mientras apretaba con más fuerza la faca que traía empuñada desde que salí, aunque sabía que no me serviría de nada, me daba un poco de valor traerla en la mano.
Después de varias horas que se me hicieron eternas, llegué por fin a la aldea y me dirigí inmediatamente con el jefe para contarle lo que había pasado, pero al estar frente a él, lo único que pude decir fué que a Vajpayee lo había matado un tigre, después de eso, me puse a llorar y enseguida me desmayé.
Fué hasta el otro día, ya casi al atardecer, cuando desperté sintiéndome aún más triste, pero ya más tranquilo, aunque con muchísima hambre y sed, así que el jefe de la aldea y todos los que se habían juntado en su casa para escuchar cuando le contara todo lo que había pasado, tuvieron que esperar a que Vishva, quien me crió desde que mi madre muriera al nacer yo, me diera de cenar para saber cómo el mejor cazador de la aldea, el más valiente, el más fuerte, el más solitario, había muerto...
Bueno, ya es muy tarde y mañana me espera un ritual largo y cansado - dijo Narayanan mientras se paraba- , además todavía no termino de preparar todo lo que necesito, así que ya me voy, gracias por todo, ya nos veremos en otra ocasión.
Dicho esto se dirigió a la puerta, - ¡ Yo abro! - , dijo Jumna mientras quitaba las trancas, abrió la puerta y se hizo a un lado para que el chamán pudiera pasar.
Todos se despidieron afectuosamente de él, hablando al mismo tiempo, por lo que no se entendía muy bien qué decían, hasta que, cuando Narayanan se dió la vuelta para irse, de entre todas las voces sobresalió la de Prasad preguntando: -conocías bien a ese cazador, ¿ verdad ?- .
Narayanan se dió la vuelta lentamente, miró a cada uno de los presentes, que repentinamente se habían quedado callados, y contestó, con los ojos llenos de lágrimas: ¡ Sí !, él era mi padre...
Nadie dijo nada, simplemente se fueron metiendo a la choza uno por uno mientras el viejo chamán emprendía el camino a su casa, recordando cuántas veces pensó en buscar a los tigres blancos para matarlos, cuántas formas de hacerlo se le ocurrieron, que si con veneno, que si contratando a varios cazadores, que si poniéndoles trampas, pero nunca pudo hacer nada, simplemente porque era un niño sin nadie que lo pudiera ayudar en tan peligrosa tarea, solamente contaba con su madre adoptiva, que aunque quisiera, no podía hacerlo, así que tuvo que tragarse su coraje, su odio, su miedo. Decidió entonces que no podía seguir viviendo en ese lugar donde tanto había sufrido, así que se despidió de quien con tanto amor lo había criado, hizo un pequeño bulto con algo de comida y algunas pertenencias, entre ellas la faca de su padre que desde entonces porta en la cintura, y empezó caminar de aldea en aldea, trabajando por comida mientras encontraba un lugar que le gustara como para quedarse. Así llegó hasta esta aldea, donde buscó al chamán para pedirle que lo aceptara como su aprendiz, porque sabía que jamás iba a poder ser cazador, era demasiado el miedo que sentía cada vez que tenía que adentrarse en la selva, sabía que nunca podría superarlo, que siempre estaría ahí. Incluso ahora, después de tanto tiempo, todavía le afectaba demasiado el recuerdo del ataque, que se hizo más vívido con la noticia que había escuchado en casa de Prasad. Ojalá no hubiera ido...
Entró a su choza, avivó los restos de la fogata y se dirigió hasta el tronco donde tenía los utensilios con los ingredientes necesarios para su ritual del día siguiente. Tomó un recipiente vacío y vertió en él la sangre de vaca, la leche materna, la tierra y finalmente, el agua, mezclándolo todo hasta obtener una pasta suave a la que dió forma de mujer gestando, poniéndola cerca del fuego para que cuando la utilizara no fuera a deformarse, perdiendo así su poder mágico.
Con un puñado de flores formó un círculo alrededor del fuego y la figura, mientras invocaba a la diosa de la fertilidad, luego le puso una ofrenda de frutas y miel, apagó la lumbre y se fué a dormir...
---------------------------------------------------------------------------------------------
En la selva profunda, un enorme tigre blanco- el único sobreviviente de los que se comieran a Vajpayee- regresa a su cubil después de una noche de caza, con manchas de sangre y el estómago lleno.
Ha tenido suerte.
Los hombres que vigilaban los alrededores de la aldea, nunca lo vieron, así que pudo acercarse lo suficiente a una choza de la orilla, donde, aprovechando que todos dormían, atacó tan rápida y sigilosamente que nadie pudo hacer nada para evitar que se llevara al más pequeño de los niños que ahí estaban.
Solamente escucharon un par de gritos apagados y alcanzaron a ver cómo el tigre blanco saltaba ágilmente por la ventana que había quedado abierta y se perdía en la obscuridad con su presa en las fauces.
Trataron de seguirlo, pero la ventaja que el animal les llevaba era demasiada para poder alcanzarlo, además, la noche era su aliada, así que con todo y la rabia, la frustración y deseperación que sentían, los once hombres que habían emprendido la búsqueda, tuvieron que regresar a decirles a los desesperados padres, lo que ya todos se imaginaban: que no habían podido alcanzarlo...
El tigre blanco comehombres había matado otra vez...
Pasaron los años...
Hace mucho tiempo que los ataques cesaron; nadie sabe por qué...
Es de noche...
Las llamas crepitantes de una gran fogata, alumbran los rostros nerviosos de un grupo de aldeanos que,
atentos y ansiosos, escuchan una vez más la historia que ha asombrado a cuantos la escuchan...
Esa historia sobre el cazador más valiente, más fuerte, más solitario de la aldea, y Luna, la tigresa blanca, un ataque, un tigre macho, un par de cachorros, blancos también, sangre, miedo, una noche de luna, un árbol y un niño que presenció todo...
Y que durante toda su vida tuvo pesadillas donde revivía el ataque que le costó la vida a su padre, impidiéndole olvidar aquella fatídica noche, pero sobre todo, causando que se preguntara por qué él había sido el único que había podido escapar de las garras y colmillos de la Muerte Blanca...
Nunca supo la respuesta...



