sábado, agosto 19, 2006

Vientooooo ...

Ella a veces llegaba del Este, a veces del Sur, incluso del Oeste, pero casi siempre llegaba del Norte ...
Del Norte ...
Llegaba soplando con fuerza, sacudiendo todo a su paso, haciéndose notar.
Ella era el viento ...
Ella era intensa, violenta, libre, inquieta, impredecible ...
Sobre todo impredecible ...
Nadie podía saber cuándo y dónde iba a aparecerse ... ni cómo iba a hacerlo.
Si iba a ser tierna, suave, melosa, cariñosa ... o si iba a ser intensa, destructiva, avasalladora, violenta.
Aún así , a pesar de todo eso, él la esperaba todos los días, a cualquier hora, en cualquier época del año ...
Él vivía para esperarla, para verla pasar, para verla llegar ...
Aunque no fuera a verlo a él, aunque sólo la viera un momento, aunque sólo la sintiera por un breve instante, cuando pasaba a su lado mientras se dirigía hacia el árbol de enfrente, donde ella se entretenía por horas, transformándose en suave brisa, recorriendo cada una de sus ramas, acariciando cada una de sus hojas, arrancándole susurros apasionados que él tenía que escuchar.
- Ssshhhhhhh - , - Huuuuuu - , - Sssshhhhh - , - Huuuuuu - .

Él hubiera querido poder irse de ahí, a cualquier lugar, lejos, donde no tuviera que ser testigo de aquél romance que tanto daño le causaba.
Pero no podía ...
Él estaba literalmente clavado a ese lugar ...
Él era un árbol .
Pero no un árbol joven, frondoso, fuerte, bien plantado, como su vecino.
Él no era más que un árbol viejo, deforme, ajado, con las raíces de fuera y con las ramas pelonas, sin hojas, sin retoños, sin vida.
Pero siempre la había amado...
Desde que era un pequeño brote que vivía casi a ras de suelo.
Desde que las primeras hojas brotaron en él y pudo entonces sentirla cuando pasaba, soplando, refrescando, acariciando.
Incluso cuando se violentaba y soplaba con fuerza, arrancando de raíz a algunos árboles, maltratando severamente a otros y causando daños por donde pasaba.
Aún entonces, él la justificaba, la defendía, la idolatraba...

Durante muchos años hizo el intento de seguirla, pero sus raíces, enterradas profundamente en el suelo, siempre se lo impidieron.
Trató de utilizar la fuerza de ella, cuando, en forma de ventarrón, azotaba y sacudía cuanto estuviera a su paso, inclinándose hacia donde ella soplaba, para desprenderse del suelo que lo aprisionaba y poder así, seguirla hacia donde ella se dirigiera, ó hasta donde ella lo llevara.
Pero no, nunca pudo hacerlo, nunca pudo seguirla, nunca logró dejar aquél sitio donde había nacido, crecido, madurado y donde seguramente iba a morir.
Morir ...
Ya sólo eso estaba esperando.
Sabía que faltaba muy poco para ello.
Se estaba secando ...
Desde hacía un par de años, no había crecido en sus ramas ni un solo retoño.
Las mariposas y abejas habían dejado de visitarlo.
Los insectos dañinos, que antes lo habían respetado, ahora se paseaban desvergonzadamente por su cuerpo, usándolo de refugio, bodega y guarida, a sabiendas de que las aves, que los mantenían a raya, lo habían abandonado a su suerte.
Las calandrias, los gorriones, los cenzontles y hasta los zanates, que habían sido, hasta hacía muy poco, habitantes de sus ramas, habían cambiado sus nidos a otros árboles que les ofrecieran mayor refugio contra el sol, la lluvia y el viento.

El viento ...
Ella era el viento ...

Ahora, ante la proximidad de la muerte, él recordaba claramente cuando era el preferido; cuando ella, de entre todos los árboles de la región, lo eligió como su amante, su desliz, su aventura.
Su aventura ...
Solamente su aventura porque ella era el viento, siempre libre, impredecible, caprichosa, aventurera y peligrosa.
Aunque él siempre lo supo, aunque ella siempre fué sincera, él siempre albergó la esperanza de llegar a ser para ella su pasión, su refugio, su todo.
Pero no, no fué así ...
Ahora, muchos años después, justo en primavera, ella había elegido a alguien más...
Un árbol joven, fuerte, bien plantado.
Que, para su mala suerte, había crecido a unos cuantos metros enfrente de él.

Y ahora...
Precisamente ahora, cuando él sentía cómo la última de sus ramas que aún vivía se secaba, la sintió pasar...
No a un costado, como acostumbraba pasar últimamente, sino de frente, de lleno, atravesándolo.
Y la sintió tibia, y fresca, y amable.
Y por un instante creyó que ella había regresado con él, para jugar a hacer remolinos que sacudían su follaje y le quitaban las hojas secas , para cantar juntos las canciones que salían de sus ramas cuando ella las atravesaba, dejándose acariciar por cada una de sus hojas, para ...
No, ella no había regresado.
Pasó a través de él, pero iba hacia el árbol de enfrente.

Él tuvo que presenciar, una vez más, cómo ella jugueteaba con el otro árbol, tal y como lo había hecho con él durante tanto tiempo ...
Y entonces pasó ... Él sintió que, desde lo más profundo de sus entrañas, desde la savia misma, brotaban gotas de agua que, al salir, le causaban un intenso dolor ...
Pero no era un dolor físico, era un dolor del alma.
Y tampoco eran gotas de agua, eran lágrimas que escurrían por sus ramas desnudas, mientras él se iba secando, mientras él se iba muriendo, mientras él la llamaba bajito ... vientooooo, vientooooo ...






sábado, agosto 12, 2006

Buscando Hadas ...

Él ya había oído hablar de las hadas, pero no le interesaba mucho el tema.
Es cierto que él era un poco fantasioso, sin embargo, creer en la existencia de seres diminutos con apariencia humana y con alas, le parecía demasiado, sobre todo, porque de un tiempo a la fecha, se empezaba a sentir viejo, cansado, desganado y falto de imaginación.
Una noche en que el aburrimiento amenazaba con apoderarse de él, recordó que, en muchos de los blogs que había visitado, mencionaban a las hadas, incluso recordaba haber visto, en algunos de ellos, vínculos hacia páginas completas dedicadas a éste tema.
Decidió echarles un vistazo.
- Para matar el aburrimiento - , se dijo.
Así que, escribió Hadas en el buscador de Google y quedó atónito al ver la enorme cantidad de opciones que arrojó la búsqueda ( 3' 520, 000 , para ser exactos ).
Solamente entró a algunas de éstas páginas para dar un rápido recorrido y conocer un poco más sobre los elementales, los seres de luz, o sea , las hadas.
La información que ahí encontró, no era uniforme, variaba de página a página, aunque algunos datos sí concordaban casi en todas, como la clasificación, el origen, los primeros avistamientos, entre otras cosas.
Conforme leía, se fué interesando más y más en el tema.
De la gran cantidad de información que había encontrado, algo llamó poderosamente su atención ...
De acuerdo a la mayoría de los autores de libros, artículos y páginas web sobre las hadas, éstas tenían una fuerte correlación con el agua, el aire, el fuego y la tierra.
La tierra ... y los bosques ... y los hongos.
Los hongos ...
Esa parte le interesó especialmente.
Él vivía cerca de un pequeño bosque donde recordaba haber visto algunos hongos...
El espíritu aventurero que residía dentro de él, empezó a despertarse.
Una idea estuvo dando vueltas en su mente por varios días.

