jueves, septiembre 14, 2006

Un gorrión común y corriente ...

Le decían " ratón " ...
Algunos le decían " hormiga " ...
Incluso le llegaron a decir " cucaracha " ...

Sobrenombres que él aceptaba sin chistar.
Prefería aceptarlos que intentar explicar el por qué de su conducta.
Estaba seguro que nadie lo entendería.
Nadie podría entender por qué siempre se conformó con migajas...

Migajas ...
Por eso lo llamaban así ...
Él siempre recogía las migajas que ella quería darle.

Cuando se cansaba de su pareja en turno, lo buscaba a él.
Cuando se peleaba con el galán en turno, lo buscaba a él.
Cuando no tenía a nadie con quien salir, lo buscaba a él.
Cuando necesitaba consuelo, lo buscaba a él.
Cuando necesitaba dinero, lo buscaba a él.
Cuando quería ahuyentar a alguien, lo buscaba a él.

Y él siempre estaba ahí, para ella, esperando a que ella tuviera algún problema, alguna tristeza, alguna necesidad.
Cualquier día, a cualquier hora, del día o de la noche.
Él vivía para esperarla, para soñarla, para desearla, para amarla ...

Porque él la amaba.
Con toda su alma.
Desde siempre.
Para siempre.

Por eso sus amigos y amigas trataban de hacerle entender que ella sólo lo utilizaba.
Lo mismo le decían sus familiares.
Todos se lo decían.
Aunque no era necesario.

Él lo sabía perfectamente.
Lo sabía y lo aceptaba.
Lo aceptaba y esperaba.
Esperaba las migajas de amor que ella quisiera darle.

Pero aunque aceptaba que le dijeran " ratón " , " hormiga " , " cucaracha " , no le gustaba pensar que él era algún animal de esos.

Él prefería pensar que era un gorrión ...
Un gorrión común y corriente.
Como el que llegaba todas las mañanas al patio de su casa a comer el alpiste que él le dejaba.
Alpiste, porque él sabía lo que era tener que vivir de migajas.

Cada vez que ella lo buscaba, él tenía la esperanza de que ahora sí era para quedarse con él.
Que por fin ella había entendido que nadie podría amarla como él.
Amarla y cuidarla, y ayudarla, y protegerla.

Y cuando ella, como siempre, se iba con alguien más, hasta que lo volviera a necesitar, él se encerraba en su casa a imaginarse que era un gorrión.
Que podía volar libre, que jamás viviría de las migajas de nadie.
Mientras dejaba más alpiste para el gorrión que a diario lo visitaba.
Asi pasó una, y otra, y otra, y otra vez, muchas veces más ...

Hasta que un día, de repente y sin saber cómo ni por qué, él despertó sintiéndose extraño.
Muy ligero, como si pudiera volar.
De hecho quería volar.
Sabía que podía hacerlo.

Se acercó a la ventana saltando ...
¿ Saltando ?
Sí, saltando.
Ahí fué cuando por fin se dió cuenta.
Ahora era un ave.
Y no cualquier ave, no señor.
Era un gorrión.
Un gorrión pardo, común y corriente, tal y como había deseado ser tantas y tantas veces.
Y tenía alas.
Y podía volar.
Y sabía volar.

En el borde de la ventana de su habitación, que estaba en el segundo piso de su casa, sacudió sus nuevas alas, y se impulsó hacia el vacío con confianza, batió fuertemente sus alas y se elevó, sintiéndose extrañamente feliz.
Estuvo volando por un par de horas, pensando, tratando de entender qué había pasado, intrigado por aquella extraña transformación, y preocupado por no saber si volvería a ser humano, o si sería para siempre un gorrión ...
Para siempre un gorrión ...
No parecía tan mal.
Tenía sus ventajas.

Ventajas como el poder ir a buscarla.
A su casa, a donde nunca había ido.
A su habitación, donde habían estado muchos, pero él no.

Y fué ...
Se paró en el vano de su ventana y gorjeó fuertemente, casi con furia.
Y entonces ella apareció.
Bella como siempre, semidesnuda, recién bañada, semi envuelta en una toalla.
Y lo vió .
Y se acercó a él hablándole con ternura, casi con cariño.
Y él se sintió feliz, muy feliz, por fin ella le hablaba con ternura genuina, casi con cariño verdadero.
Y estaba ahí, en su habitación, con él.
Incluso se sentó a su lado y lo acarició suavemente, extrañada y fascinada a la vez con lo dócil que aquel gorrión parecía.
Y además le parecía extrañamente familiar; le recordaba a alguien, pero no estaba segura a quién.

Él estaba extasiado, sintiendo sus manos suaves acariciándolo desde la cabeza a las plumas de la cola, mientras le decía frases cariñosas con una voz suave y melosa.

De pronto ella se levantó y le dijo : - No te vayas bonito, ahora vengo - .
Y a ella le pareció muy extraño que aquel pajarillo aparentemente le entendía, porque no se movió de ahí.
Ella sonrió y salió de la habitación.
Él se quedó esperando impaciente.
Ella regresó con algo entre las manos.
Se acercó a él y, mientras le preguntaba : - ¿ Tienes hambre chiquito ? - , esparcía en el vano de la ventana
unas migajas de pan ...
¡ Migajas ! , ¡ Migajas otra vez ! .
Él no lo podía creer, ahí estaba otra vez ella, dándole lo que siempre le había dado, migajas, sólo migajas.

Él sintió que el enojo lo invadía a tal grado que no pudo contenerse y le dió un fuerte picotazo en la mano.
La misma mano que hacía unos momentos lo había acariciado y ahora lo denigraba una vez más, dándole sus sobras, sus migajas.
Ella gritó al sentir el picotazo y una lágrima brotó de sus bellos ojos, pero a él no le importó.
Ya no ...

Simplemente le dió la espalda y se lanzó hacia el vacío para emprender nuevamente el vuelo.

Ahora sí se sentía realmente libre ...
Una corriente de aire cálido se deslizó bajo sus alas y lo elevó más y más, mientras él gorjeaba alegremente y pensaba :
Ni " ratón " , ni " hormiga " , ni " cucaracha " ...
Soy un gorrión ...
Un gorrión común y corriente que puede volar ...
Volar y ser libre ...
Libre ...

domingo, septiembre 03, 2006

La cita ...

Las once y treinta de la noche ...
Es hora de la cita.
La hora de mi cita conmigo mismo.
Conmigo y con ella ...

Con ella, que siempre está ahí, esperando ...
Esperando el momento en que llegue y la tome entre mis manos.
No sé si ella espere nuestros encuentros con la misma impaciencia con que yo lo hago.
Tal vez no.
Es más, ahora que lo pienso, creo que no.
Ella simplemente espera ...
Espera en la obscuridad.
Por días, por semanas, incluso ha tenido que esperar por meses.

Nuestros encuentros no son planeados.
Ni esperados.
Ni programados.
Ni pensados...

Surgen de repente.
Espontáneos.
Imprevistos.
Intensos.

Intensos ...
Sobre todo intensos .
Tan intensos que casi siempre me mantienen despierto toda la noche.

La noche ...
La obscuridad.
La quietud.
Y el silencio ...

El silencio ...
Ese silencio casi absoluto, propio de la noche profunda.
Ese silencio roto ocasionalmente por el ladrido de un perro.
O por el maullido ronco de una gata en celo ...

En celo ...
No, ella no podría estar en celo.
Aún con su cuerpo curvilíneo.
Aún con el calor que de ella emana en cada uno de nuestros encuentros ...

Es precisamente ese calor lo que busco en ella ...
Lo busco y lo provoco.
Lo provoco y lo propicio.
Su calor ... y su aroma ...

Su aroma ... Un aroma que he aspirado tantas veces, que ya lo traigo grabado en mi memoria.
Un aroma que, de tan conocido, cada vez me parece diferente.
Y excelente ... como su sabor ...

Su sabor ...
Lo mejor de ella.
Lo que más disfruto de ella.
Lo que más me gusta de ella.
Lo que me hace regresar a ella.
Lo que me hace adicto a ella.
Lo mejor que ella tiene para darme ...