lunes, enero 30, 2006

La Muerte Blanca...



La obscuridad empezaba a envolverlo todo...
Desde el Sureste, llegaba a la aldea una suave brisa meciendo levemente las hojas de las palmeras,refrescando un poco el ambiente cálido-húmedo que afectaba por igual a los habitantes de ésta parte de la selva,en el delta del Ganges,fueran hombres ó animales,provocando en unos somnolencia y pereza,mientras en los otros,actividad desenfrenada,sobre todo en monos y aves que aprovechan éste momento del día para socializar,alimentarse y,ocasionalmente,conseguir pareja,acompañados de un coro de silbidos,gritos,gruñidos,graznidos y demás.
Conforme la luz del día iba desapareciendo,la calma sustituía a la algarabía,dejando sentir en el ambiente el peligro que acompaña a la noche selvática,obligando a los aldeanos a refugiarse en sus amplias chozas hechas de barro crudo mezclado con pasto,puertas y ventanas de bambú, y techo de dos aguas con armazón también de bambú cubierto de hojas de palmera,acomodadas de tal forma que no permitían el paso del agua durante las lluvias, tan frecuentes en la zona.
Veintidos de las veintitres chozas que formaban la aldea,ya estaban cerradas a conciencia,la única que permanecía abierta era la de Narayanan, hombre viejo y enjuto que era una mezcla de curandero,brujo y chamán a quien parecía no asustarle la noche ni sus criaturas,porque era precisamente entonces cuando se le veía más activo,más despierto, más alerta.
Y ésta noche no es la excepción,a la tenue luz de una pequeña hoguera,ha estado preparándose para el ritual de la fertilidad que por la mañana llevará a cabo para Haryana la hija menor del jefe de la aldea,quien a pesar de ser joven y aparentemente sana,no ha podido darle un hijo a Bahttarai,su marido,quien ha amenazado con dejarla si no se embaraza pronto.
Así que, sobre un tronco ancho y macizo que hace las veces de mesa, se encuentran acomodados unos recipientes de madera con los ingredientes necesarios para la ocasión: Un puñado de tierra traído desde la ladera cercana al arroyo,donde crece el musgo amarillo,agua de manantial recogida en noche sin luna,un poco de sangre de vaca recién parida,que por ser de un animal sagrado tiene un gran poder mágico y unas gotas de leche materna de una mujer que esté amamantando a su primogénito,aunque por más que buscó no pudo encontrar a una cuyo hijo fuera varón, así que se tuvo que conformar con la de Nagani, que tuvo una niña,pero todas sus hermanas han tenido su primer hijo varón. Ojalá sirva, pensó, mientras veía cómo la leche brotaba abundantemente del pecho de la mujer,ante la protesta airada de la niña que no entendía por qué de repente aquél líquido tan sabroso había dejado de llegar a su hambriento estómago; en fin, eso ya se vería.
Tenía también unas ramas de Tulsi, planta especialmente necesaria para purificar el fuego,que no deberá apagarse mientras el ritual se está realizando ó el efecto será al contrario y Haryana será estéril para siempre.
Habiendo revisado una vez más que todo estuviera completo, Narayanan salió de su casa, emparejó la puerta y echó a andar hacia la casa de su amigo Prasad, en busca de un buen trago y un poco de conversación.
Llegó justo en el momento en que la familia se acomodaba alrededor de la fogata para cenar, silbando de una forma en particular para que su amigo supiera que era él quien tocaba.Los hijos de Prasad quitaron las tres trancas de la puerta, la abrieron y lo dejaron pasar. Sin esperar invitación, se sentó también alrededor del fuego y se dispuso a disfrutar del jabalí asado, los deliciosos sesos de mono, las papas silvestres con miel de avispa, dejando para el final un pequeño racimo de plátanos al que había echado el ojo desde que llegó y que devoró con especial gusto mientras la esposa de su amigo se preguntaba en dónde le cabía tanta comida a un hombre tan flaco como aquél.