Un sábado en la noche, por fin se decidió...
Iría hasta donde había visto los hongos, para fotografiarlos ... y para examinarlos en busca de alguna pista, alguna señal, alguna huella, algo, cualquier cosa que le insinuara que el lugar era visitado por las hadas.
Y por qué no, tal vez con un poco de suerte podría fotografiar alguna, tal y como supuestamente lo hicieran Elsie Wright y su prima, Frances Griffith, en Cottingley, condado de Bradford, Yorkshire, Inglaterra , en el año de 1918.
Su imaginación le mostró varios escenarios distintos donde él era aclamado y reconocido por haber obtenido las primeras imágenes de hadas reales, sin lugar a dudas, sin trucos , sin polémica.
Con todo ésto en mente, llenó una mochila con tres botellas de agua, cuatro barras energéticas, una barra de chocolate con almendras y un puño de pistaches; también revisó la carga de la pila de su cámara, acomodó ésta en su estuche, guardó el trípode en su funda, agregó un par de bolsas plásticas para cubrir la cámara en caso de lluvia, un impermeable y un sombrero y, por fin, en la madrugada del domingo, emprendió la marcha hacia el bosque con la emoción como compañera de aventuras.
Llegó a los linderos del bosque a eso de las seis de la mañana.
Todavía no amanecía, pero eso no le importó.
Encendió una linterna que había agregado a última hora, y empezó a caminar internándose en la espesura.
Al cabo de hora y media de camino, con el sol empezando su recorrido diario por el cielo, llegó al sitio donde había visto los hongos que andaba buscando.
Los vió desde unos seis metros antes de llegar, en un pequeño claro donde se filtraban unos pocos rayos de luz solar, que realzaban los colores naturales de las distintas variedades de hongos que ahí crecían; rojos, blancos, cafés, tintos...
A partir de ahí, avanzó muy despacio, semi agachado y con la cámara lista para disparar.
Así llegó hasta donde crecía el primer grupo.
Se tiró de panza al suelo y, siempre con la cámara en mano, se asomó debajo de ellos, buscando algo, no sabía qué, pero estaba seguro de saberlo cuando lo viera.
Tomó algunas fotos...
Había leído que algunas hadas vivían precisamente debajo de los hongos, así que ...
Buscó debajo de todos y cada uno de los hongos que ahí había y nada, ni rastro de otra cosa que no fuera tierra, restos de madera podrida, hojas en diferente estado de descomposicion y uno que otro insecto que no se mostró muy contento con un intruso metiendo la nariz en su territorio.
Tan absorto estaba en su inspección, que no escuchó los pasos de Esteban, un campesino que vivía cerca del lugar y que se acercaba con el ceño fruncido y un gesto de extrañeza al verlo tendido cuan largo era, con la cara casi pegada al suelo tratando, al parecer, de asomarse debajo de los hongos que él pensaba recolectar para la comida de ese día.
Lo estuvo observando por unos minutos, tratando de entender lo que veía, pero no pudo, así que decidió preguntarle :
- ¡ Oiga amigo ! , ¡ Buenos días !, ¿ Se puede saber qué está usté haciendo ? - .
Al escuchar aquéllo, él se sobresaltó visiblemente, volteó hacia donde provenía la voz y al ver a Esteban, se levantó sacudiéndose la ropa, mientras le contestaba.
- Buenos días. Estoy mirando debajo de éstos hongos buscando algún indicio de las ha..., digo, para ver si son comestibles, je. -
Cambió su respuesta por temor a que el desconocido se burlara de él.
Seguramente no entendería que un adulto anduviera buscando seres de fantasía, que además eran protagonistas de cuentos para niños.
- ¡ Ah ! , bueno, pos mire qué casualidá, yo vine hasta acá porque recordé que hace unos días, había visto ese montón de hongos, pero como estaban muy chiquitos, no me los llevé, los dejé para que crecieran un poco más, pensando en venir por ellos después.
Pero como usté llegó primero, pos ni modo, son suyos, ¿ Quiere que le ayude a cortarlos ? -
- No, gracias, contestó él, yo solamente tenía curiosidad. Mejor lléveselos usted.
Además, yo no sabría prepararlos - .
Esteban se quedó pensando unos instantes, y le dijo :
- Mire amigo, vamos haciendo ésto, los cortamos y se los llevamos a mi mujer que, no es por presumir, pero los prepara de chuparse los dedos. Además, mientras esperamos a que estén listos, nos echamos un tequilita que tengo guardado esperando tener con quién compartirlo, porque no me gusta tomar solo.
Entonces qué, ¿ Vamos ?. -
Él lo pensó sólo un poco, y como no tenía nada más importante qué hacer ese día, y como Esteban insistía en su invitación, y como ya había tomado las fotos de los hongos, y como tenía curiosidad por probarlos, pues aceptó.

Una hora después, llegaron a la casa de Esteban con unos veinte hongos en una bolsa y se los entregaron a su mujer. Se llamaba Sofía, supo él, después que los presentaron.
- Vamos sentándonos aquí -, dijo Esteban, mientras le ofrecía una silla de la mesa de la cocina.
Trajo la botella de tequila, dos limones, un platito con sal y dos vasos. Sirvió una generosa cantidad en cada uno, le pasó uno a él y le dijo, - ¡ Salud amigo!, ¡ Por el gusto de haberlo conocido ! -
- ¡ Salud ! - , contestó él, al tiempo que chocaba su vaso con el de su amable anfitrión.
Esteban empezó a platicarle sobre sus tierras, las más fértiles de la región; su perro, el mejor rastreador de todos los que conocía; su caballo que ahora estaba lastimado, pero era el más veloz de la comarca...
Él se limitaba a asentir con la cabeza y a pronunciar un distraído - ¡ Ajá ! -, de vez en cuando.
No le ponía mucha atención a la plática, por fijarse cómo preparaba los hongos la señora Sofía...

Los limpió muy bien con un trapo húmedo, después los cortó en trocitos.
Picó una cebolla, un poco de tocino, dos chiles verdes, dos tomates grandes y un diente de ajo.
Luego, puso una cacerola en la lumbre de la estufa y en cuanto estuvo caliente le echó un par de cucharadas de manteca de cerdo.
Esperó a que la manteca cambiara de color, para agregar el ajo y la cebolla.
Unos momentos después, echó el tocino.
Con una pala de madera, le movía de vez en cuando, - para evitar que se pegue - , pensó él.
Cuando el tocino estaba empezando a dorarse, agregó el tomate, los chiles y los hongos, agregó sal y un poquito de pimienta.
Los dejó cocinarse unos diez minutos a fuego bajo, sin olvidarse de moverlos de tiempo en tiempo...

El olor que impregnó la cocina, y la casa, y el olfato de él, era exquisito.
Ya estaba impaciente por probar aquél guiso de hongos.
De las hadas ya ni se acordaba...
- ¡ Listo ! - , dijo la señora al tiempo que ponía sobre la mesa la cacerola humeante, un canasto pequeño con un montón de tortillas y una salsa picante recién hecha.
- ¡ Ándele amigo !, ¡ Pruébelos ! - , le dijo Esteban.
Eso era lo que él estaba esperando para empezar a comer.
Agarró una tortilla, le puso un poco del guiso de hongos, lo aderezó con una cucharada de salsa y se lo llevó a la boca, no sin antes soplarle un par de veces, porque aquello estaba bastante caliente.
- ¡ Mmmmhh ! - . No pudo evitar exclamar.
Aquél sabor que inundaba su boca era lo más delicioso que hubiera probado jamás.
Se sirvió otro taco, y otro, y otro, y otro más, así hasta que la cacerola quedó completamente vacía.
- ¿ Qué le parecieron ?, buenos, ¿ No ? - , le preguntó Esteban, limpiándose los bigotes.
- Buenos no, ¡ Buenísimos ! , ¡ Deliciosos ! , ¡ Muchas gracias por invitarme ! , y a usted señora Sofía, por cocinar algo tan sabroso. Es usted una excelente cocinera - , contestó él, eufórico por la comilona y los tequilas que llevaba ingeridos.
Todavía se quedó un par de horas más en aquella casa donde lo habían atendido tan bien.
La botella de tequila se había terminado hacía ya un rato, pero Esteban había sacado otra que tenía escondida en el armario, para que su mujer no la viera, porque a ella no le gustaba mucho que tomara.
La tarde iba cayendo, en unas dos horas más obscurecería...
- Es hora de irme - , dijo él .
Agradeció una vez más a sus nuevos amigos todas sus atenciones, cargó sus cosas y emprendió el regreso hasta donde había dejado su automóvil.
Siguió el mismo sendero por el que habían llegado, así que pasó por donde, hasta esa mañana, habían estado los hongos que había fotografiado y que ahora iban en su estómago.
Los hongos ... las hadas ...
De pronto recordó a qué había ido hasta allá, originalmente.
Se quedó parado viendo hacia el suelo, en el lugar preciso donde habían cortado los hongos, sintiendo una especie de remordimiento, un sentimiento de culpa ... y entonces lo escuchó ...
Era un sonido como un murmullo, que parecía venir de todas partes al mismo tiempo.
Se quedó sin moverse y sin hacer ningún ruido, para intentar ubicar de dónde provenía ese sonido, que se iba haciendo un poco más fuerte.
No podía ubicarlo, pero empezaba a distinguirlo mejor.
Parecía como si muchas personas lloraran al mismo tiempo, como un sollozo grupal, como un triste lamento multitudinario.
Él sintió de repente mucha tristeza, pero realmente mucha, al grado de sentir unas incontrolables ganas de llorar.
El sonido aquél, seguía escuchándose. Y se oía más triste cada vez.
- ¿ Será por los tequilas que me tomé ? - , se preguntó.
Decidió irse de ahí lo más rápido posible.
Casi corrió hasta donde estaba su vehículo.
Se subió en él y rápidamente tomó la carretera que lo llevaría hasta su casa.

Nunca le contó a nadie su experiencia.
Pensó que nadie le iba a creer.
A veces ni él mismo lo creía.
Pero por si acaso, nunca más volvió a comer hongos, ni siquiera los champiñones que vendían enlatados en los supermercados y que tanto le gustaban.
No quería volver a quitarle su hogar a ningún hada.
No quería volver a sentir la profunda tristeza que lo había embargado aquél día.
Pero sí pensaba, después de un tiempo, volver al bosque, donde hubiera hongos, para seguir buscando hadas ...





jueves, agosto 03, 2006

PAZ ...