Darme ...
Darme sin pedir nada a cambio.
Eso es lo que hace cada vez que estoy con ella.
Darme su calor, su aroma, su sabor ...

Su sabor ...
Su sabor y su compañía.
Su compañía y su silencio.
Su silencio y sus historias ...

Sus historias ...
Historias que me cuenta sin hablar.
Historias varias que yo huelo, siento y pruebo.
En cada sorbo, en cada trago, en los residuos del fondo ...

Del fondo ...
Del fondo del alma.
Del fondo de su alma.
De ahí siento que salen tantas y tantas historias que me cuenta, me canta y me susurra ...
Me susurra ...
Me susurra al oído.
Me susurra a los ojos su despedida.
Cuando veo que se ha terminado ...

Se ha terminado ...
Se ha terminado, pero no para siempre.
Se ha terminado ... por esa noche.
Por esa noche, ya la he bebido ...

La he bebido ...
La he bebido toda y la he disfrutado.
La he bebido y me ha contado otra historia.
Y al terminarla, cuando he visto el fondo, me ha dicho sin hablar :
¡ Vuelve ! , ¡ Vuelve otro día !.
Aún me quedan muchas historias.
Muchas historias que platicarte.

¡ Vuelve mañana ! , o cualquier día,
o cualquier noche ...

A cualquier hora estaré esperando
a que me saques de la alacena,
a que me tomes entre tus manos,
pongas en mí,
café y azúcar, y agua caliente,
y una vez más compartas conmigo,
tus pensamientos, todas tus penas,
tus alegrías, preocupaciones
y aventuras de cada día.

Y yo a cambio de tu compañía,
seguiré contándote muchas historias,
alegres, tristes, reales, ficticias,
de todo un poco ...


En ese momento me dí cuenta que algo andaba mal ...
Ahí estaba yo, en la madrugada, conversando sin hablar, con una taza,
con mi taza, la que habitualmente usaba para servirme café ...
- ¡ Ahora sí, ya me volví completamente loco ! -
Dije en voz alta, casi gritando. - Debo haberme quedado dormido -
Pensé ...

- ¡ Pssssstt ! , ¡ Pssssstt ! . -
Escuché que alguien decía ...
- No se te olvide que tenemos una cita, ¿ eh ? -
- ¡ Ah ! , y por si acaso se me terminaran las historias, las galletas de animalitos tienen muchas para contarte - ...

Lo único que se me ocurrió hacer fué alejarme lo más rápido posible de aquella taza que hablaba sin hablar,
para irme directo a la tienda donde había comprado aquel café, para reclamar el que me hayan vendido un producto que causaba tal efecto ...
- ¿ O sería sólo mi imaginación ? - ...





sábado, agosto 19, 2006

Vientooooo ...

Ella a veces llegaba del Este, a veces del Sur, incluso del Oeste, pero casi siempre llegaba del Norte ...
Del Norte ...
Llegaba soplando con fuerza, sacudiendo todo a su paso, haciéndose notar.
Ella era el viento ...
Ella era intensa, violenta, libre, inquieta, impredecible ...
Sobre todo impredecible ...
Nadie podía saber cuándo y dónde iba a aparecerse ... ni cómo iba a hacerlo.
Si iba a ser tierna, suave, melosa, cariñosa ... o si iba a ser intensa, destructiva, avasalladora, violenta.
Aún así , a pesar de todo eso, él la esperaba todos los días, a cualquier hora, en cualquier época del año ...
Él vivía para esperarla, para verla pasar, para verla llegar ...
Aunque no fuera a verlo a él, aunque sólo la viera un momento, aunque sólo la sintiera por un breve instante, cuando pasaba a su lado mientras se dirigía hacia el árbol de enfrente, donde ella se entretenía por horas, transformándose en suave brisa, recorriendo cada una de sus ramas, acariciando cada una de sus hojas, arrancándole susurros apasionados que él tenía que escuchar.
- Ssshhhhhhh - , - Huuuuuu - , - Sssshhhhh - , - Huuuuuu - .

Él hubiera querido poder irse de ahí, a cualquier lugar, lejos, donde no tuviera que ser testigo de aquél romance que tanto daño le causaba.
Pero no podía ...
Él estaba literalmente clavado a ese lugar ...
Él era un árbol .
Pero no un árbol joven, frondoso, fuerte, bien plantado, como su vecino.
Él no era más que un árbol viejo, deforme, ajado, con las raíces de fuera y con las ramas pelonas, sin hojas, sin retoños, sin vida.
Pero siempre la había amado...
Desde que era un pequeño brote que vivía casi a ras de suelo.
Desde que las primeras hojas brotaron en él y pudo entonces sentirla cuando pasaba, soplando, refrescando, acariciando.
Incluso cuando se violentaba y soplaba con fuerza, arrancando de raíz a algunos árboles, maltratando severamente a otros y causando daños por donde pasaba.
Aún entonces, él la justificaba, la defendía, la idolatraba...

Durante muchos años hizo el intento de seguirla, pero sus raíces, enterradas profundamente en el suelo, siempre se lo impidieron.
Trató de utilizar la fuerza de ella, cuando, en forma de ventarrón, azotaba y sacudía cuanto estuviera a su paso, inclinándose hacia donde ella soplaba, para desprenderse del suelo que lo aprisionaba y poder así, seguirla hacia donde ella se dirigiera, ó hasta donde ella lo llevara.
Pero no, nunca pudo hacerlo, nunca pudo seguirla, nunca logró dejar aquél sitio donde había nacido, crecido, madurado y donde seguramente iba a morir.
Morir ...
Ya sólo eso estaba esperando.
Sabía que faltaba muy poco para ello.
Se estaba secando ...
Desde hacía un par de años, no había crecido en sus ramas ni un solo retoño.
Las mariposas y abejas habían dejado de visitarlo.
Los insectos dañinos, que antes lo habían respetado, ahora se paseaban desvergonzadamente por su cuerpo, usándolo de refugio, bodega y guarida, a sabiendas de que las aves, que los mantenían a raya, lo habían abandonado a su suerte.
Las calandrias, los gorriones, los cenzontles y hasta los zanates, que habían sido, hasta hacía muy poco, habitantes de sus ramas, habían cambiado sus nidos a otros árboles que les ofrecieran mayor refugio contra el sol, la lluvia y el viento.

El viento ...
Ella era el viento ...

Ahora, ante la proximidad de la muerte, él recordaba claramente cuando era el preferido; cuando ella, de entre todos los árboles de la región, lo eligió como su amante, su desliz, su aventura.
Su aventura ...
Solamente su aventura porque ella era el viento, siempre libre, impredecible, caprichosa, aventurera y peligrosa.
Aunque él siempre lo supo, aunque ella siempre fué sincera, él siempre albergó la esperanza de llegar a ser para ella su pasión, su refugio, su todo.
Pero no, no fué así ...
Ahora, muchos años después, justo en primavera, ella había elegido a alguien más...
Un árbol joven, fuerte, bien plantado.
Que, para su mala suerte, había crecido a unos cuantos metros enfrente de él.

Y ahora...
Precisamente ahora, cuando él sentía cómo la última de sus ramas que aún vivía se secaba, la sintió pasar...
No a un costado, como acostumbraba pasar últimamente, sino de frente, de lleno, atravesándolo.
Y la sintió tibia, y fresca, y amable.
Y por un instante creyó que ella había regresado con él, para jugar a hacer remolinos que sacudían su follaje y le quitaban las hojas secas , para cantar juntos las canciones que salían de sus ramas cuando ella las atravesaba, dejándose acariciar por cada una de sus hojas, para ...
No, ella no había regresado.
Pasó a través de él, pero iba hacia el árbol de enfrente.

