Él recordaba haberse dormido abrazando su cuerpo semidesnudo, tibio y perfumado, con una mezcla de jazmín y aroma de mujer.
Recordaba claramente el lazo color de rosa que sujetaba su pelo.
Recordaba el color de la tanga que ella usaba esa noche ( negra con un moñito rojo al frente ).
Recordaba haber besado la parte de atrás de su cuello, precisamente a la altura de la primera vértebra de su columna.

Recordaba también que ella, al sentir la caricia, se acercó hasta pegar su espalda con el pecho de él, mientras emitía un sonido entre suspiro y gemido, con esa sensualidad innata, que lo volvía loco.
Recordaba haber apagado la luz exactamente a las doce cuarenta y tres, y haberse dormido con una sonrisa en el rostro, sintiéndose el hombre más afortunado de todos, por tener entre sus brazos a aquella hermosa mujer, desde hacía tres años y un poco más...
Hasta ese amanecer en que la luz del día, que empezaba a colarse por la ventana, le mostró una almohada arrugada donde debía estar su cabeza, su cara, su pelo.
Y a su lado, donde debía estar el resto de su cuerpo, sólo quedaba una sábana hecha bola y un leve aroma a jazmín.
Se levantó como impulsado por cuatrocientos veintidós resortes y la buscó por toda la casa, aunque algo en su interior le decía...no, no le decía, le gritaba, que ella se había marchado, que nunca más volvería a verla.
Después de recorrer varias veces hasta el último rincón, se convenció de que ella realmente no estaba, realmente se había ido, realmente lo había dejado.
Se sentó en el borde de la cama, apoyando los codos en las rodillas y cubriéndose el rostro con las manos, mientra hacía un enorme esfuerzo por no llorar. Y por pensar ...

¿ Por qué ?
¿ Por qué se había ido ?
¿ Por qué no se había llevado su ropa ?
¿ Por qué ni siquiera se había llevado sus objetos personales ?
¿ Su cepillo de dientes, su teléfono, su bolso ?
Y más importante aún, ¿ A dónde se había ido ?
¿ Se había ido sola ?
Y si no, ¿ Con quién se había ido ?
¿ Regresaría ? ...
Casi inmediatamente que se hizo esa pregunta, supo la respuesta ...
Ella no regresaría.
¿ Cómo y por qué lo sabía ?
No podía explicárselo, mucho menos entenderlo, simplemente lo sabía.
En ese momento, sintió un fuerte dolor de cabeza, tan fuerte que pensó que la cabeza iba a rompérsele.
- ¡ Ahhg !, ¡ Carajo !, ¡ Qué dolor tan fuerte ! -
Cerró los ojos y apretó los párpados con fuerza , mientras se apretaba la cabeza con las manos.
Estuvo así durante unos pocos minutos hasta que sintió que el dolor desaparecía, con la misma rapidez con la que había llegado.
Abrió los ojos poco a poco, parpadeó varias veces, se los masajeó suavemente, los volvió a cerrar, apretó los párpados otra vez y los volvió a abrir ...
No, no era su imaginación, definitivamente tenía un problema con la vista.
Sí veía, y muy claramente, con mucha nitidez y detalle ...
Pero sin color...

Veía en blanco y negro.
Como si estuviera dentro de una película antigua, de esas del cine mudo que tanto le gustaban a ella y que habían visto juntos tantas veces.
No lo podía creer, tuvo que pellizcarse para convencerse de que no estaba soñando.
¿ Por qué veía en blanco y negro ?
¿ A dónde se había ido el color de su mirada ?
¿ Acaso ella se lo había llevado ?
Pero, ¿ Cómo ?
¿ Cómo era posible que algo así sucediera ?...
No se bañó, ni se lavó los dientes, ni siquiera se peinó.
Solamente se vistió a toda prisa y se fué a ver a su médico, quien escuchó su historia con expresión de total incredulidad, aunque lo examinó a fondo cuando él le aseguró que no había tomado ni fumado nada, y sobre todo, que no estaba loco ni estaba inventando aquello.
El médico no encontró absolutamente nada que explicara ó curara su rarísima afección.
Ni él, ni ninguno de tantos otros médicos, especialistas, psiquiatras, curanderos, chamanes, santeros, brujos, brujas, hechiceras, astrólogos y hasta nigromantes a quienes consultó buscando una cura para su mal.
Y nada ...