Sin que importe el color,
démonos todos las manos,
para entonar a una voz,
éste canto como hermanos.

Que haya PAZ en éste mundo,
que se acabe la maldad,
que no existan poderosos
y por siempre haya igualdad.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de amor,
que no existan las tristezas
ni las penas, sólo amor.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de PAZ,
que lo escuche todo el mundo
y nos ayude a cantar.

No dejemos que en la Tierra,
haya discriminación,
si todos somos iguales,
somos un solo corazón.

Heredemos a los niños,
un mundo que viva en PAZ,
donde todos sean amigos,
donde reine la amistad.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de amor,
que no existan las tristezas,
ni las penas, sólo amor.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de PAZ,
que lo escuche todo el mundo
y nos ayude a cantar.


Imagen: Nieu Wenhuysen
Ésta es la letra de una sencilla canción que escribí para un concurso, cuando estudiaba la secundaria, hace ya bastantes años.
Hoy la quise poner aquí, para expresar mi preocupación por las personas que están viviendo en éstos días, la manifestación más brutal e indignante de la estupidez humana: La Guerra.
Es muy triste darse cuenta que la intolerancia, el egoísmo y la irracionalidad del ser humano, lo lleven al extremo de auto-destruirse.
Y lo peor de todo es el sufrimiento que causa entre los más inocentes, los niños, cuya única culpa es vivir donde los adultos han decidido que la destrucción y la muerte, son la solución a sus problemas.
Pobres niños...
Desgraciadamente lo único que puedo hacer es publicar ésto, tal y como lo han hecho ya, muchas personas desde diferentes lugares del mundo, en diferentes idiomas, pero con el mismo mensaje :
PAZ ...

miércoles, julio 12, 2006

Recordando en colores ...

Una noche de primavera, ella simplemente desapareció ...
Él recordaba haberse dormido abrazando su cuerpo semidesnudo, tibio y perfumado, con una mezcla de jazmín y aroma de mujer.
Recordaba claramente el lazo color de rosa que sujetaba su pelo.
Recordaba el color de la tanga que ella usaba esa noche ( negra con un moñito rojo al frente ).
Recordaba haber besado la parte de atrás de su cuello, precisamente a la altura de la primera vértebra de su columna.
Recordaba también que ella, al sentir la caricia, se acercó hasta pegar su espalda con el pecho de él, mientras emitía un sonido entre suspiro y gemido, con esa sensualidad innata, que lo volvía loco.
Recordaba haber apagado la luz exactamente a las doce cuarenta y tres, y haberse dormido con una sonrisa en el rostro, sintiéndose el hombre más afortunado de todos, por tener entre sus brazos a aquella hermosa mujer, desde hacía tres años y un poco más...
Hasta ese amanecer en que la luz del día, que empezaba a colarse por la ventana, le mostró una almohada arrugada donde debía estar su cabeza, su cara, su pelo.
Y a su lado, donde debía estar el resto de su cuerpo, sólo quedaba una sábana hecha bola y un leve aroma a jazmín.
Se levantó como impulsado por cuatrocientos veintidós resortes y la buscó por toda la casa, aunque algo en su interior le decía...no, no le decía, le gritaba, que ella se había marchado, que nunca más volvería a verla.
Después de recorrer varias veces hasta el último rincón, se convenció de que ella realmente no estaba, realmente se había ido, realmente lo había dejado.
Se sentó en el borde de la cama, apoyando los codos en las rodillas y cubriéndose el rostro con las manos, mientra hacía un enorme esfuerzo por no llorar. Y por pensar ...
¿ Por qué ?
¿ Por qué se había ido ?
¿ Por qué no se había llevado su ropa ?
¿ Por qué ni siquiera se había llevado sus objetos personales ?
¿ Su cepillo de dientes, su teléfono, su bolso ?
Y más importante aún, ¿ A dónde se había ido ?
¿ Se había ido sola ?
Y si no, ¿ Con quién se había ido ?
¿ Regresaría ? ...
Casi inmediatamente que se hizo esa pregunta, supo la respuesta ...
Ella no regresaría.
¿ Cómo y por qué lo sabía ?
No podía explicárselo, mucho menos entenderlo, simplemente lo sabía.
En ese momento, sintió un fuerte dolor de cabeza, tan fuerte que pensó que la cabeza iba a rompérsele.
- ¡ Ahhg !, ¡ Carajo !, ¡ Qué dolor tan fuerte ! -
Cerró los ojos y apretó los párpados con fuerza , mientras se apretaba la cabeza con las manos.
Estuvo así durante unos pocos minutos hasta que sintió que el dolor desaparecía, con la misma rapidez con la que había llegado.
Abrió los ojos poco a poco, parpadeó varias veces, se los masajeó suavemente, los volvió a cerrar, apretó los párpados otra vez y los volvió a abrir ...
No, no era su imaginación, definitivamente tenía un problema con la vista.
Sí veía, y muy claramente, con mucha nitidez y detalle ...
Pero sin color...
Veía en blanco y negro.
Como si estuviera dentro de una película antigua, de esas del cine mudo que tanto le gustaban a ella y que habían visto juntos tantas veces.
No lo podía creer, tuvo que pellizcarse para convencerse de que no estaba soñando.
¿ Por qué veía en blanco y negro ?
¿ A dónde se había ido el color de su mirada ?
¿ Acaso ella se lo había llevado ?
Pero, ¿ Cómo ?
¿ Cómo era posible que algo así sucediera ?...
No se bañó, ni se lavó los dientes, ni siquiera se peinó.
Solamente se vistió a toda prisa y se fué a ver a su médico, quien escuchó su historia con expresión de total incredulidad, aunque lo examinó a fondo cuando él le aseguró que no había tomado ni fumado nada, y sobre todo, que no estaba loco ni estaba inventando aquello.
El médico no encontró absolutamente nada que explicara ó curara su rarísima afección.
Ni él, ni ninguno de tantos otros médicos, especialistas, psiquiatras, curanderos, chamanes, santeros, brujos, brujas, hechiceras, astrólogos y hasta nigromantes a quienes consultó buscando una cura para su mal.
Y nada ...
Ninguno pudo hacer nada para ayudarlo.
Conforme fueron transcurriendo los días se fué haciendo a la idea de ver pasar la vida en escala de grises...
Así pasó un año ...
A pesar de no haber vuelto a saber nada de ella, los recuerdos empezaron a inundar su cerebro, trayendo de regreso los momentos felices que vivieron juntos.
Momentos como los que pasaron en aquél tranquilo hotel del lago en la montaña, a donde fueron para celebrar su primer aniversario juntos. A ella le había encantado especialmente.
Tan intensos fueron los recuerdos, que decidió ir hasta allá, solo, para recordarla más vívidamente.

Pidió la misma habitación que habían ocupado aquella vez, pero no estaba disponible, así que se tuvo que instalar en otra. Durmió un rato y al despertarse, se dirigió al pequeño bar.
El lugar estaba prácticamente solo, a excepción del cantinero, a quien le pidió un whisky con agua mineral y un par de hielos.
Con su bebida en la mano, buscó con la vista dónde sentarse y entonces pasó...
Al posar la mirada en la mesa a la que recordaba se habían sentado, notó un cambio en su visión.
Sintió un nudo en el estómago por la emoción, aunque casi estaba seguro de que solamente lo había imaginado, pero después de abrir y cerrar los ojos varias veces, se convenció de que era real lo que veía. Todo lo que había en el bar seguía estando en blanco y negro, todo, menos una silla forrada de piel, que inexplicablemente, podía verla en color; pero lo más extraño era que había más sillas similares a esa, y el color sólo se apreciaba en aquélla.
Aún así, sintió una inmensa alegría porque creyó que por fin, su vista volvería a la normalidad.
Pero no fué así ...
Aunque alargó su estancia en el hotel, creyendo que tal vez el aire puro, la altura, la tranquilidad ó algo que ahí había le estaba ayudando a curarse, su vista no se recuperó del todo.
Seguía viendo en blanco y negro casi todo, sólo algunas cosas las veía a color.
Pensando que, peor es nada, regresó a su casa y a su rutina diaria.
Y de repente lo notó ...
Lo único que podía ver en color, era aquello que tenía una estrecha relación con ella.
Algo que le gustaba mucho, algo que había sido de su familia, algo que ella había hecho con sus propias manos; y así fué recorriendo la casa, descubriendo lo que podía ver en color, cuando se paró en seco, al recordar que también cuando estuvo en el hotel, lo que veía en color era lo que a ella más le había gustado;
el velero donde pasearon toda una tarde por el lago, las flores del camino que bordeaba al lago, la escalinata que subían jugueteando y que llevaba a su habitación, las mariposas que había por todos lados, los caballos que ella había montado, pero, ¿ Y la silla ?.
¡ Por supuesto !, ella decía que le gustaba sentarse siempre en esa silla, porque ahí estaba sentada cuando él le pidió casarse con ella ...
Aunque ella le había dicho que no, que no estaba lista para casarse, todavía.