Él tuvo que presenciar, una vez más, cómo ella jugueteaba con el otro árbol, tal y como lo había hecho con él durante tanto tiempo ...
Y entonces pasó ... Él sintió que, desde lo más profundo de sus entrañas, desde la savia misma, brotaban gotas de agua que, al salir, le causaban un intenso dolor ...
Pero no era un dolor físico, era un dolor del alma.
Y tampoco eran gotas de agua, eran lágrimas que escurrían por sus ramas desnudas, mientras él se iba secando, mientras él se iba muriendo, mientras él la llamaba bajito ... vientooooo, vientooooo ...






sábado, agosto 12, 2006

Buscando Hadas ...

Él ya había oído hablar de las hadas, pero no le interesaba mucho el tema.
Es cierto que él era un poco fantasioso, sin embargo, creer en la existencia de seres diminutos con apariencia humana y con alas, le parecía demasiado, sobre todo, porque de un tiempo a la fecha, se empezaba a sentir viejo, cansado, desganado y falto de imaginación.
Una noche en que el aburrimiento amenazaba con apoderarse de él, recordó que, en muchos de los blogs que había visitado, mencionaban a las hadas, incluso recordaba haber visto, en algunos de ellos, vínculos hacia páginas completas dedicadas a éste tema.
Decidió echarles un vistazo.
- Para matar el aburrimiento - , se dijo.
Así que, escribió Hadas en el buscador de Google y quedó atónito al ver la enorme cantidad de opciones que arrojó la búsqueda ( 3' 520, 000 , para ser exactos ).
Solamente entró a algunas de éstas páginas para dar un rápido recorrido y conocer un poco más sobre los elementales, los seres de luz, o sea , las hadas.
La información que ahí encontró, no era uniforme, variaba de página a página, aunque algunos datos sí concordaban casi en todas, como la clasificación, el origen, los primeros avistamientos, entre otras cosas.
Conforme leía, se fué interesando más y más en el tema.
De la gran cantidad de información que había encontrado, algo llamó poderosamente su atención ...
De acuerdo a la mayoría de los autores de libros, artículos y páginas web sobre las hadas, éstas tenían una fuerte correlación con el agua, el aire, el fuego y la tierra.
La tierra ... y los bosques ... y los hongos.
Los hongos ...
Esa parte le interesó especialmente.
Él vivía cerca de un pequeño bosque donde recordaba haber visto algunos hongos...
El espíritu aventurero que residía dentro de él, empezó a despertarse.
Una idea estuvo dando vueltas en su mente por varios días.

Un sábado en la noche, por fin se decidió...
Iría hasta donde había visto los hongos, para fotografiarlos ... y para examinarlos en busca de alguna pista, alguna señal, alguna huella, algo, cualquier cosa que le insinuara que el lugar era visitado por las hadas.
Y por qué no, tal vez con un poco de suerte podría fotografiar alguna, tal y como supuestamente lo hicieran Elsie Wright y su prima, Frances Griffith, en Cottingley, condado de Bradford, Yorkshire, Inglaterra , en el año de 1918.
Su imaginación le mostró varios escenarios distintos donde él era aclamado y reconocido por haber obtenido las primeras imágenes de hadas reales, sin lugar a dudas, sin trucos , sin polémica.
Con todo ésto en mente, llenó una mochila con tres botellas de agua, cuatro barras energéticas, una barra de chocolate con almendras y un puño de pistaches; también revisó la carga de la pila de su cámara, acomodó ésta en su estuche, guardó el trípode en su funda, agregó un par de bolsas plásticas para cubrir la cámara en caso de lluvia, un impermeable y un sombrero y, por fin, en la madrugada del domingo, emprendió la marcha hacia el bosque con la emoción como compañera de aventuras.
Llegó a los linderos del bosque a eso de las seis de la mañana.
Todavía no amanecía, pero eso no le importó.
Encendió una linterna que había agregado a última hora, y empezó a caminar internándose en la espesura.
Al cabo de hora y media de camino, con el sol empezando su recorrido diario por el cielo, llegó al sitio donde había visto los hongos que andaba buscando.
Los vió desde unos seis metros antes de llegar, en un pequeño claro donde se filtraban unos pocos rayos de luz solar, que realzaban los colores naturales de las distintas variedades de hongos que ahí crecían; rojos, blancos, cafés, tintos...
A partir de ahí, avanzó muy despacio, semi agachado y con la cámara lista para disparar.
Así llegó hasta donde crecía el primer grupo.
Se tiró de panza al suelo y, siempre con la cámara en mano, se asomó debajo de ellos, buscando algo, no sabía qué, pero estaba seguro de saberlo cuando lo viera.
Tomó algunas fotos...
Había leído que algunas hadas vivían precisamente debajo de los hongos, así que ...
Buscó debajo de todos y cada uno de los hongos que ahí había y nada, ni rastro de otra cosa que no fuera tierra, restos de madera podrida, hojas en diferente estado de descomposicion y uno que otro insecto que no se mostró muy contento con un intruso metiendo la nariz en su territorio.
Tan absorto estaba en su inspección, que no escuchó los pasos de Esteban, un campesino que vivía cerca del lugar y que se acercaba con el ceño fruncido y un gesto de extrañeza al verlo tendido cuan largo era, con la cara casi pegada al suelo tratando, al parecer, de asomarse debajo de los hongos que él pensaba recolectar para la comida de ese día.
Lo estuvo observando por unos minutos, tratando de entender lo que veía, pero no pudo, así que decidió preguntarle :
- ¡ Oiga amigo ! , ¡ Buenos días !, ¿ Se puede saber qué está usté haciendo ? - .
Al escuchar aquéllo, él se sobresaltó visiblemente, volteó hacia donde provenía la voz y al ver a Esteban, se levantó sacudiéndose la ropa, mientras le contestaba.
- Buenos días. Estoy mirando debajo de éstos hongos buscando algún indicio de las ha..., digo, para ver si son comestibles, je. -
Cambió su respuesta por temor a que el desconocido se burlara de él.
Seguramente no entendería que un adulto anduviera buscando seres de fantasía, que además eran protagonistas de cuentos para niños.
- ¡ Ah ! , bueno, pos mire qué casualidá, yo vine hasta acá porque recordé que hace unos días, había visto ese montón de hongos, pero como estaban muy chiquitos, no me los llevé, los dejé para que crecieran un poco más, pensando en venir por ellos después.
Pero como usté llegó primero, pos ni modo, son suyos, ¿ Quiere que le ayude a cortarlos ? -
- No, gracias, contestó él, yo solamente tenía curiosidad. Mejor lléveselos usted.
Además, yo no sabría prepararlos - .
Esteban se quedó pensando unos instantes, y le dijo :
- Mire amigo, vamos haciendo ésto, los cortamos y se los llevamos a mi mujer que, no es por presumir, pero los prepara de chuparse los dedos. Además, mientras esperamos a que estén listos, nos echamos un tequilita que tengo guardado esperando tener con quién compartirlo, porque no me gusta tomar solo.
Entonces qué, ¿ Vamos ?. -
Él lo pensó sólo un poco, y como no tenía nada más importante qué hacer ese día, y como Esteban insistía en su invitación, y como ya había tomado las fotos de los hongos, y como tenía curiosidad por probarlos, pues aceptó.

Una hora después, llegaron a la casa de Esteban con unos veinte hongos en una bolsa y se los entregaron a su mujer. Se llamaba Sofía, supo él, después que los presentaron.
- Vamos sentándonos aquí -, dijo Esteban, mientras le ofrecía una silla de la mesa de la cocina.
Trajo la botella de tequila, dos limones, un platito con sal y dos vasos. Sirvió una generosa cantidad en cada uno, le pasó uno a él y le dijo, - ¡ Salud amigo!, ¡ Por el gusto de haberlo conocido ! -
- ¡ Salud ! - , contestó él, al tiempo que chocaba su vaso con el de su amable anfitrión.
Esteban empezó a platicarle sobre sus tierras, las más fértiles de la región; su perro, el mejor rastreador de todos los que conocía; su caballo que ahora estaba lastimado, pero era el más veloz de la comarca...
Él se limitaba a asentir con la cabeza y a pronunciar un distraído - ¡ Ajá ! -, de vez en cuando.
No le ponía mucha atención a la plática, por fijarse cómo preparaba los hongos la señora Sofía...