Ninguno pudo hacer nada para ayudarlo.
Conforme fueron transcurriendo los días se fué haciendo a la idea de ver pasar la vida en escala de grises...
Así pasó un año ...
A pesar de no haber vuelto a saber nada de ella, los recuerdos empezaron a inundar su cerebro, trayendo de regreso los momentos felices que vivieron juntos.
Momentos como los que pasaron en aquél tranquilo hotel del lago en la montaña, a donde fueron para celebrar su primer aniversario juntos. A ella le había encantado especialmente.
Tan intensos fueron los recuerdos, que decidió ir hasta allá, solo, para recordarla más vívidamente.
Pidió la misma habitación que habían ocupado aquella vez, pero no estaba disponible, así que se tuvo que instalar en otra. Durmió un rato y al despertarse, se dirigió al pequeño bar.
El lugar estaba prácticamente solo, a excepción del cantinero, a quien le pidió un whisky con agua mineral y un par de hielos.
Con su bebida en la mano, buscó con la vista dónde sentarse y entonces pasó...
Al posar la mirada en la mesa a la que recordaba se habían sentado, notó un cambio en su visión.
Sintió un nudo en el estómago por la emoción, aunque casi estaba seguro de que solamente lo había imaginado, pero después de abrir y cerrar los ojos varias veces, se convenció de que era real lo que veía. Todo lo que había en el bar seguía estando en blanco y negro, todo, menos una silla forrada de piel, que inexplicablemente, podía verla en color; pero lo más extraño era que había más sillas similares a esa, y el color sólo se apreciaba en aquélla.

Aún así, sintió una inmensa alegría porque creyó que por fin, su vista volvería a la normalidad.
Pero no fué así ...
Aunque alargó su estancia en el hotel, creyendo que tal vez el aire puro, la altura, la tranquilidad ó algo que ahí había le estaba ayudando a curarse, su vista no se recuperó del todo.
Seguía viendo en blanco y negro casi todo, sólo algunas cosas las veía a color.
Pensando que, peor es nada, regresó a su casa y a su rutina diaria.
Y de repente lo notó ...
Lo único que podía ver en color, era aquello que tenía una estrecha relación con ella.
Algo que le gustaba mucho, algo que había sido de su familia, algo que ella había hecho con sus propias manos; y así fué recorriendo la casa, descubriendo lo que podía ver en color, cuando se paró en seco, al recordar que también cuando estuvo en el hotel, lo que veía en color era lo que a ella más le había gustado;
el velero donde pasearon toda una tarde por el lago, las flores del camino que bordeaba al lago, la escalinata que subían jugueteando y que llevaba a su habitación, las mariposas que había por todos lados, los caballos que ella había montado, pero, ¿ Y la silla ?.
¡ Por supuesto !, ella decía que le gustaba sentarse siempre en esa silla, porque ahí estaba sentada cuando él le pidió casarse con ella ...

Aunque ella le había dicho que no, que no estaba lista para casarse, todavía.
Él no pudo menos que sonreir con amargura, ante tal ironía...
Desde que ella había desaparecido, había estado tratando de olvidarla.
Ahora no sólo su mente se la recordaría, ahora también lo haría su vista, si es que quería ver en color, porque solamente podía hacerlo con lo que se relacionaba con ella.
Por un momento pensó en irse a algún lugar donde ella no hubiera estado nunca, aunque eso implicara no ver nada en colores.
Pero no, no quería dejar de disfrutar del poco color que había ahora en su vida.
Una lágrima resbaló por su rostro, mientras trataba de hacerse a la idea de tener que vivir el resto de su vida, viendo en blanco y negro ... y recordando en colores ...