Él no pudo menos que sonreir con amargura, ante tal ironía...
Desde que ella había desaparecido, había estado tratando de olvidarla.
Ahora no sólo su mente se la recordaría, ahora también lo haría su vista, si es que quería ver en color, porque solamente podía hacerlo con lo que se relacionaba con ella.
Por un momento pensó en irse a algún lugar donde ella no hubiera estado nunca, aunque eso implicara no ver nada en colores.
Pero no, no quería dejar de disfrutar del poco color que había ahora en su vida.
Una lágrima resbaló por su rostro, mientras trataba de hacerse a la idea de tener que vivir el resto de su vida, viendo en blanco y negro ... y recordando en colores ...

miércoles, julio 05, 2006

Asomándome ...


Siempre le pedí que me dejara entrar a su corazón...
Una y otra vez,
y una vez más,
varias veces al día,
durante varios días,
casi todos los días...

Se lo pedí como en broma,
se lo pedí muy en serio,
se lo pedí con vehemencia,
se lo susurré al oído,
se lo pedí cantando,
incluso alguna vez se lo rogué llorando...

Un día, otro día,
al día siguiente,
y al otro también...

Le llevé serenata varias veces,
pidiéndole lo mismo,
cantándole lo mismo,
que me dejara entrar a su corazón ...

¿ Para qué ?
- Me preguntó por fin un día -

Para hacerme un lugar,
- Le contesté -

No creo que encuentres ese lugar que quieres,
pues mi corazón está lleno,
- Me dijo -
mientras me miraba con esa mirada húmeda y profunda
que yo tanto amaba.

¿ Lleno ?.
Pero... ¿ Lleno de qué ?.
- Le pregunté, sintiendo que me faltaba el aire -

Lleno de amor por alguien más .
- Fué su respuesta -

Respuesta que no esperaba
( ¡ Mentira !, ¡ Sí la esperaba ! ),
respuesta que no quería escuchar,
respuesta que temía,
respuesta que confirmaba mis pesadillas y temores.

Ella amaba a alguien que no era yo...

No recuerdo muy bien qué pasó después...

Sólo recuerdo que sus manos siempre suaves y tibias
se sentían frías y ásperas,
mientras tomaba mi rostro entre ellas,
obligándome a mirarla a los ojos...

¡ Mírame !
- Me decía -
¡ Mírame te digo !
- Me volvió a decir casi gritando -

Debes saber que es muy peligroso andarse asomando al corazón de las personas,
- siguió diciendo - ,
porque puedes encontrar muchas cosas que no te gustarán,
que te parecerán desagradables, inapropiadas, incomprensibles,
dolorosas incluso...

Un par de lágrimas escurrían por sus mejillas al decirme eso...

¡ No me importa !,
- Le dije, clavándole la mirada -
¡ Quiero hacerlo !, ¡ Debo hacerlo !, ¡ Debes dejarme hacerlo !...

Sus ojos se anegaron mientras me preguntaba :
¿ Realmente quieres asomarte a mi corazón ?,
¿ Realmente quieres hacerlo ?
¿ Crees estar preparado para lo que puedes encontrar dentro ?
¿ Aún si lo que encuentras no es lo que buscas ?
¿ Aún si te causa dolor lo que encuentres ?
¿ Aún si no hay lugar para tí ?

Aún así, quiero entrar,
- contesté -
ya estando dentro, buscaré un lugar donde acomodarme,
un recoveco donde refugiarme,
un pliegue debajo del cual guarecerme,
un espacio mínimo donde acecharé el momento propicio
para invadir tu alma con la calidez de mi amor,
un rinconcito donde aguardar el momento propicio
para arropar tu alma y tu cuerpo con la pasión
acumulada durante todo éste tiempo,
un sitio desde donde ...

¡ Espera !, ¡ Espera !,
- Me interrumpió - ,
Está bien, te dejaré entrar, pero no me hago responsable
de lo que pueda suceder después...

Y entré...
Sí, así es, por fin pude entrar a aquél lugar con el que tanto soñé,
por fin pude asomarme a las profundidades de su corazón,
a la esencia de su ser,
al rincón más oculto de su intimidad,
donde se encontraban sus sentimientos más intensos y profundos.

Y busqué un lugar para mí ...
Y no lo encontré ...
Y volví a buscar ...
Y tampoco encontré cabida para mí ...
Pero seguí buscando ...
Revisé cada rincón, cada espacio, cada recoveco, cada pliegue ...
Y fué en vano, no pude encontrar un mínimo espacio donde pudiera caber
todo aquello que tenía para darle ...
Era tanto ...
Y no había espacio ...
Ni esperanza de que lo hubiera ...

Pero seguí intentando ...
Seguí buscando ...
Y volví a intentarlo ...
Una vez ...
Y otra vez ...
Una vez más ...
Y otra más ...

Hasta que me convencí de que realmente no había cabida en su corazón para mí ...
Hasta que acepté que su corazón estaba totalmente ocupado ...
Hasta que no pude volver a intentarlo ...
Hasta que el esfuerzo se volvió doloroso ...
Y el dolor se volvió insoportable ...

Ya han pasado algunos años desde aquello y aún no lo supero totalmente ...
De vez en cuando tengo la inquietud de buscarla
y volver a intentar asomarme a su corazón,
para buscar un lugarcito donde acomodarme ...
Un rincón desocupado donde estar esper ...
¡ Bah !
¡ Es inútil !

Mejor seguiré asomándome al corazón de las flores que fotografío ...
Es más seguro ...
Además, casi puedo ver el de ella
en cada rincón, cada espacio,
cada recoveco, cada pliegue
del centro de cada flor que logro capturar con mi cámara ...

¡ Click !









domingo, junio 18, 2006

El padre...

Por favor, antes de leer, presionar play para que se cargue el sonido...



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Oye negra, ¿ Te puedo hablar ?
ya los chicos se han dormido,
así que deja el tejido
que después te equivocas.

Hoy te quiero preguntar,
por qué motivo las madres
amenazan a sus hijos
con ese estribillo fijo
de ¡ Ah, cuando venga tu padre !.

Y con tu padre de aquí
y con tu padre de allá,
resulta de que al final
al verme llegar a mí,
lo ven entrar a Caín
y escapan por todos lados.

Y yo, que vengo cansado
de trabajar todo el día,
recibo de bienvenida
una lista de acusados.

Tú empiezas con tus quejas
y yo tengo que enojarme
igual que hacía mi padre
al escuchar a mi vieja,
entraba a fruncir la ceja
apoyando a ese fiscal,
que en medio del temporal
se erigía en defensora,
lo mismo que tú ahora
que siempre me dejas mal.

Si los perdono,
¡ Qué ejemplo !, ¿ Es así como los educas ?.
Si los castigo,
¡ Eres bruto !, ¡ No tienes sentimientos !.

A mí, a mí que llegué contento
y no tuve más remedio
que poner cara de serio
y escuchar tu letanía,
a mí, a mí que me paso el día
pensando en jugar con ellos.

Yo sueño en llegar a casa
y olvidarme felizmente del trabajo,
de la gente y de todo lo que pasa.

Los hijos son la esperanza
y el por qué de nuestras vidas,
por eso nunca les digas,
¡ Ah, cuando venga tu padre !.

No quiero encontrar culpables,
quiero encontrar alegría,
que no me pongas de escudo
como lo hacía mi madre,
que consiguió que a mi padre
lo imaginara un verdugo.

Él llegaba y te aseguro
que se acababan las risas
y en lugar de una caricia
o hablarle como a un amigo,
lo miraba compungido
presintiendo una paliza.

Y el pobre, que me entendía,
sacudiendo la cabeza
escuchaba con tristeza
lo que mi madre decía
y que él, de sobra sabía.

¡ Que con éste no se puede !,
¡ Que me pinta las paredes !,
¡ Que trajo las suelas rotas !,
¡ Que la calle, la pelota !,
¡ Que me saca canas verdes !.

¡ A la cama sin cenar !,
aburrido me ordenaba,
mi madre me consolaba y yo,
y yo lo culpaba a él.

A él que había llegado
recién de trabajar, cansado
y ya lo había yo amargado
con todas mis travesuras.

Los hijos nunca analizan
el sentimiento del padre,
porque el brillo de la madre
es tan fuerte, que lo eclipsa,
sólo le hacemos justicia
cuando nos toca vivir
a nosotros su problema.

¡ Ay !, Si mi padre viviera,
¡ Qué recién lo comprendí !

Y, ¿ Por qué nunca me dijo
lo mucho que me quería ?
Si hoy yo sé cuánto sufría
al ver enfermo a su hijo,
porque me miraba fijo
el primer pantalón largo
y sé que, hasta me habrá besado
cuando yo estaba dormido.