Los limpió muy bien con un trapo húmedo, después los cortó en trocitos.
Picó una cebolla, un poco de tocino, dos chiles verdes, dos tomates grandes y un diente de ajo.
Luego, puso una cacerola en la lumbre de la estufa y en cuanto estuvo caliente le echó un par de cucharadas de manteca de cerdo.
Esperó a que la manteca cambiara de color, para agregar el ajo y la cebolla.
Unos momentos después, echó el tocino.
Con una pala de madera, le movía de vez en cuando, - para evitar que se pegue - , pensó él.
Cuando el tocino estaba empezando a dorarse, agregó el tomate, los chiles y los hongos, agregó sal y un poquito de pimienta.
Los dejó cocinarse unos diez minutos a fuego bajo, sin olvidarse de moverlos de tiempo en tiempo...

El olor que impregnó la cocina, y la casa, y el olfato de él, era exquisito.
Ya estaba impaciente por probar aquél guiso de hongos.
De las hadas ya ni se acordaba...
- ¡ Listo ! - , dijo la señora al tiempo que ponía sobre la mesa la cacerola humeante, un canasto pequeño con un montón de tortillas y una salsa picante recién hecha.
- ¡ Ándele amigo !, ¡ Pruébelos ! - , le dijo Esteban.
Eso era lo que él estaba esperando para empezar a comer.
Agarró una tortilla, le puso un poco del guiso de hongos, lo aderezó con una cucharada de salsa y se lo llevó a la boca, no sin antes soplarle un par de veces, porque aquello estaba bastante caliente.
- ¡ Mmmmhh ! - . No pudo evitar exclamar.
Aquél sabor que inundaba su boca era lo más delicioso que hubiera probado jamás.
Se sirvió otro taco, y otro, y otro, y otro más, así hasta que la cacerola quedó completamente vacía.
- ¿ Qué le parecieron ?, buenos, ¿ No ? - , le preguntó Esteban, limpiándose los bigotes.
- Buenos no, ¡ Buenísimos ! , ¡ Deliciosos ! , ¡ Muchas gracias por invitarme ! , y a usted señora Sofía, por cocinar algo tan sabroso. Es usted una excelente cocinera - , contestó él, eufórico por la comilona y los tequilas que llevaba ingeridos.
Todavía se quedó un par de horas más en aquella casa donde lo habían atendido tan bien.
La botella de tequila se había terminado hacía ya un rato, pero Esteban había sacado otra que tenía escondida en el armario, para que su mujer no la viera, porque a ella no le gustaba mucho que tomara.
La tarde iba cayendo, en unas dos horas más obscurecería...
- Es hora de irme - , dijo él .
Agradeció una vez más a sus nuevos amigos todas sus atenciones, cargó sus cosas y emprendió el regreso hasta donde había dejado su automóvil.
Siguió el mismo sendero por el que habían llegado, así que pasó por donde, hasta esa mañana, habían estado los hongos que había fotografiado y que ahora iban en su estómago.
Los hongos ... las hadas ...
De pronto recordó a qué había ido hasta allá, originalmente.
Se quedó parado viendo hacia el suelo, en el lugar preciso donde habían cortado los hongos, sintiendo una especie de remordimiento, un sentimiento de culpa ... y entonces lo escuchó ...
Era un sonido como un murmullo, que parecía venir de todas partes al mismo tiempo.
Se quedó sin moverse y sin hacer ningún ruido, para intentar ubicar de dónde provenía ese sonido, que se iba haciendo un poco más fuerte.
No podía ubicarlo, pero empezaba a distinguirlo mejor.
Parecía como si muchas personas lloraran al mismo tiempo, como un sollozo grupal, como un triste lamento multitudinario.
Él sintió de repente mucha tristeza, pero realmente mucha, al grado de sentir unas incontrolables ganas de llorar.
El sonido aquél, seguía escuchándose. Y se oía más triste cada vez.
- ¿ Será por los tequilas que me tomé ? - , se preguntó.
Decidió irse de ahí lo más rápido posible.
Casi corrió hasta donde estaba su vehículo.
Se subió en él y rápidamente tomó la carretera que lo llevaría hasta su casa.

Nunca le contó a nadie su experiencia.
Pensó que nadie le iba a creer.
A veces ni él mismo lo creía.
Pero por si acaso, nunca más volvió a comer hongos, ni siquiera los champiñones que vendían enlatados en los supermercados y que tanto le gustaban.
No quería volver a quitarle su hogar a ningún hada.
No quería volver a sentir la profunda tristeza que lo había embargado aquél día.
Pero sí pensaba, después de un tiempo, volver al bosque, donde hubiera hongos, para seguir buscando hadas ...





jueves, agosto 03, 2006

PAZ ...

Sin que importe el color,
démonos todos las manos,
para entonar a una voz,
éste canto como hermanos.

Que haya PAZ en éste mundo,
que se acabe la maldad,
que no existan poderosos
y por siempre haya igualdad.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de amor,
que no existan las tristezas
ni las penas, sólo amor.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de PAZ,
que lo escuche todo el mundo
y nos ayude a cantar.

No dejemos que en la Tierra,
haya discriminación,
si todos somos iguales,
somos un solo corazón.

Heredemos a los niños,
un mundo que viva en PAZ,
donde todos sean amigos,
donde reine la amistad.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de amor,
que no existan las tristezas,
ni las penas, sólo amor.

Cantemos hoy todos juntos,
éste mensaje de PAZ,
que lo escuche todo el mundo
y nos ayude a cantar.


Imagen: Nieu Wenhuysen
Ésta es la letra de una sencilla canción que escribí para un concurso, cuando estudiaba la secundaria, hace ya bastantes años.
Hoy la quise poner aquí, para expresar mi preocupación por las personas que están viviendo en éstos días, la manifestación más brutal e indignante de la estupidez humana: La Guerra.
Es muy triste darse cuenta que la intolerancia, el egoísmo y la irracionalidad del ser humano, lo lleven al extremo de auto-destruirse.
Y lo peor de todo es el sufrimiento que causa entre los más inocentes, los niños, cuya única culpa es vivir donde los adultos han decidido que la destrucción y la muerte, son la solución a sus problemas.
Pobres niños...
Desgraciadamente lo único que puedo hacer es publicar ésto, tal y como lo han hecho ya, muchas personas desde diferentes lugares del mundo, en diferentes idiomas, pero con el mismo mensaje :
PAZ ...

miércoles, julio 12, 2006

Recordando en colores ...