Al terminar la cena, mientras los hombres fumaban, las mujeres comentaban los chismes del día, que llamaron la atención de Narayana porque mencionaron a un tigre blanco que, según decían, había atacado a un niño de la aldea vecina la noche anterior.
Después de pensarlo un momento, pidió a todos que se reunieran para contarles la historia de un hombre de la aldea en donde él había vivido de niño...


miércoles, enero 25, 2006

Y aquí está el primero...

Así es...
Aquí está el primero de los desahogos que propiciaron la creación de éste espacio, cuyo propósito original era el de utilizarlo para descargar en él el exceso de sentimientos negativos que se van acumulando como resultado de la lucha encarnizada que desde hace algunos años existe entre la depresión y yo, propósito que se desvió en el camino, cambiando de rumbo hacia lugares más fértiles como la imaginación y el gusto por robarle instantes al tiempo para dejarlos plasmados en un trozo de papel ó en la memoria de una computadora, sin embargo, como en toda lucha, en ocasiones se pierde, ya sea porque el contrincante ha sido muy duro ó porque ha podido descubrir el punto débil que tan celosamente guardado estaba dentro de mí ó quizás, simplemente, hay ocasiones en que estoy cansado de luchar y le permito tomar ventaja de ello, no lo sé, el caso es que hoy he perdido...
Es que hoy fué uno de esos días...
Uno de esos días en que parece que todo y todos se confabularan para hacerme caer, para hacerme sentir que las malas elecciones del pasado regresan a burlarse de mi error, a obligarme a pensar que tal vez hubiera sido mejor hacer las cosas de una forma diferente, a desear cambiarlas ahora, a pensar en : qué hubiera pasado si...
Y no es que crea que todo gira a mi alrededor, como alguien me dijo alguna vez, ni tampoco es que quiera hacerme la víctima, es solo que en ocasiones como hoy, me pregunto si será ésto lo que merezco y, si así fuera, hasta cuándo aguantará mi antigua compañera, "Úrsula", que cada vez se expresa con mayor vehemencia desde dentro de mi estómago, a pesar de mis intentos de aplacarla con dosis cada vez mayores de ranitidina, medicamento que sin ser propiamente un calmante, disminuye en cierta medida el dolor físico que produce el fragor de la batalla; también me pregunto hasta cuándo aguantará mi cerebro tal cantidad de presión, porque a veces siento que hay algo ahí dentro a punto de estallar ó lo que es peor, de deformarse a tal grado que la cordura sería solamente un vapor residual inocuo alojado ahí como testimonio de que alguna vez estuvo presente.
En fin...
Creo que ya fué suficiente de quejas y lloriqueos, ahora solo resta lamer las heridas, ponerse de pié y volver a la lucha, aunque cada vez me cuesta más, mucho más...
Ojalá valga la pena...
Precisamente por tan deprimente estado de ánimo que me acompaña hoy, decidí poner esa imagen de un amanecer, que al ser el inicio de un nuevo día, representa también, creo yo, un nuevo comienzo,un principio...
Y también para que, quien llegara a leer ésto, tuviera un poquito de belleza entre tanta amargura,
ojalá y no le haya contagiado.
Espero que en la próxima ocasión tenga un mejor ánimo y algo más interesante que mostrar...
Aquí medio estamos...