Hoy, que todo lo comprendo,
¿ Por qué no estás a mi lado ?,
Por qué no estás ahora
para besarte bien fuerte, viejo lindo,
y ofrecerte mi cariño
a todas horas,
ves a tu hijo que llora,
pero llora con razón,
porque te pide perdón
pensando en aquellos días,
en que ciego no veía
que eras puro corazón.

Déjame negra, que llore,
¡ Es tan lindo desahogarse !.

En fin, veamos qué hacen
nuestros futuros señores,
¡ Mira esos pantalones !,
¡ Tápale un poco a la nena !,
sí, sí, ya sé, no me lo digas,
hoy se fué a la calle sola.
Acuéstate, rezongona,
mañana, mañana será otro día...

Autor : Héctor Gagliardi.

Declamador : José Francisco Stanley.


Hoy, 18 de Junio, se celebró acá en México, el Día de Padre , por esa razón me permití tomar prestado éste poema, para felicitar afectuosamente a todos los padres en su día.
¡ Muchas Felicidades !

Sobre todo a tí, Papá, aunque no sé exactamente dónde vives y tampoco sé si leerás ésto...
Ojalá que estés bien y, ¡ Gracias !, por haber puesto en mis manos mi primer libro y mi primera cámara .
Gracias también por los buenos momentos vividos cuando estabas con nosotros.
Te deseo lo mejor en esa nueva etapa de tu vida.
Sinceramente :
Aquiles.

lunes, junio 12, 2006

Mirando al cielo...






Ella siempre supo que era diferente...
El espejo se lo decía todos los días...
El espejo, y todos los hombres que se encontraba en la calle.
Incluso algunas mujeres se lo dijeron también.

Era diferente porque era hermosa.
Realmente hermosa.
Su hermosura era tal, que era imposible que pasara inadvertida.

Su hermosura siempre resaltaba.
Su hermosura siempre la destacó.

Pero también la alejó de los demás.








Esa belleza y ese porte impactaban, impresionaban, intimidaban.
Siempre se rodeó de una barrera de autosuficiencia e indiferencia que, como si fueran espinas, la protegieron de los demás.
La apartaron de todos.
Y de todo.






Siempre estuvo sola.
Sola con su orgullo.
Sola con su altivez.
Sola con su indiferencia.
Sola con su belleza.

Siempre creyó ser mejor que cualquiera.
Siempre creyó ser más importante que cualquiera.
Siempre creyó merecer más que cualquiera.
Siempre se creyó fuera de lugar.
Siempre creyó que se iría de ahí, hacia una vida mejor.





Pero esa vida nunca llegó...

Ella siempre se quedó ahí.
Esperando....


Con su belleza.
Con su porte.
Con su indiferencia.
Con su elegancia.
Con su altivez.
Con todo eso...




Pero sola...

Y yo ahí.
Desde lejos.
Mirándola.
Admirándola.
Deseándola.
Rondándola...



Pasó el tiempo...
Intenté irme de ahí, a recorrer el mundo.
Para intentar ser alguien.
Para tratar de olvidarla.
Para alejarme de ella.
Para dejar de pensarla.


Pero fué en vano...



Todavía la pienso.
Todavía la sueño.
Todavía la añoro.
Todavía la deseo.


Y todavía la veo.

Bella.
Hermosa.
Pero sola.
Muy sola.

Con la mirada perdida,
como si esperara algo,
ó a alguien,
viendo sin ver,
pero mirando siempre,
siempre mirando,
mirando al cielo...












miércoles, junio 07, 2006

Autorretratos...

En la vida de todo autor, invariablemente, llega un momento en que decide que es tiempo de salir del anonimato, que es el momento de darse a conocer, que el pseudónimo ya no refleja con fidelidad su personalidad, su interpretación del mundo, su forma de ser, su declaración de identidad...
Es entonces cuando decide que es tiempo de mostrarse tal cual es, sin tapujos, sin disfraces, sin caretas, sin antifaces.
Su yo interno le dice, ¡ muéstrate !, ¡ ya es tiempo de que te conozcan !, ¡ debes hacerlo !.
Y yo no soy la excepción.
Mi voz interior me dijo que era el momento de dar la cara, de salir del escondite, de asomar la cabeza y decir, ¡aquí estoy !, ¡ ésto soy yo !, ¡éste soy yo !...
Y aquí estoy...
Ésto soy yo...
Éste soy yo...
Pero para mí no es tan fácil mostrarme tal cual soy.
¿ Por qué ?, muy simple...
No siempre soy el mismo, no siempre me comporto igual, no siempre reacciono de la misma manera.
Soy, he sido y seré un ser cambiante, adaptable y complicado, escéptico y curioso, apasionado y erótico...
Por eso decidí mostrar aquí los tres autorretratos que pueden resumir mi forma de ser...





Éste es el primero...
Aquí pueden ver la imagen que muestro todos los días, mi marca personal, la cara que muestro al mundo...
¿ Mal encarado ?, ¡ Sí !...
¿ Serio ? , ¡ un poco ! ...
¿ Mal genio ? , ¡ a veces !...
¿ Mala persona ? , ¡ creo ( y espero ) que no ! ...








Éste es el segundo...
Ésta es la cara que pongo cuando alguien me quiere impresionar o intimidar con historias de hazañas y logros inverosímiles, inalcanzables e inconcebibles.
Dicho de otra manera, es mi expresión de respuesta a la presunción, a la prepotencia y a la intolerancia.
Es mi expresión de : ¿ En serio ?, ¿ Todo eso pasó ?, ¿ Todo eso eres ?, ¿ Todo eso me puede pasar ?...






















Éste es el tercero... y el más importante...
El más importante porque es la cara que pongo cuando veo a una mujer que me gusta...
Es el autorretrato de la pasión, la excitación, la vehemencia, el deseo, el frenesí, el ardor, el delirio, la fogosidad, que se resumen en ésta expresión...
Ojos entornados...
Trompa parada esperando beso... y...
Mejilla preparada para recibir cachetada y/o puñetazo de derecha o izquierda, dependiendo de la psicomotricidad de la dama en turno...
¡ Slap !, ¡ Auch !....



Invariablemente el golpe llega...
La humillación y la verguenza también...
Ya me he acostumbrado a ello...



Dicen que todos tenemos un alma gemela, incluso los feos como yo...
Quisiera creerlo...
Y sigo esperando encontrarla...
Tal vez algún día la encuentre...
Ojalá.........................................................

viernes, mayo 26, 2006

Tres imágenes ...