Una noche de primavera, ella simplemente desapareció ...
Él recordaba haberse dormido abrazando su cuerpo semidesnudo, tibio y perfumado, con una mezcla de jazmín y aroma de mujer.
Recordaba claramente el lazo color de rosa que sujetaba su pelo.
Recordaba el color de la tanga que ella usaba esa noche ( negra con un moñito rojo al frente ).
Recordaba haber besado la parte de atrás de su cuello, precisamente a la altura de la primera vértebra de su columna.
Recordaba también que ella, al sentir la caricia, se acercó hasta pegar su espalda con el pecho de él, mientras emitía un sonido entre suspiro y gemido, con esa sensualidad innata, que lo volvía loco.
Recordaba haber apagado la luz exactamente a las doce cuarenta y tres, y haberse dormido con una sonrisa en el rostro, sintiéndose el hombre más afortunado de todos, por tener entre sus brazos a aquella hermosa mujer, desde hacía tres años y un poco más...
Hasta ese amanecer en que la luz del día, que empezaba a colarse por la ventana, le mostró una almohada arrugada donde debía estar su cabeza, su cara, su pelo.
Y a su lado, donde debía estar el resto de su cuerpo, sólo quedaba una sábana hecha bola y un leve aroma a jazmín.
Se levantó como impulsado por cuatrocientos veintidós resortes y la buscó por toda la casa, aunque algo en su interior le decía...no, no le decía, le gritaba, que ella se había marchado, que nunca más volvería a verla.
Después de recorrer varias veces hasta el último rincón, se convenció de que ella realmente no estaba, realmente se había ido, realmente lo había dejado.
Se sentó en el borde de la cama, apoyando los codos en las rodillas y cubriéndose el rostro con las manos, mientra hacía un enorme esfuerzo por no llorar. Y por pensar ...
¿ Por qué ?
¿ Por qué se había ido ?
¿ Por qué no se había llevado su ropa ?
¿ Por qué ni siquiera se había llevado sus objetos personales ?
¿ Su cepillo de dientes, su teléfono, su bolso ?
Y más importante aún, ¿ A dónde se había ido ?
¿ Se había ido sola ?
Y si no, ¿ Con quién se había ido ?
¿ Regresaría ? ...
Casi inmediatamente que se hizo esa pregunta, supo la respuesta ...
Ella no regresaría.
¿ Cómo y por qué lo sabía ?
No podía explicárselo, mucho menos entenderlo, simplemente lo sabía.
En ese momento, sintió un fuerte dolor de cabeza, tan fuerte que pensó que la cabeza iba a rompérsele.
- ¡ Ahhg !, ¡ Carajo !, ¡ Qué dolor tan fuerte ! -
Cerró los ojos y apretó los párpados con fuerza , mientras se apretaba la cabeza con las manos.
Estuvo así durante unos pocos minutos hasta que sintió que el dolor desaparecía, con la misma rapidez con la que había llegado.
Abrió los ojos poco a poco, parpadeó varias veces, se los masajeó suavemente, los volvió a cerrar, apretó los párpados otra vez y los volvió a abrir ...
No, no era su imaginación, definitivamente tenía un problema con la vista.
Sí veía, y muy claramente, con mucha nitidez y detalle ...
Pero sin color...
Veía en blanco y negro.
Como si estuviera dentro de una película antigua, de esas del cine mudo que tanto le gustaban a ella y que habían visto juntos tantas veces.
No lo podía creer, tuvo que pellizcarse para convencerse de que no estaba soñando.
¿ Por qué veía en blanco y negro ?
¿ A dónde se había ido el color de su mirada ?
¿ Acaso ella se lo había llevado ?
Pero, ¿ Cómo ?
¿ Cómo era posible que algo así sucediera ?...
No se bañó, ni se lavó los dientes, ni siquiera se peinó.
Solamente se vistió a toda prisa y se fué a ver a su médico, quien escuchó su historia con expresión de total incredulidad, aunque lo examinó a fondo cuando él le aseguró que no había tomado ni fumado nada, y sobre todo, que no estaba loco ni estaba inventando aquello.
El médico no encontró absolutamente nada que explicara ó curara su rarísima afección.
Ni él, ni ninguno de tantos otros médicos, especialistas, psiquiatras, curanderos, chamanes, santeros, brujos, brujas, hechiceras, astrólogos y hasta nigromantes a quienes consultó buscando una cura para su mal.
Y nada ...
Ninguno pudo hacer nada para ayudarlo.
Conforme fueron transcurriendo los días se fué haciendo a la idea de ver pasar la vida en escala de grises...
Así pasó un año ...
A pesar de no haber vuelto a saber nada de ella, los recuerdos empezaron a inundar su cerebro, trayendo de regreso los momentos felices que vivieron juntos.
Momentos como los que pasaron en aquél tranquilo hotel del lago en la montaña, a donde fueron para celebrar su primer aniversario juntos. A ella le había encantado especialmente.
Tan intensos fueron los recuerdos, que decidió ir hasta allá, solo, para recordarla más vívidamente.

Pidió la misma habitación que habían ocupado aquella vez, pero no estaba disponible, así que se tuvo que instalar en otra. Durmió un rato y al despertarse, se dirigió al pequeño bar.
El lugar estaba prácticamente solo, a excepción del cantinero, a quien le pidió un whisky con agua mineral y un par de hielos.
Con su bebida en la mano, buscó con la vista dónde sentarse y entonces pasó...
Al posar la mirada en la mesa a la que recordaba se habían sentado, notó un cambio en su visión.
Sintió un nudo en el estómago por la emoción, aunque casi estaba seguro de que solamente lo había imaginado, pero después de abrir y cerrar los ojos varias veces, se convenció de que era real lo que veía. Todo lo que había en el bar seguía estando en blanco y negro, todo, menos una silla forrada de piel, que inexplicablemente, podía verla en color; pero lo más extraño era que había más sillas similares a esa, y el color sólo se apreciaba en aquélla.
Aún así, sintió una inmensa alegría porque creyó que por fin, su vista volvería a la normalidad.
Pero no fué así ...
Aunque alargó su estancia en el hotel, creyendo que tal vez el aire puro, la altura, la tranquilidad ó algo que ahí había le estaba ayudando a curarse, su vista no se recuperó del todo.
Seguía viendo en blanco y negro casi todo, sólo algunas cosas las veía a color.
Pensando que, peor es nada, regresó a su casa y a su rutina diaria.
Y de repente lo notó ...
Lo único que podía ver en color, era aquello que tenía una estrecha relación con ella.
Algo que le gustaba mucho, algo que había sido de su familia, algo que ella había hecho con sus propias manos; y así fué recorriendo la casa, descubriendo lo que podía ver en color, cuando se paró en seco, al recordar que también cuando estuvo en el hotel, lo que veía en color era lo que a ella más le había gustado;
el velero donde pasearon toda una tarde por el lago, las flores del camino que bordeaba al lago, la escalinata que subían jugueteando y que llevaba a su habitación, las mariposas que había por todos lados, los caballos que ella había montado, pero, ¿ Y la silla ?.
¡ Por supuesto !, ella decía que le gustaba sentarse siempre en esa silla, porque ahí estaba sentada cuando él le pidió casarse con ella ...
Aunque ella le había dicho que no, que no estaba lista para casarse, todavía.

Él no pudo menos que sonreir con amargura, ante tal ironía...
Desde que ella había desaparecido, había estado tratando de olvidarla.
Ahora no sólo su mente se la recordaría, ahora también lo haría su vista, si es que quería ver en color, porque solamente podía hacerlo con lo que se relacionaba con ella.
Por un momento pensó en irse a algún lugar donde ella no hubiera estado nunca, aunque eso implicara no ver nada en colores.
Pero no, no quería dejar de disfrutar del poco color que había ahora en su vida.
Una lágrima resbaló por su rostro, mientras trataba de hacerse a la idea de tener que vivir el resto de su vida, viendo en blanco y negro ... y recordando en colores ...

miércoles, julio 05, 2006

Asomándome ...


Siempre le pedí que me dejara entrar a su corazón...
Una y otra vez,
y una vez más,
varias veces al día,
durante varios días,
casi todos los días...

Se lo pedí como en broma,
se lo pedí muy en serio,
se lo pedí con vehemencia,
se lo susurré al oído,
se lo pedí cantando,
incluso alguna vez se lo rogué llorando...

Un día, otro día,
al día siguiente,
y al otro también...

Le llevé serenata varias veces,
pidiéndole lo mismo,
cantándole lo mismo,
que me dejara entrar a su corazón ...

¿ Para qué ?
- Me preguntó por fin un día -

Para hacerme un lugar,
- Le contesté -

No creo que encuentres ese lugar que quieres,
pues mi corazón está lleno,
- Me dijo -
mientras me miraba con esa mirada húmeda y profunda
que yo tanto amaba.

¿ Lleno ?.
Pero... ¿ Lleno de qué ?.
- Le pregunté, sintiendo que me faltaba el aire -

Lleno de amor por alguien más .
- Fué su respuesta -

Respuesta que no esperaba
( ¡ Mentira !, ¡ Sí la esperaba ! ),
respuesta que no quería escuchar,
respuesta que temía,
respuesta que confirmaba mis pesadillas y temores.

Ella amaba a alguien que no era yo...

No recuerdo muy bien qué pasó después...