domingo, enero 22, 2006

En éste mundo hay cada loco...

Mes: Agosto.
Día : Entre el primero y el último día del mes.
Año: 2004
Lugar: Amatlán de Cañas, Nayarit, en México.
Hora: Entre las seis y las seis treinta de la tarde.
Llueve...
Pero no es una lluvia torrencial ni tampoco un aguacero, no, es una llovizna pertinaz de esas que
te empapan hasta los huesos, de esas que mucha gente llama "chipi, chipi", de esas que uno de mis tíos llamaba "moja pendejos"; por cierto, nunca entendí la razón del nombrecito, sobre todo porque cuando lo decía, él mismo estaba mojado de pies a cabeza mientras caminaba sorteando los charcos y trataba de guarecerse bajo el ala de su sombrero, sin mucho éxito, en fin; sigue lloviznando y heme aquí, bajo un pequeño árbol escaso de ramas, sintiendo cómo el agua empieza a abusar de mi hospitalidad buscando filtrarse hasta el último rincón de mi muy mojado cuerpo, en especial una gota que, tal vez queriendo destacar del resto, ha tomado la iniciativa de tratar de escurrirse hacia el final de mi espalda y más allá, aprovechando que estoy ocupado en cubrir como puedo la cámara con que pretendo capturar alguna imagen digna de mostrar; cámara que por cierto, no es mía, es
prestada, y aunque no me gusta usar cámaras ajenas (por aquello de que a lo que te prestan, casi siempre le ocurre algo estando en tus manos) , no podía dejar pasar esa tarde de lluvia sin sacar alguna foto.
Lo bueno es que parece que está dejando de llover, así que reviso una vez más la cámara, empiezo a acomodarme para hacer la primera toma, enfoco, encuadro, ¡ah!, ¡ qué buena foto va a ser ésta!,CLICK!!; ¡ah ching...!, ¿ y esa cabeza?, ¿ de quién ching... es?...
- Ji, ji, ji, ji, señor, señor, ¿le estorbamos?
-¿ Está tomando fotos?
- Sí niñas, sí. Pretendo tomar alguna foto hoy, si la lluvia (y ustedes), me deja, y no, si se quedan ahí donde están, no me estorban, gracias.
Vuelvo a ponerme en posición, bajo la atenta mirada de las dos niñas, volteando hacia todos lados para evitar ser sorprendido otra vez, enfoco, encuadro, espanto una mosca que vino a pararse en mi oreja, ahora sí, ahí va, CLI...
- Paula, ya me hago pipí...
CK... , por poco suelto la cámara, tuve que hacer un esfuerzo para no llorar de risa, sobre todo al ver a la niña con su carita de urgencia y un rítmico bailecito que empezó de un lado al otro de su hermana, mientras con una mano se jalaba el vestidito y con la otra hacía señas pidiendo que se fueran.
- Ya cállate, cochina, qué va a decir el señor...
- Pero es que deveritas, deveritas, ya me hago...
- Ándale pues, ya vámonos para la casa y no vayas a hacerte antes de llegar porque te acuso con mi mamá.
- No manita, no.
- Apúrate pues... Dios mío, qué verguenza..., pero no te vuelvo a traer conmigo, ya verás...
Se fueron casi corriendo mientras yo, después de tomar un poco de aire, revisé en la pantalla de la cámara lo que había fotografiado...