Hoy fué un día extraño....
Caminaba por el centro de la ciudad, con la cámara al hombro, en busca de algo interesante que fotografiar, cuando la ví.
No era muy hermosa, no, pero tenía algo que me obligó a seguirla con la mirada, hasta que desapareció por la puerta de una casa antigua, de paredes blancas y ventanas adornadas con varias macetas llenas de flores de todos colores.
-¿ Vivirá ahí ?-, me pregunté.
Casi sin pensarlo, caminé hacia la puerta por donde ella había entrado y, al ver que estaba entreabierta, no pude evitar el deseo de asomarme esperando verla, así que lo hice, me asomé.
Y sí la ví, pero ella también me vió, así que, saqué la cabeza lo más rápido que pude, con tan mala suerte, que me dí un golpe tremendo en la sien izquierda, que me hizo ver estrellitas y caer de rodillas ahí mismo, en el quicio de la puerta donde hasta hacía unos segundos había estado husmeando.
Afortunadamente a mi cámara no le pasó nada, el golpe lo recibieron mi cabeza y mi ego, sobre todo éste último, ya que, para mayor verguenza, ella salió al ver lo que había pasado y, al verme hincado y aturdido, soltó una risita suave y cantarina como el arrullo de una paloma.
-¿ Estás bien ?-, me preguntó.
- Creo que sí, gracias - , contesté.
- Entonces ya puedes pararte, no era necesario que te hincaras, te hubiera perdonado igual -, me dijo entre risas, mientras yo sentía que mi cara ardía de verguenza y cambiaba de color.
- Lo siento -, fué lo único que se me ocurrió decir.
- No te preocupes, no importa, además, ya recibiste tu castigo, ¿ o no ? -, dijo, y volvió a reir.
- Bueno, me voy, ya hice el ridículo lo suficiente, por favor, acepta mis disculpas -, le dije mientras me sacudía el polvo de las rodillas.
- ¡ No ! - , me dijo, - No te vayas todavía, tengo curiosidad por saber por qué querías entrar aquí, no eres un ladrón, ¿ o sí ? -.
- ¡ Claro que no !-, contesté inmediatamente, - Y no quería entrar, solamente quería asomarme para ver si te veía, pero como ya te diste cuenta, todo se complicó-.
- ¿ Y por qué querías verme ?-, preguntó viéndome directamente a los ojos.
- Porque unos minutos antes pasaste por donde yo estaba y me pareciste interesante, así que te estuve viendo hasta que entraste aquí, me acerqué y lo demás ya lo sabes- , expliqué.
- O sea que... ¿ te gusté ?-. Me soltó la pregunta así, tal cual, directamente y con una sonrisa en los labios.
Una vez más sentí que la verguenza hacía su aparición, como si yo fuera un adolescente tímido e inseguro y no un viejo con treinta y siete años en las espaldas.
- Bueno, estee, sí -, dije con un tono de voz que sonó bastante más agudo de lo que hubiera querido.
- Es queee, déjame decirte - , continué diciendo, tratando de engrosar un poco la voz, - Verás, soy fotógrafo, a eso me dedico, y siempre estoy buscando algo ó alguien interesante a quien fotografiar, y al verte, imaginé cómo te verías en una de mis fotos y lo que en mi mente ví, me gustó, así que pensé en preguntarte si quisieras posar para mí, un día de éstos.
- Así que fotógrafo, ¿ y eres bueno en lo que haces ?-, una vez más soltó la pregunta sin titubear, sin temor a ofender ó a molestar, simplemente con la intención de saber la verdad, al menos así me parecía.
- Pues, hay quienes piensan que sí, pero también quienes opinan que no- , contesté, con toda la honestidad de que era capaz.
- Pero tú, ¿ qué piensas ?, ¿ eres buen fotógrafo ? -, insistió.
- Espero que sí -, le dije.
- No es lo que pregunté, pero bueno, así lo dejamos- , dijo, con un dejo de reproche.
- Mira - , dijo de pronto, - Acepto, pero no dispongo de mucho tiempo, así que, tendría que ser ahora mismo-.
- Por mí está bien - , le dije sin poder disimular mi entusiasmo, - aunque a ésta hora ( once y treinta de la mañana ) la luz es un poco dura.
- Por cierto, me llamo Aquiles - , me presenté, - ¿ Y tú ? - .
- Yo soy Paloma - , fué su respuesta, - Ahora dime, cómo quieres tomármelas, ¿ desnuda ? - .
De momento creí que estaba bromeando, ya que por lo general es bastante difícil conseguir a alguien que acepte posar desnuda, y mucho más difícil, que ella se ofrezca a hacerlo y más difícil aún, que lo haga en la primera sesión y sin conocer al fotógrafo, pero no, no estaba bromeando, lo decía totalmente en serio, así que, con cierto temor y bastante nervioso le dije que sí, que desnuda estaría bien.
Se quitó la ropa con calma y me dijo, - Como ya te había dicho, no dispongo de mucho tiempo, así que, solamente podrás tomarme tres fotografías, ¿ Te parece bien ?- .
Yo hubiera querido decirle que tres no eran suficientes, que su belleza pedía ser capturada en muchas más imágenes, que sentía que era mi deber robarle al tiempo muchos más que tres breves instantes en que su hermosura estaría expuesta sin reservas, para ser inmortalizada por mi cámara, pero solamente dije, - Sí, está bien - .
- Bueno, ¿ Dónde me pongo ? - preguntó con una sonrisa ligeramente coqueta.
Absorto como estaba en contemplarla, no había pensado en dónde colocarla para sacar las tres fotos que me había permitido. Creo que ella se dió cuenta de eso, así que me sugirió subirse al techo para ponerse junto a un pequeño arco que ahí estaba.
Yo lo ví y me pareció bien, la luz llegaba un poco fuerte, pero pareja y el arco proporcionaría cierta sombra que, bien aprovechada, ayudaría a dar profundidad a la imagen, además, tenía una buena textura, lo mismo que la pared que estaba debajo, así que le dije que el lugar estaba bien y se subió rápidamente para empezar la mini sesión.
Una vez arriba, se acomodó de tal forma que el pecho quedaba de frente a la cámara y la cara quedaba ligeramente oculta por la sombra que el arco proyectaba.
- ¿ Así estoy bien ? - , me gritó .
Yo observé por la pantalla de la cámara y la imagen se veía bastante bien, así que levanté la mano izquierda empuñada con el pulgar hacia arriba, para indicarle que todo estaba bien.
- ¿ Lista ?- , le grité, movió la cabeza indicándome que sí, - ¡ Ahí va ! - , ¡ Click !, - ¡ Listo ! - , grité, ahora mira, te vas a poner con la espalda...
- ¡ No !- , me gritó, - ¡ Me voy a quedar así ! - , - ¡ Toma la que sigue ! - .
- Pero... ¿ En la misma posición ? - , le pregunté extrañado.
- ¡ Sí ! - , me contestó.
- Pero si la primera salió bien, ¿ Para qué tomar dos iguales ? - volví a preguntar.
- ¡ No va a ser igual, confía en mí ! , ¿ Alguna vez has retratado al alma ? - , preguntó así como así.
- ¿ La quéééééé ? - , ahora sí pregunté exaltado, sin estar seguro de haber entendido bien.
- Tú toma tu segunda foto, que ya casi me voy- , me dijo con cierta deseperación.
Al ver el giro tan extraño que habían tomado las cosas, decidí seguirle la corriente, con la certeza de que a la pobre mujer le faltaba un tornillo... ó dos.
- ¡ Click ! , ¡ Listo ! - , grité, - ¡ Ya terminamos ! , ¡ Ya puedes bajar ! - .
- ¡ No ! , ¡ Todavía falta una ! - , gritó a su vez, - ¡ Tómala ! - .
Todo el entusiasmo que había tenido al principio de la aventura, había desaparecido, para dar paso ala decepción, así que, ya resignado, le dije...
- ¡ Ahí va ! , ¡ Click ! , ¡ Ahora sí, ya terminamos ! , ¡ Ya te puedes ir ! , ¡ Muchas Gracias ! .
- ¡ Por nada ! , me dijo, - Yo sé que estás decepcionado porque crees que tomaste tres fotos iguales, pero te aseguro que no fué así, en la primera, retrataste mi verdadero ser, en la segunda, captaste la mitad obscura de mi alma y, en la tercera, capturaste la mitad blanca y pura de esa misma alma.
Espero que después de verlas, comprendas que cuando fotografías a alguien, no sólo estás capturando su imagen, también estás atrapando un pedacito de su alma y su esencia. Ojalá que ésto te ayude en tu trabajo....
Yo estaba a cada momento más atónito y confundido por lo que estaba escuchando...
Dejé de verla un segundo, tal vez dos, para apagar la cámara y cuando volví la vista hacia arriba, ya no estaba ahí, así que me dispuse a esperar a que mi extraña modelo bajara del techo, pero pasaron varios minutos y nada, ni sus luces. ¿ Por qué tardará tanto ? , además, anda desnuda, su ropa se quedó acá abajo, ¿ ó no ?.
Caminé hasta el rincón donde ví que había dejado su ropa y no había nada, pero no podía habérsela llevado sin que yo la viera. Cada vez más nervioso, me puse a buscarla por todas partes, incluso subí al techo hasta el lugar donde se había acomodado para las fotos y nada, no la pude encontrar.
Salí de la casa pensando que tal vez el agua que había tomado hacía unas horas, estaba contaminada con alguna sustancia ó algo así, porque no encontraba otra explicación para lo que acababa de vivir.
Decidí sentarme en una banca de un parque cercano, para pensar con calma sobre todo ésto, cuando recordé las tres fotos, bueno, en realidad fueron cuatro, porque cuando la perdí de vista, tomé una al arco donde ella había estado posando.
Encendí la cámara y ajusté los controles para ver todas las fotos.
Al ver la primera, casi suelto la cámara de la impresión. Lo que estaba viendo no era precisamente lo que creí haber captado, bueno, sí, pero no, el lugar era el mismo, pero la modelo....
No puedo explicar lo que pasó, así que mejor les dejo aquí las imágenes para que puedan ver lo que yo ví...
Tres imágenes, la primera, casi era real, aunque a contraluz, la segunda, era la misma, pero obscura, aunque de una extraña belleza, la tercera, la misma también, aunque en tonos claros, casi blanca, pero lo más extraño era que, en donde se suponía estaría la modelo desnuda, estaba una paloma posando orgullosa, con el pecho erguido y mirando fijamente a la cámara.
La cuarta era la única que mostraba realmente el lugar donde había tomado las fotos, así era como yo lo ví cuando las tomé, entonces, ¿ Por qué las otras salieron tan distintas ?...
Ahora recuerdo, ella me dijo que era Paloma...
Y me dejó tomarle sólo tres fotografías porque no disponía de mucho tiempo...
Tres fotografías...
Tres fotos...
Tres...
Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja................................................................................







miércoles, mayo 10, 2006

El regalo ...