Sólo recuerdo que sus manos siempre suaves y tibias
se sentían frías y ásperas,
mientras tomaba mi rostro entre ellas,
obligándome a mirarla a los ojos...

¡ Mírame !
- Me decía -
¡ Mírame te digo !
- Me volvió a decir casi gritando -

Debes saber que es muy peligroso andarse asomando al corazón de las personas,
- siguió diciendo - ,
porque puedes encontrar muchas cosas que no te gustarán,
que te parecerán desagradables, inapropiadas, incomprensibles,
dolorosas incluso...

Un par de lágrimas escurrían por sus mejillas al decirme eso...

¡ No me importa !,
- Le dije, clavándole la mirada -
¡ Quiero hacerlo !, ¡ Debo hacerlo !, ¡ Debes dejarme hacerlo !...

Sus ojos se anegaron mientras me preguntaba :
¿ Realmente quieres asomarte a mi corazón ?,
¿ Realmente quieres hacerlo ?
¿ Crees estar preparado para lo que puedes encontrar dentro ?
¿ Aún si lo que encuentras no es lo que buscas ?
¿ Aún si te causa dolor lo que encuentres ?
¿ Aún si no hay lugar para tí ?

Aún así, quiero entrar,
- contesté -
ya estando dentro, buscaré un lugar donde acomodarme,
un recoveco donde refugiarme,
un pliegue debajo del cual guarecerme,
un espacio mínimo donde acecharé el momento propicio
para invadir tu alma con la calidez de mi amor,
un rinconcito donde aguardar el momento propicio
para arropar tu alma y tu cuerpo con la pasión
acumulada durante todo éste tiempo,
un sitio desde donde ...

¡ Espera !, ¡ Espera !,
- Me interrumpió - ,
Está bien, te dejaré entrar, pero no me hago responsable
de lo que pueda suceder después...

Y entré...
Sí, así es, por fin pude entrar a aquél lugar con el que tanto soñé,
por fin pude asomarme a las profundidades de su corazón,
a la esencia de su ser,
al rincón más oculto de su intimidad,
donde se encontraban sus sentimientos más intensos y profundos.

Y busqué un lugar para mí ...
Y no lo encontré ...
Y volví a buscar ...
Y tampoco encontré cabida para mí ...
Pero seguí buscando ...
Revisé cada rincón, cada espacio, cada recoveco, cada pliegue ...
Y fué en vano, no pude encontrar un mínimo espacio donde pudiera caber
todo aquello que tenía para darle ...
Era tanto ...
Y no había espacio ...
Ni esperanza de que lo hubiera ...

Pero seguí intentando ...
Seguí buscando ...
Y volví a intentarlo ...
Una vez ...
Y otra vez ...
Una vez más ...
Y otra más ...

Hasta que me convencí de que realmente no había cabida en su corazón para mí ...
Hasta que acepté que su corazón estaba totalmente ocupado ...
Hasta que no pude volver a intentarlo ...
Hasta que el esfuerzo se volvió doloroso ...
Y el dolor se volvió insoportable ...

Ya han pasado algunos años desde aquello y aún no lo supero totalmente ...
De vez en cuando tengo la inquietud de buscarla
y volver a intentar asomarme a su corazón,
para buscar un lugarcito donde acomodarme ...
Un rincón desocupado donde estar esper ...
¡ Bah !
¡ Es inútil !

Mejor seguiré asomándome al corazón de las flores que fotografío ...
Es más seguro ...
Además, casi puedo ver el de ella
en cada rincón, cada espacio,
cada recoveco, cada pliegue
del centro de cada flor que logro capturar con mi cámara ...

¡ Click !









domingo, junio 18, 2006

El padre...

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Oye negra, ¿ Te puedo hablar ?
ya los chicos se han dormido,
así que deja el tejido
que después te equivocas.

Hoy te quiero preguntar,
por qué motivo las madres
amenazan a sus hijos
con ese estribillo fijo
de ¡ Ah, cuando venga tu padre !.

Y con tu padre de aquí
y con tu padre de allá,
resulta de que al final
al verme llegar a mí,
lo ven entrar a Caín
y escapan por todos lados.

Y yo, que vengo cansado
de trabajar todo el día,
recibo de bienvenida
una lista de acusados.

Tú empiezas con tus quejas
y yo tengo que enojarme
igual que hacía mi padre
al escuchar a mi vieja,
entraba a fruncir la ceja
apoyando a ese fiscal,
que en medio del temporal
se erigía en defensora,
lo mismo que tú ahora
que siempre me dejas mal.

Si los perdono,
¡ Qué ejemplo !, ¿ Es así como los educas ?.
Si los castigo,
¡ Eres bruto !, ¡ No tienes sentimientos !.

A mí, a mí que llegué contento
y no tuve más remedio
que poner cara de serio
y escuchar tu letanía,
a mí, a mí que me paso el día
pensando en jugar con ellos.

Yo sueño en llegar a casa
y olvidarme felizmente del trabajo,
de la gente y de todo lo que pasa.

Los hijos son la esperanza
y el por qué de nuestras vidas,
por eso nunca les digas,
¡ Ah, cuando venga tu padre !.

No quiero encontrar culpables,
quiero encontrar alegría,
que no me pongas de escudo
como lo hacía mi madre,
que consiguió que a mi padre
lo imaginara un verdugo.

Él llegaba y te aseguro
que se acababan las risas
y en lugar de una caricia
o hablarle como a un amigo,
lo miraba compungido
presintiendo una paliza.

Y el pobre, que me entendía,
sacudiendo la cabeza
escuchaba con tristeza
lo que mi madre decía
y que él, de sobra sabía.

¡ Que con éste no se puede !,
¡ Que me pinta las paredes !,
¡ Que trajo las suelas rotas !,
¡ Que la calle, la pelota !,
¡ Que me saca canas verdes !.

¡ A la cama sin cenar !,
aburrido me ordenaba,
mi madre me consolaba y yo,
y yo lo culpaba a él.

A él que había llegado
recién de trabajar, cansado
y ya lo había yo amargado
con todas mis travesuras.

Los hijos nunca analizan
el sentimiento del padre,
porque el brillo de la madre
es tan fuerte, que lo eclipsa,
sólo le hacemos justicia
cuando nos toca vivir
a nosotros su problema.

¡ Ay !, Si mi padre viviera,
¡ Qué recién lo comprendí !

Y, ¿ Por qué nunca me dijo
lo mucho que me quería ?
Si hoy yo sé cuánto sufría
al ver enfermo a su hijo,
porque me miraba fijo
el primer pantalón largo
y sé que, hasta me habrá besado
cuando yo estaba dormido.

Hoy, que todo lo comprendo,
¿ Por qué no estás a mi lado ?,
Por qué no estás ahora
para besarte bien fuerte, viejo lindo,
y ofrecerte mi cariño
a todas horas,
ves a tu hijo que llora,
pero llora con razón,
porque te pide perdón
pensando en aquellos días,
en que ciego no veía
que eras puro corazón.

Déjame negra, que llore,
¡ Es tan lindo desahogarse !.

En fin, veamos qué hacen
nuestros futuros señores,
¡ Mira esos pantalones !,
¡ Tápale un poco a la nena !,
sí, sí, ya sé, no me lo digas,
hoy se fué a la calle sola.
Acuéstate, rezongona,
mañana, mañana será otro día...

Autor : Héctor Gagliardi.

Declamador : José Francisco Stanley.


Hoy, 18 de Junio, se celebró acá en México, el Día de Padre , por esa razón me permití tomar prestado éste poema, para felicitar afectuosamente a todos los padres en su día.
¡ Muchas Felicidades !

Sobre todo a tí, Papá, aunque no sé exactamente dónde vives y tampoco sé si leerás ésto...
Ojalá que estés bien y, ¡ Gracias !, por haber puesto en mis manos mi primer libro y mi primera cámara .
Gracias también por los buenos momentos vividos cuando estabas con nosotros.
Te deseo lo mejor en esa nueva etapa de tu vida.
Sinceramente :
Aquiles.

lunes, junio 12, 2006

Mirando al cielo...