Una bonita toma gris con un poco de blanco y unos toques de negro, o sea, una foto del cielo encapotado.
En fin, a ver si ahora sí...
Una vez más me acomodo en posición de foto, volteo hacia todos lados, enfoco, encuadro, a ver, a ver, en cuanto pase éste airecito, CLI..., ching..., ya empezó la lluviecita otra vez, ¿dónde carajos dejé la bolsa de plástico con que tapaba la cámara?, ah sí, aquí está...
Bueno, a esperar otra vez...
Empieza a arreciar la llovizna lo mismo que un aire helado que creo viene del Norte...
¿Y a mí qué diablos me importa de dónde venga el aire? , ( empiezo a desvariar, creo, ya estoy discutiendo conmigo mismo), brrr., qué ... che frío...
- Vaca, vacaaaaa, ejeih..., ándale bonita, vaaaaca...
¿Y ahora qué?...
- Vacaaaa, ora vaca jija, hágase pá llá...
- Guau, guau, guau, guau, grrrrrrrr...
- Solo vino, quieto, quieto te digo, sáquese a la ..., no se preocupe amigo, no muerde, nomás es gruñón... -¿ Seguro que no muerde?
- Seguro, si lo sabré yo...
- Pues si usted lo dice...
- Oiga, y qué caramba está haciendo debajo del agua y de pilón debajo de un árbol, ¿ Qué no sabe que le puede caer un rayo?, fíjese que al sobrino del hijo de una hermana de mi comadre, le cayó uno el año pasado por éstas fechas, el pobre quedó todo chamuscado, taba muchacho todavía, creo que tenía quince o diciocho, no me acuerdo bien, pero estaba parado debajo de un árbol, así como usté, mejor hágase pá llá, pal llano, ahí no pasa de que le salga una víbora y ya.
- No, pues eso está mejor, ¿verdad?
- O menos peor, pero bueno, ¿qué me dijo que estaba haciendo?
- No, no le dije. Estoy fotografiando el paisaje, a eso me dedico, soy fotógrafo, y éste día me gustó para venir hasta aquí a tratar de sacar algunas fotos, pero hasta ahorita no he podido tomar ninguna.
- Ahhh!, Oiga, y ¿ no cree usté que sería mejor venir cuando no esté lloviendo? , digo , así no se mojaba...
- No, no sería mejor, porque precisamente la idea es tomar fotos con éste clima, por las condiciones de luz, el ambiente de lluvia, las gotas sobre las hojas y las ramas, en fin, todo eso...
- Ahhh!!, bueno mi amigo, pos yo ya me voy, nos estamos viendo, eh?, se queda con Dios...
- Gracias, que le vaya bien...
- Solo vino, ámonos perro del demonio..., cómo ves solo vino, te digo que en éste mundo hay cada loco...
Por fin dejó de llover, todavía hay suficiente luz para intentar alguna foto, a ver si ahora sí...
Me pongo en posición, ya no volteo a ningún lado, medio enfoco, medio encuadro y de repente...
La magia está otra vez presente en la forma de un débil rayo de sol que transforma por un instante el paisaje gris y aburrido en una escena llena de verdor, nostalgia y belleza que traté de captar...
CLICK, CLICK, CLICK, CLICK.
Las fotos que acompañan éstas letras son algunas de las tomas de ese día, ojalá las disfruten tanto como yo...
Aquí estamos...