9 de Mayo...
Un día antes del Día de las madres...
Los niños y niñas de aquella escuela primaria, terminaban los preparativos para el festival que se llevaría a cabo al día siguiente, como todos los años, a partir de las seis de la tarde.
Todos se veían contentos e impacientes de que llegara el momento de mostrar a sus madres sus aptitudes artísticas.
Bueno, en realidad, no todos.
A esa escuela asistían cuatro niños y siete niñas, que no compartían el entusiasmo de los demás por la festividad que se avecinaba.
Ellos no tenían a quién festejar.
Vivían en un orfanato, al cuidado de un grupo de voluntarios que se encargaban de sus necesidades más básicas, pero casi nadie parecía darse cuenta que éstos pequeños necesitaban, también, cariño y atención. La única que parecía saberlo, era Amanda, una muchacha amable y afectuosa que pasaba casi todo su tiempo libre con ellos, ayudando en lo que hiciera falta, desde revisarles las tareas escolares, curarles algún raspón, contarles cuentos a los más pequeños, hasta consolarlos cuando la tristeza y la soledad se volvían insoportables para alguno de ellos.
Juan, Juanelo, como ella le decía, era uno de los más tristes.
La historia de su llegada a ese lugar, era diferente a la de los demás, ya que todos habían sido abandonados, casi recién nacidos, algunos a la puerta de alguna iglesia, otros a la entrada de un hospital y uno que otro, en algún callejón ó de plano en la basura, por mujeres sin corazón y sin conciencia, que justificaban semejante acto, con el pretexto de no poder hacerse cargo de ellos, olvidando que aquellos pequeñitos, no pidieron venir al mundo, sino que ellas los trajeron.
Juanelo sí había conocido a sus padres, pero cuando él tenía cuatro años, sufrieron un accidente automovilístico donde solamente él había sobrevivido. Nadie se presentó para recoger al niño, a pesar de haber publicado su historia en los periódicos, con todo y su fotografía.
Como era tan pequeño, no pudo decir a las autoridades, si tenía algún familiar con quien pudiera irse a vivir, así que, lo mandaron a un orfanato dependiente del gobierno, pero como nunca se adaptó, Amanda, quien en ese tiempo, era voluntaria ahí, decidió tramitar su traslado a un lugar más pequeño, donde pudieran brindarle un poco más de atención. Así fué como Juan, llegó a formar parte de aquél orfanato y también, del corazón de Amanda.
Ese 9 de Mayo, Juanelo, que ahora tenía ocho años, llegó llorando a buscar el consuelo de Amanda, preguntándole, entre sollozos, por qué una de las voluntarias les había llamado, a él y a otros tres niños, hijos de mala madre, cuando se había enojado porque no habían arreglado bien su habitación.
- ¿ Por qué me dice así ?- preguntaba,- ¿ Si a mí no me abandonaron ?-, - ¿Por qué, si mi mamá sí me quería ?-
Amanda, con lágrimas en los ojos, trató de explicarle que seguramente aquella mujer no había pensado bien lo que había dicho, que lo había hecho por la desesperación y el cansancio que causaba el trabajo tan duro de atender a tanto niño, entre tan poca gente, que esa mujer no era mala, que ayudaba por su propia voluntad, que seguramente había tenido un día muy pesado.
Poco a poco, el niño se fué calmando, hasta dejar de llorar. Amanda le había dicho que su mami siempre estaba con él, que siempre lo veía, y que seguramente no le gustaría verlo tan triste.
¿ Y por qué yo no la veo ? - le había preguntado -. Porque tu mami ahora es un ser de luz, así que siempre está alrededor tuyo.
¿ Y por las noches se va ?, - preguntó otra vez -, no,- le contesto ella-, simplemente cambia de lugar, puede estar en la lámpara del cuarto donde duermes y cuando la apagan, se va a la luz del pasillo que se queda encendida toda la noche, incluso, para verte más de cerca cuando duermes, aprovecha las noches de luna, y se mete entre los rayitos de luz que entran por la ventana.
Una leve sonrisa se dibujó en su carita al saber aquello. Se despidió de ella con un beso en la mejilla y se fué a su cama. Una idea había surgido en su mente.
Por primera vez, iba a hacerle un regalo a su mamá por el día de la madres.
Fué a la cocina y sin que nadie lo viera, buscó y buscó hasta encontrar una vela, bueno, no estaba nueva, pero le serviría para su propósito, también agarró unos cerillos para encenderla.
Se estaba arriesgando a recibir un fuerte castigo, las velas y cerillos estaban prohibidísimos para los niños por el riesgo de que al jugar con ellos, causaran un incendio. Eso no lo detuvo. Se llevó los cerillos y el trocito de vela a su cuarto y esperó a que los tres niños con quienes compartía la habitación, estuvieran dormidos.
Se levantó y encendió el trocito de vela, lo puso sobre su viejo buró, junto con el marco de palitos que su maestra les había pedido que hicieran para ponerle una foto de su mamá para regalárselo el 10 de Mayo.
Aunque la maestra lo había dejado decidir si lo hacía o no, el decidió hacerlo, para no estar sin hacer nada mientras sus compañeros se esmeraban en dejarlo lo más bonito posible, solo que él se limitó a pegar los palitos alrededor de un trozo de cartulina, sin pintarlos ni ponerles ningún adorno y como no tenía ninguna foto de su mamá, lo dejó vacío. Ahora se arrepentía de no haberse esmerado un poco más, pero ya no tenía tiempo de mejorarlo, así que sólo lo puso ahí y miró cómo se veía.
No le gustó, se veía muy simple.
Con mucho cuidado, abrió la ventana y se deslizó hacia el pequeño jardín que estaba a unos veinte metros de su ventana, cortó un botón de rosa y se regresó corriendo agazapado, para que no fuera a verlo alguien desde adentro. Llegó a la ventana, trepó sin hacer mucho ruido y una vez dentro, puso el botón junto a la vela.
Ahora sí se veía mejor, pero, ¿ y si su mamá no entendía la intención de la vela?.
Debo escribirle una nota - pensó -.
Así que fué hasta su mochila, sacó un trozo de papel, una pluma y escribió :

Querida Mamita :
Quiero que sepas que te extraño muchísimo, aunque casi no me acuerdo de tu cara, solo recuerdo que me abrazabas mucho y me dabas muchos besos y me decías que me querías. Yo también te quiero mucho, mucho, aunque no pueda verte, hoy supe que siempre estás conmigo. Ahora ya no me siento tan solo.
También supe que ahora estás hecha de luz, así que quiero regalarte la luz de éste pedacito de vela para que brilles un poquito más y nunca te apagues y no vuelva a quedarme solo. Trataré de seguir poniéndote velas pero no sé qué tan seguido pueda hacerlo, porque tenemos prohibido agarrarlas.
Por favor perdóname por no haberte regalado nada antes, es que no sabía que estabas siempre cerca.
Te prometo que a partir de ahora, siempre tendrás un regalito en el día de las madres, en tu cumpleaños no, porque no sé cuándo es, tal vez en Navidad sí pueda regalarte algo. Ojalá te guste la rosa que te corté y el marco que hice en la escuela, aunque esté sin foto.
No sé si puedes ver a papá, pero si lo ves, dile que también lo extraño y lo quiero mucho.
Te dejo mil besos y :
! Feliz día de las Madres !

Tu hijo: Juan.

Un par de lágrimas salieron de sus ojos, pero se las limpió para no manchar la nota que acababa de escribir y que puso debajo del botón de rosa, a un lado de la vela que cada vez era más pequeña.
Le dió un último vistazo a todo y satisfecho de cómo había quedado, se acostó a dormir, deseando soñar con los momentos que había pasado con su mamá.
A los pocos minutos de haberse acostado, ya se había dormido.
De pronto, una leve brisa sopló dentro del cuarto. No había entrado por ninguna de las tres ventanas que había, porque estaban cerradas, pero aún así, aquella leve brisa hizo que la luz del pedacito de vela se moviera, casi hasta apagarse.
También Juanelo se movió. Soñaba que su mamá estaba con él, sentada en la orilla de su cama, deseándole las buenas noches, mientras acariciaba su cabello y le daba un beso en la frente.
Él quería abrazarla, decirle cuánto la quería, cuánto la extrañaba, pero antes de poder hacer nada, ella se levantaba y se iba, mientras le sonreía con una expresión de profunda tristeza en el rostro. Su mamá se iba una vez más...
Al mismo tiempo, la flama del trocito de vela se iba apagando poco a poco, hasta extinguirse por completo.
Juanelo se despertó angustiado y triste, se sentó en la cama y como tantas otras noches, abrazó su almohada para llorar en silencio, para no despertar a los otros niños. En eso, se dió cuenta que el trocito de vela estaba apagado. Se tranquilizó, dió un largo suspiro y se volvió a acostar con una gran sonrisa en su carita.
Estaba seguro de que su mamá había estado ahí y se había llevado su regalo...



¡ Muchas Felicidades a todas las Mamás !
A los que tenemos la suerte de tenerla con nosotros, les pido que le regalen todos los días, su respeto, su compañía y su cariño.
A los que ya no la tienen con ellos, recuérdenla con cariño y regálenle la luz de una vela, que representa el calor del amor que quisieran darle, si estuviera con ustedes en forma física, porque en forma de luz, siempre está, se los aseguro.

domingo, abril 30, 2006

Bailando ...


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Nota: Para ambientar el relato, la idea es leerlo con la música de fondo.