Ella siempre supo que era diferente...
El espejo se lo decía todos los días...
El espejo, y todos los hombres que se encontraba en la calle.
Incluso algunas mujeres se lo dijeron también.

Era diferente porque era hermosa.
Realmente hermosa.
Su hermosura era tal, que era imposible que pasara inadvertida.

Su hermosura siempre resaltaba.
Su hermosura siempre la destacó.

Pero también la alejó de los demás.








Esa belleza y ese porte impactaban, impresionaban, intimidaban.
Siempre se rodeó de una barrera de autosuficiencia e indiferencia que, como si fueran espinas, la protegieron de los demás.
La apartaron de todos.
Y de todo.






Siempre estuvo sola.
Sola con su orgullo.
Sola con su altivez.
Sola con su indiferencia.
Sola con su belleza.

Siempre creyó ser mejor que cualquiera.
Siempre creyó ser más importante que cualquiera.
Siempre creyó merecer más que cualquiera.
Siempre se creyó fuera de lugar.
Siempre creyó que se iría de ahí, hacia una vida mejor.





Pero esa vida nunca llegó...

Ella siempre se quedó ahí.
Esperando....


Con su belleza.
Con su porte.
Con su indiferencia.
Con su elegancia.
Con su altivez.
Con todo eso...




Pero sola...

Y yo ahí.
Desde lejos.
Mirándola.
Admirándola.
Deseándola.
Rondándola...



Pasó el tiempo...
Intenté irme de ahí, a recorrer el mundo.
Para intentar ser alguien.
Para tratar de olvidarla.
Para alejarme de ella.
Para dejar de pensarla.


Pero fué en vano...



Todavía la pienso.
Todavía la sueño.
Todavía la añoro.
Todavía la deseo.


Y todavía la veo.

Bella.
Hermosa.
Pero sola.
Muy sola.

Con la mirada perdida,
como si esperara algo,
ó a alguien,
viendo sin ver,
pero mirando siempre,
siempre mirando,
mirando al cielo...












miércoles, junio 07, 2006

Autorretratos...

En la vida de todo autor, invariablemente, llega un momento en que decide que es tiempo de salir del anonimato, que es el momento de darse a conocer, que el pseudónimo ya no refleja con fidelidad su personalidad, su interpretación del mundo, su forma de ser, su declaración de identidad...
Es entonces cuando decide que es tiempo de mostrarse tal cual es, sin tapujos, sin disfraces, sin caretas, sin antifaces.
Su yo interno le dice, ¡ muéstrate !, ¡ ya es tiempo de que te conozcan !, ¡ debes hacerlo !.
Y yo no soy la excepción.
Mi voz interior me dijo que era el momento de dar la cara, de salir del escondite, de asomar la cabeza y decir, ¡aquí estoy !, ¡ ésto soy yo !, ¡éste soy yo !...
Y aquí estoy...
Ésto soy yo...
Éste soy yo...
Pero para mí no es tan fácil mostrarme tal cual soy.
¿ Por qué ?, muy simple...
No siempre soy el mismo, no siempre me comporto igual, no siempre reacciono de la misma manera.
Soy, he sido y seré un ser cambiante, adaptable y complicado, escéptico y curioso, apasionado y erótico...
Por eso decidí mostrar aquí los tres autorretratos que pueden resumir mi forma de ser...





Éste es el primero...
Aquí pueden ver la imagen que muestro todos los días, mi marca personal, la cara que muestro al mundo...
¿ Mal encarado ?, ¡ Sí !...
¿ Serio ? , ¡ un poco ! ...
¿ Mal genio ? , ¡ a veces !...
¿ Mala persona ? , ¡ creo ( y espero ) que no ! ...








Éste es el segundo...
Ésta es la cara que pongo cuando alguien me quiere impresionar o intimidar con historias de hazañas y logros inverosímiles, inalcanzables e inconcebibles.
Dicho de otra manera, es mi expresión de respuesta a la presunción, a la prepotencia y a la intolerancia.
Es mi expresión de : ¿ En serio ?, ¿ Todo eso pasó ?, ¿ Todo eso eres ?, ¿ Todo eso me puede pasar ?...






















Éste es el tercero... y el más importante...
El más importante porque es la cara que pongo cuando veo a una mujer que me gusta...
Es el autorretrato de la pasión, la excitación, la vehemencia, el deseo, el frenesí, el ardor, el delirio, la fogosidad, que se resumen en ésta expresión...
Ojos entornados...
Trompa parada esperando beso... y...
Mejilla preparada para recibir cachetada y/o puñetazo de derecha o izquierda, dependiendo de la psicomotricidad de la dama en turno...
¡ Slap !, ¡ Auch !....



Invariablemente el golpe llega...
La humillación y la verguenza también...
Ya me he acostumbrado a ello...



Dicen que todos tenemos un alma gemela, incluso los feos como yo...
Quisiera creerlo...
Y sigo esperando encontrarla...
Tal vez algún día la encuentre...
Ojalá.........................................................

viernes, mayo 26, 2006

Tres imágenes ...