Tres hombres...
Tres mujeres...
Sus nombres no importan.
No eran más que seis almas solitarias en busca de compañía.
Ninguno de los seis había encontrado aún su alma gemela.
A sus treinta y tantos años, ya habían pasado por varias relaciones fallidas.
Conforme pasaban los años, los seis se preguntaban cada vez con más frecuencia si su destino sería envejecer solos.
Los seis eran más o menos bien parecidos, tenían carreras exitosas, buenos trabajos, muchos amigos. Casados y con hijos la mayoría, lo que les impedía cada vez con mayor frecuencia, salir con ellos a divertirse.
Precisamente esa era la razón por la que hoy habían ido solos hasta ese lugar.
- ¡ Hay buen ambiente!- Les habían dicho.
Y como "de pasada", les habían comentado también, que los viernes iban muchos solteros.
Siempre pasaba lo mismo. Sus amigos y familiares parecían estar empeñados en conseguirles pareja, sin importar cuántas veces les dijeran que no había ninguna prisa, que ya llegaría la persona indicada para ellos, su alma gemela.
- ¡ Eso no existe !-, era la respuesta que siempre recibían, - ¡ Ya deja de soñar!-.
Pero ellos seguían soñando...



La música empezó a sonar.
Los tres hombres barrieron el salón con la mirada, buscando alguna mujer que pareciera estar sola, para invitarla a bailar.
Las tres mujeres barrieron el salón con la mirada, buscando algún hombre que pareciera estar buscando a quién invitar a bailar.
De pronto, las miradas de los tres hombres y las tres mujeres se cruzaron.
La de cada uno de ellos con la de cada una de ellas.
Los tres hombres hicieron una seña con la cabeza, como diciendo: ¿ vamos ?.
Las tres mujeres asintieron, también con la cabeza.
Y se dirigieron a la pista.
Tres hombres, tres mujeres, tres parejas.

La personalidad de cada uno de los tres hombres, salió a flote con los primeros compases.
Uno era bastante tímido y retraído. Respetuoso, se decía él.
Otro era bastante extrovertido, confianzudo y medio borrachón. Alegre, se decía él.
El otro era conversador, un poco presumido y lascivo. Galán, se decía él.

La personalidad de cada una de las tres mujeres, salió a flote con los primeros compases.
Una era extrovertida, ardiente y un poco promiscua. Aventada, se decía ella.
Otra era tímida, prejuiciosa y un poco aburrida. Seria, se decía ella.
La otra era apasionada, soñadora y un poco ingenua. Romántica, se decía ella.
Conforme fué avanzando la noche, el futuro de las tres parejas se fué definiendo.
Por cuestiones del destino, el respetuoso hizo pareja con la aventada, el alegre con la seria y el galán con la romántica.
La pista se convirtió en escenario de tres historias diferentes...

El tímido sudaba y sufría al sentir, cómo la aventada repegaba su cuerpo al de él, cada vez con más fuerza y descaro, mientras lo veía directamente a los ojos y se humedecía los labios como invitándolo a besarla.
Pero, ¿ Y si solo era su imaginación?, ¿ Qué tal si intentaba besarla y ella se molestaba y lo aventaba, o peor aún, si lo cacheteaba delante de todos?, no, mejor se esperaría hasta estar completamente seguro de si realmente aquéllo era una insinuación ó solo un tic nervioso que ella tenía ...

La aventada, por su parte, pensaba en qué más hacer para que el respetuoso se animara a hacer algún avance, alguna invitación, o, cuando menos, una insinuación que, por supuesto, ella aceptaría de inmediato, ya que su naturaleza ardiente, se había despertado con el roce continuo de su cuerpo contra el de él. Ya se había cansado de hacer fuerza para repegársele lo más que podía, sin importarle los pisotones que sin querer él le había dado, por lo difícil que era bailar así, tan pegados, ya se había mojado los labios con sensualidad, ya lo había visto a los ojos durante tanto tiempo, que una lagaña que él traía en el ojo izquierdo, ya le parecía familiar.
Entonces se le ocurrió que, tal vez si le soplaba suavemente en el cuello, él ya no podría resistirse más, así que lo hizo, pero, grande fué su sorpresa cuando él, en lugar de avanzar, retrocedió, empujándola ligeramente hacia atrás, mientras alejaba su cabeza de la de ella, ¿ tendré mal aliento?, se preguntó...


El alegre traía a la seria, dando vueltas por toda la pista, ya haciéndola girar como perinola, ya apretándola con fuerza tal que casi le sacaba el aire de los pulmones,sacando a relucir sus mejores pasos de baile, que en lugar de causar admiración, causaban risa, ya que, a causa de los tragos que se había metido entre pecho y espalda, se tambaleaba de tal forma que casi perdía el equilibrio, con el consiguiente peligro de arrastrar con él en su caída, a la seria, que sólo atinaba a tratar de seguirle el paso, sintiendo que todas las miradas estaban fijas en ellos...

La seria, por su parte, sentía que se moría de la verguenza, pero no se animaba a irse a sentar y dejarlo bailando solo, - me vería más ridícula -, pensaba. - Ojalá se canse pronto y quiera descansar, así, en un descuido me le pierdo y me voy a mi casa. No sé en qué estaba pensando cuando se me ocurrió venir a éste tugurio yo sola, ahorita estaría tranquilamente en mi cama, viendo la televisión y acariciando a Fifí (su gato ), pero no, tenía que hacerle caso a mi prima, total, ahora a ver cómo le hago para zafarme de éste apestoso imbécil - ...



El galán se sentía más y más galán conforme seguía bailando con la romántica. Ella parecía realmente interesada en él, escuchaba embelesada cuanta tontería le decía, incluso sonreía y entornaba los ojitos cuando él le cantaba al oído algún fragmento de la canción que estaban bailando, aunque cantara con la gracia y entonación de un ratón atrapado en una ratonera. Además, no parecía molestarle cuando, "accidentalmente ", la mano con que la tomaba de la cintura, resbalaba hacia abajo, posándose donde la espalda pierde su nombre, simplemente la dejaba ahí unos segundos y después ella misma se la volvía a acomodar en la cintura, al tiempo que le guiñaba un ojo. - ¡ Qué bárbaro, la traigo muerta !- pensaba- , ¡ soy todo un Don Juan !...

La romántica, por su parte, se sentía la protagonista de un cuento de hadas; el galán, el baile, su vestido nuevo, sus zapatos nuevos también, todo le parecía perfecto. Ni siquiera el calor,el humo de cigarro, los aventones que de vez en vez recibían,ni el dolor de un callo que tenía en el dedo gordo del pié derecho, podían arruinarle el momento aquél, en que parecía que bailaba entre nubes, abrazada a su príncipe azul, un poco chaparro, manilargo y sin los ojos azules que ella hubiera deseado que tuviera, pero bueno, nada en la vida era perfecto. Le subió la mano al galán una vez más y suspiró, pensando en la cara que pondrían sus amigas cuando les contara que por fin el amor había tocado a su puerta...

El baile terminó en punto de las cuatro de la mañana...

El tímido seguía sentado en su mesa esperando a la aventada desde hacía ya hora y media, cuando le dijo, - no me tardo, voy al baño - ...

La aventada se había cansado de intentar hacerle entender al tímido que estaba interesada en él y hacía casi una hora que se había ido, con un aventado como ella, que en dos minutos la convenció de pasar la noche con él en su departamento ...

El alegre no supo ni en qué momento se quedó solo, solamente recordaba haberle dicho a la seria que iba a la barra por un par de tragos y cuando volvió, la mesa estaba vacía, así que se sentó a tomar solo, mientras se preguntaba qué era lo que había hecho mal, para que la seria se fuera así, sin despedirse ... - ¡ Bah !- , dijo para sí mismo, - Seguramente es otra de esas amargadas que me ha tocado conocer últimamente - . Se consoló tomándose otra copa y pidió otra más para llevar ...

La seria aprovechó cuando el alegre fué por los tragos, para salir de ahí casi corriendo en busca de un taxi que la llevara a la tranquilidad de su casa, donde no la esperaba nadie más que Fifí, su gata. - Bueno, peor sería estar completamente sola -, pensó, mientras se acordaba de la verguenza tan grande que acababa de pasar. Jamás volvería a ese lugar, no fuera a ser que alguien la reconociera como la pareja del borracho payaso aquél. Se estremeció solo de imaginarlo...

El galán y la romántica salieron del salón, tomados de la mano, mirándose a los ojos, sonriendo y sintiéndose afortunados de haberse conocido, de haberse encontrado, de haber coincidido en ese espacio lleno de ilusiones, calor, decepciones, humo, pasión, sudor y luces de neón...

Así, juntos, se fueron caminando calle abajo, mientras la luna en cuarto creciente, se ruborizaba al ser testigo de los besos y caricias que anunciaban el preámbulo de una noche de pasión entre un hombre y una mujer, que se enamoraron bailando...