Hoy fué un día extraño....
Caminaba por el centro de la ciudad, con la cámara al hombro, en busca de algo interesante que fotografiar, cuando la ví.
No era muy hermosa, no, pero tenía algo que me obligó a seguirla con la mirada, hasta que desapareció por la puerta de una casa antigua, de paredes blancas y ventanas adornadas con varias macetas llenas de flores de todos colores.
-¿ Vivirá ahí ?-, me pregunté.
Casi sin pensarlo, caminé hacia la puerta por donde ella había entrado y, al ver que estaba entreabierta, no pude evitar el deseo de asomarme esperando verla, así que lo hice, me asomé.
Y sí la ví, pero ella también me vió, así que, saqué la cabeza lo más rápido que pude, con tan mala suerte, que me dí un golpe tremendo en la sien izquierda, que me hizo ver estrellitas y caer de rodillas ahí mismo, en el quicio de la puerta donde hasta hacía unos segundos había estado husmeando.
Afortunadamente a mi cámara no le pasó nada, el golpe lo recibieron mi cabeza y mi ego, sobre todo éste último, ya que, para mayor verguenza, ella salió al ver lo que había pasado y, al verme hincado y aturdido, soltó una risita suave y cantarina como el arrullo de una paloma.
-¿ Estás bien ?-, me preguntó.
- Creo que sí, gracias - , contesté.
- Entonces ya puedes pararte, no era necesario que te hincaras, te hubiera perdonado igual -, me dijo entre risas, mientras yo sentía que mi cara ardía de verguenza y cambiaba de color.
- Lo siento -, fué lo único que se me ocurrió decir.
- No te preocupes, no importa, además, ya recibiste tu castigo, ¿ o no ? -, dijo, y volvió a reir.
- Bueno, me voy, ya hice el ridículo lo suficiente, por favor, acepta mis disculpas -, le dije mientras me sacudía el polvo de las rodillas.
- ¡ No ! - , me dijo, - No te vayas todavía, tengo curiosidad por saber por qué querías entrar aquí, no eres un ladrón, ¿ o sí ? -.
- ¡ Claro que no !-, contesté inmediatamente, - Y no quería entrar, solamente quería asomarme para ver si te veía, pero como ya te diste cuenta, todo se complicó-.
- ¿ Y por qué querías verme ?-, preguntó viéndome directamente a los ojos.
- Porque unos minutos antes pasaste por donde yo estaba y me pareciste interesante, así que te estuve viendo hasta que entraste aquí, me acerqué y lo demás ya lo sabes- , expliqué.
- O sea que... ¿ te gusté ?-. Me soltó la pregunta así, tal cual, directamente y con una sonrisa en los labios.
Una vez más sentí que la verguenza hacía su aparición, como si yo fuera un adolescente tímido e inseguro y no un viejo con treinta y siete años en las espaldas.
- Bueno, estee, sí -, dije con un tono de voz que sonó bastante más agudo de lo que hubiera querido.
- Es queee, déjame decirte - , continué diciendo, tratando de engrosar un poco la voz, - Verás, soy fotógrafo, a eso me dedico, y siempre estoy buscando algo ó alguien interesante a quien fotografiar, y al verte, imaginé cómo te verías en una de mis fotos y lo que en mi mente ví, me gustó, así que pensé en preguntarte si quisieras posar para mí, un día de éstos.
- Así que fotógrafo, ¿ y eres bueno en lo que haces ?-, una vez más soltó la pregunta sin titubear, sin temor a ofender ó a molestar, simplemente con la intención de saber la verdad, al menos así me parecía.
- Pues, hay quienes piensan que sí, pero también quienes opinan que no- , contesté, con toda la honestidad de que era capaz.
- Pero tú, ¿ qué piensas ?, ¿ eres buen fotógrafo ? -, insistió.
- Espero que sí -, le dije.
- No es lo que pregunté, pero bueno, así lo dejamos- , dijo, con un dejo de reproche.
- Mira - , dijo de pronto, - Acepto, pero no dispongo de mucho tiempo, así que, tendría que ser ahora mismo-.
- Por mí está bien - , le dije sin poder disimular mi entusiasmo, - aunque a ésta hora ( once y treinta de la mañana ) la luz es un poco dura.
- Por cierto, me llamo Aquiles - , me presenté, - ¿ Y tú ? - .
- Yo soy Paloma - , fué su respuesta, - Ahora dime, cómo quieres tomármelas, ¿ desnuda ? - .
De momento creí que estaba bromeando, ya que por lo general es bastante difícil conseguir a alguien que acepte posar desnuda, y mucho más difícil, que ella se ofrezca a hacerlo y más difícil aún, que lo haga en la primera sesión y sin conocer al fotógrafo, pero no, no estaba bromeando, lo decía totalmente en serio, así que, con cierto temor y bastante nervioso le dije que sí, que desnuda estaría bien.
Se quitó la ropa con calma y me dijo, - Como ya te había dicho, no dispongo de mucho tiempo, así que, solamente podrás tomarme tres fotografías, ¿ Te parece bien ?- .
Yo hubiera querido decirle que tres no eran suficientes, que su belleza pedía ser capturada en muchas más imágenes, que sentía que era mi deber robarle al tiempo muchos más que tres breves instantes en que su hermosura estaría expuesta sin reservas, para ser inmortalizada por mi cámara, pero solamente dije, - Sí, está bien - .
- Bueno, ¿ Dónde me pongo ? - preguntó con una sonrisa ligeramente coqueta.
Absorto como estaba en contemplarla, no había pensado en dónde colocarla para sacar las tres fotos que me había permitido. Creo que ella se dió cuenta de eso, así que me sugirió subirse al techo para ponerse junto a un pequeño arco que ahí estaba.
Yo lo ví y me pareció bien, la luz llegaba un poco fuerte, pero pareja y el arco proporcionaría cierta sombra que, bien aprovechada, ayudaría a dar profundidad a la imagen, además, tenía una buena textura, lo mismo que la pared que estaba debajo, así que le dije que el lugar estaba bien y se subió rápidamente para empezar la mini sesión.
Una vez arriba, se acomodó de tal forma que el pecho quedaba de frente a la cámara y la cara quedaba ligeramente oculta por la sombra que el arco proyectaba.
- ¿ Así estoy bien ? - , me gritó .
Yo observé por la pantalla de la cámara y la imagen se veía bastante bien, así que levanté la mano izquierda empuñada con el pulgar hacia arriba, para indicarle que todo estaba bien.
- ¿ Lista ?- , le grité, movió la cabeza indicándome que sí, - ¡ Ahí va ! - , ¡ Click !, - ¡ Listo ! - , grité, ahora mira, te vas a poner con la espalda...
- ¡ No !- , me gritó, - ¡ Me voy a quedar así ! - , - ¡ Toma la que sigue ! - .
- Pero... ¿ En la misma posición ? - , le pregunté extrañado.
- ¡ Sí ! - , me contestó.
- Pero si la primera salió bien, ¿ Para qué tomar dos iguales ? - volví a preguntar.
- ¡ No va a ser igual, confía en mí ! , ¿ Alguna vez has retratado al alma ? - , preguntó así como así.
- ¿ La quéééééé ? - , ahora sí pregunté exaltado, sin estar seguro de haber entendido bien.
- Tú toma tu segunda foto, que ya casi me voy- , me dijo con cierta deseperación.
Al ver el giro tan extraño que habían tomado las cosas, decidí seguirle la corriente, con la certeza de que a la pobre mujer le faltaba un tornillo... ó dos.
- ¡ Click ! , ¡ Listo ! - , grité, - ¡ Ya terminamos ! , ¡ Ya puedes bajar ! - .
- ¡ No ! , ¡ Todavía falta una ! - , gritó a su vez, - ¡ Tómala ! - .
Todo el entusiasmo que había tenido al principio de la aventura, había desaparecido, para dar paso ala decepción, así que, ya resignado, le dije...
- ¡ Ahí va ! , ¡ Click ! , ¡ Ahora sí, ya terminamos ! , ¡ Ya te puedes ir ! , ¡ Muchas Gracias ! .
- ¡ Por nada ! , me dijo, - Yo sé que estás decepcionado porque crees que tomaste tres fotos iguales, pero te aseguro que no fué así, en la primera, retrataste mi verdadero ser, en la segunda, captaste la mitad obscura de mi alma y, en la tercera, capturaste la mitad blanca y pura de esa misma alma.
Espero que después de verlas, comprendas que cuando fotografías a alguien, no sólo estás capturando su imagen, también estás atrapando un pedacito de su alma y su esencia. Ojalá que ésto te ayude en tu trabajo....
Yo estaba a cada momento más atónito y confundido por lo que estaba escuchando...
Dejé de verla un segundo, tal vez dos, para apagar la cámara y cuando volví la vista hacia arriba, ya no estaba ahí, así que me dispuse a esperar a que mi extraña modelo bajara del techo, pero pasaron varios minutos y nada, ni sus luces. ¿ Por qué tardará tanto ? , además, anda desnuda, su ropa se quedó acá abajo, ¿ ó no ?.
Caminé hasta el rincón donde ví que había dejado su ropa y no había nada, pero no podía habérsela llevado sin que yo la viera. Cada vez más nervioso, me puse a buscarla por todas partes, incluso subí al techo hasta el lugar donde se había acomodado para las fotos y nada, no la pude encontrar.
Salí de la casa pensando que tal vez el agua que había tomado hacía unas horas, estaba contaminada con alguna sustancia ó algo así, porque no encontraba otra explicación para lo que acababa de vivir.
Decidí sentarme en una banca de un parque cercano, para pensar con calma sobre todo ésto, cuando recordé las tres fotos, bueno, en realidad fueron cuatro, porque cuando la perdí de vista, tomé una al arco donde ella había estado posando.
Encendí la cámara y ajusté los controles para ver todas las fotos.
Al ver la primera, casi suelto la cámara de la impresión. Lo que estaba viendo no era precisamente lo que creí haber captado, bueno, sí, pero no, el lugar era el mismo, pero la modelo....
No puedo explicar lo que pasó, así que mejor les dejo aquí las imágenes para que puedan ver lo que yo ví...
Tres imágenes, la primera, casi era real, aunque a contraluz, la segunda, era la misma, pero obscura, aunque de una extraña belleza, la tercera, la misma también, aunque en tonos claros, casi blanca, pero lo más extraño era que, en donde se suponía estaría la modelo desnuda, estaba una paloma posando orgullosa, con el pecho erguido y mirando fijamente a la cámara.
La cuarta era la única que mostraba realmente el lugar donde había tomado las fotos, así era como yo lo ví cuando las tomé, entonces, ¿ Por qué las otras salieron tan distintas ?...
Ahora recuerdo, ella me dijo que era Paloma...
Y me dejó tomarle sólo tres fotografías porque no disponía de mucho tiempo...
Tres fotografías...
Tres fotos...
Tres...
Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja................................................................................